lunes 09 de febrero de 2026 - Edición Nº3417

Opinión | 9 feb 2026

POLÍTICA, CIUDAD Y PATRIMONIO

El Casino cumple 53 años y expone el modelo de desarrollo que se discute en Necochea

11:19 |A 53 años de su inauguración, el complejo Casino llega a este aniversario en estado de ruina, con una subasta acelerada frenada por la Justicia y con un debate que excede al edificio: el modo en que se gobierna, se gestiona el patrimonio público y se define el desarrollo del distrito.


Por: Lucila Merzario

Una obra pensada para marcar una época

El 9 de febrero de 1973, Necochea inauguraba una de las obras más impactantes de su historia urbana: el complejo Casino. Aquella noche de verano, más de 5.000 personas asistieron al acto oficial encabezado por el entonces ministro de Bienestar Social de la Nación, Oscar Puiggrós. La primera bola giró en la ruleta de la mesa número 9 y el croupier anunció el resultado con voz firme: “Negro el 22”. El aplauso selló un momento que quedó grabado en la memoria colectiva.

No se inauguraba solo una sala de juegos. Se inauguraba una idea de ciudad.

El proyecto había comenzado años antes. El 12 de octubre de 1968 se colocó la piedra basal de una obra considerada de avanzada para la época y sin paralelo en América Latina. Diseñado por el arquitecto Roberto Quiroz, el complejo se desarrolló sobre un predio de 22 mil metros cuadrados frente al mar, con una intervención inédita sobre el paisaje costero: fue necesario remover un médano de 12 metros de altura y trasladar 90.000 metros cúbicos de arena.

La obra fue financiada por la Lotería de Beneficencia Nacional y Casinos y ejecutada por la empresa Seminara S.A. Desde su concepción, el Casino fue pensado como un emblema arquitectónico, urbano y social.


La postal de Necochea

La segunda etapa del proyecto se inauguró el 4 de enero de 1975 e incluyó el Teatro Auditorium con capacidad para 350 personas, una boite, pileta de natación, sauna, pista de patinaje, pedanas de bowling y otros espacios recreativos. El complejo dejó de ser solo una sala de juegos para convertirse en un verdadero centro social y cultural.

El impacto era inmediato. El público quedaba asombrado por la gran araña luminosa del acceso, con 300 potentes lamparitas, y por los interiores revestidos con mármol de Carrara y Verde Alpe, espejos, alfombras y múltiples arañas. El ingreso principal se realizaba a través de una galería comercial con locales, pisos de porcelana y una iluminación acorde al despliegue arquitectónico.

El Casino comenzó a atraer turistas de todo el país. Incluso quienes veraneaban en Mar del Plata se acercaban a Necochea para conocerlo. Así nació el mote que lo acompañó durante décadas: “la postal de Necochea”.


El deterioro que no fue casual

Revisando los archivos de Ecos Diarios, ya en 1978, apenas tres años después de la inauguración, aparecían las primeras críticas por la falta de mantenimiento. También se advertía que el aluminio utilizado para el recubrimiento de estructuras y barandas no era adecuado para un edificio expuesto permanentemente al ambiente marino.

El deterioro no fue abrupto ni inevitable. Fue progresivo, acumulativo y sostenido en el tiempo.

Tres incendios marcaron puntos de quiebre.


El primero ocurrió el 7 de febrero de 1978 y afectó la sala de juegos. Fue provocado por una chispa durante tareas de soldadura y pudo ser controlado rápidamente.
El segundo se produjo el 9 de agosto de 2001, cuando un cortocircuito destruyó el ala superior sur del complejo, incluida la zona de tragamonedas.
El tercero, el más devastador, ocurrió el 16 de agosto de 2020, cuando el Teatro Auditorium ardió por completo. Se calificó como intencional, pero nunca fue esclarecido.

Desde entonces, el edificio quedó definitivamente mutilado.


Del dominio municipal al abandono

En marzo de 1997, el complejo pasó al dominio de la Municipalidad tras un convenio firmado entre el intendente Julio Municoy y el Instituto Provincial de Loterías y Casinos. Hubo intentos de recuperación, especialmente en 2005, durante la gestión de Daniel Molina, cuando se realizaron arreglos y se relanzó el espacio. Fue el último intento serio.

En 2016 se extinguieron las últimas concesiones: locales comerciales, café, bowling y restaurante. Todo quedó cerrado y en avanzado estado de deterioro. El Casino entró en una etapa de abandono casi total.


La ruina como escenario político

Un dato resulta ineludible: desde el incendio del Auditorium, la gestión del intendente Arturo Rojas no impulsó un plan integral de recuperación del complejo. Durante seis años, el Casino permaneció cerrado, sin mantenimiento, sin resguardo patrimonial efectivo y sin un proyecto público conocido. Lo único que resistía era la sala de juegos, gracias a la labor incansable de sus trabajadores. 

El deterioro avanzó a la vista de todos. Y esa imagen de ruina comenzó a cumplir una función política.

Recién en el último tramo de la gestión municipal, el Casino fue resignificado desde el discurso oficial como una “oportunidad de desarrollo”. El viraje fue abrupto: durante años fue presentado como un problema heredado; de repente, pasó a ser la llave para destrabar el futuro económico del distrito.

Así, el desarrollo de Necochea comenzó a aparecer atado casi exclusivamente a una subasta exprés.


Subasta acelerada y emergencia inducida

El Ejecutivo impulsó una ordenanza de subasta aprobada en tiempo récord, presionando para su sanción antes del recambio del Concejo Deliberante. Cuando la nueva composición del HCD introdujo modificaciones para exigir mayor transparencia, el intendente vetó la norma.

La lógica fue clara: exhibir el deterioro como irreversible para legitimar una solución extraordinaria. La emergencia —construida sobre años de inacción— se convirtió en argumento central. No hubo proyecto urbano concreto, no se presentaron indicadores urbanísticos claros ni se promovieron instancias reales de participación ciudadana.


El freno judicial y el debate que se abrió

El proceso se detuvo cuando un grupo de vecinos presentó un recurso de amparo. El juez en lo Contencioso Administrativo Carlos Herrera dictó una medida cautelar al detectar graves omisiones: la falta de un estudio de impacto ambiental con participación ciudadana y la no intervención de la Comisión de Patrimonio, exigida por ordenanza vigente.

La representante visible del reclamo fue la ingeniera Susana Laborde, quien aclaró públicamente que el planteo no es contra la venta, sino a favor del cumplimiento de la ley y la transparencia. “Si la comunidad decide vender, debe hacerse con todos los trámites y estudios correspondientes”, sostuvo.


Patrimonio, memoria y futuro

El Casino de Necochea no es un edificio muerto. Es un edificio herido. Acumula memoria material, social, política y afectiva. Su estado actual no es producto del paso del tiempo, sino de decisiones y omisiones humanas y políticas.

Hoy se lo presenta como “irrecuperable”. Pero antes de subastarlo conviene recordar quiénes permitieron que se convirtiera en ruinas. El terreno donde se erige es patrimonio público, independientemente de su estado.

A los 53 años, el Casino expone una discusión central para Necochea: si el desarrollo se construye desde la planificación, el cuidado del patrimonio y la participación ciudadana, o desde la ruina convertida en argumento.

El aniversario no cierra una historia. La deja abierta. Y obliga a decidir qué ciudad se quiere construir sobre sus propias huellas.

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