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domingo 20 de enero de 2019 - Edición Nº840
Sociedad

La historia del trabajador cartonero que encontró una salida con las lecciones del abuelo

10 ene - Su emprendimiento, denominado “La Huerta de Pringles”, se encuentra ubicado en la ciudad que está a 230 km de Necochea. Allí siembra decenas de variedades de verdura y fruta, mientras las escuelas hacen prácticas allí y escuchan su conocimiento.

En una entrevista realizada por el diario "El Orden" de Pringles, Yonatan Suarez contó que fue cartonero hasta los 17 años. Hace nueve años que decidió comenzar su propio emprendimiento y hoy tiene una huerta con la que produce variedades de verduras y frutas. Pero su ambición y esmero no finaliza con ello, sino que ya arrancó el secundario y espera recibirse para poder estudiar meteorología.

“Arranqué a los 17 años. No tenía trabajo, y se me ocurrió comenzar con una pequeña huerta, vendiendo verdura en el barrio. Probé un año y me fue de maravilla. Planté distintas variedades y resultó bien. Seguí probando y siempre para bien. La gente me iba conociendo de a poco, los medios de prensa comenzaron a hacerme notas, y así la gente se fue enterando de lo que estaba produciendo”, explica Yonatan.

Y continúa: “Hoy en día la gente se acostumbró a tener la Huerta, y viene muchísima gente. Lo bueno que tiene la huerta es que recibe a las escuelas, y se les da clase a los chicos. Vienen alumnos de la Escuela Agrotécnica, y escuelas rurales”, destacó el joven emprendedor.

Yonatan contó que todo lo que sabe de la huerta lo aprendió de su abuelo. “A lo largo de estos años fui aprendiendo otros métodos. Iba a capacitaciones que brindaba gente del ministerio de Desarrollo Social, y hoy tengo el conocimiento suficiente. Los chicos de la escuela Agrotécnica, vienen acá a rendir sus materias sobre la Huerta una vez al año, y se van contentos”.


El joven detalló además que su terreno tiene 30 x 50 metros, y que si bien es chico, espera poder ampliarlo de a poco. Para lograr ello ya está armando dos invernaderos, uno de verdura y otro de floricultura, en los cuales también dictará cursos para las escuelas de la zona. Quizás, más adelante, hasta ponga su propio negocio de venta de verduras en el centro de la ciudad.

“Arranqué con una pala, un rastrillo, horquilla y pala ancha… nada más. Todo lo hacía a la antigua, con una regadera de chapa, y por ahí, con un tarro de durazno agujereado y con un balde se regaba todo a mano. Pasaron ocho años, y la verdad que el cambio fue grande. Ahora hay todo un sistema de riego por goteo, los trasplantes no se hacen más con palitos, sino con unos carrillos que vienen especiales, está todo actualizado”, informó Yonatan.

El joven, que además dona parte de su producción al nosocomio local y al Hogar El Remanso, entre otras instituciones, finalizó: “Antes para trabajar la huerta, yo punteaba toda la tierra con pala, tardaba un mes y hoy en día lo hago en ocho horas con el motocultivador, que lo pude conseguir a través de un crédito en el banco, y con la misma huerta estoy pagando el crédito”.

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