
La endometriosis se produce cuando tejido similar al endometrial —que normalmente recubre el interior del útero— crece fuera de la cavidad uterina, principalmente en la cavidad pélvica. Esta situación puede provocar inflamación persistente, dolor pélvico y dificultades reproductivas, además de impactar significativamente en la calidad de vida.
Las manifestaciones clínicas son muy variables. Algunas mujeres no presentan síntomas, mientras que otras pueden sufrir dolor pélvico intenso, menstruaciones dolorosas (dismenorrea), dolor durante las relaciones sexuales y molestias crónicas.
Uno de los principales temas asociados a esta patología es su impacto en la fertilidad. De acuerdo con estudios recientes, entre el 30% y el 50% de las mujeres con endometriosis presentan dificultades para lograr un embarazo de manera natural.
Sin embargo, los especialistas destacan que entre el 50% y el 70% de las pacientes pueden quedar embarazadas espontáneamente, dependiendo de factores como la edad, el grado de la enfermedad y el compromiso de órganos reproductivos como las trompas de Falopio o los ovarios.
Cuando el embarazo natural no es posible, las técnicas de reproducción asistida —como la inseminación artificial o la fecundación in vitro— ofrecen alternativas terapéuticas eficaces.
La evidencia científica reciente también pone el foco en la importancia de detectar la enfermedad en etapas tempranas para evitar su progresión.
“Si bien no todas las mujeres con esta patología presentan infertilidad, el diagnóstico tardío y la progresión pueden comprometer la reserva ovárica y la función reproductiva. Detectar la enfermedad en etapas tempranas permite iniciar tratamientos que controlen su avance y planificar estrategias reproductivas acordes a cada etapa de la vida”, explicó la Dra. Florencia Gauthier, médica especialista en ginecología.
Entre los tratamientos disponibles, los especialistas destacan el uso de progestágenos, que ayudan a reducir el efecto de los estrógenos y limitar el crecimiento del tejido endometrial fuera del útero, disminuyendo la inflamación y el dolor característicos de la enfermedad.
En los últimos años también se produjo un cambio importante en la forma de diagnosticar la endometriosis. Durante décadas, la laparoscopía era considerada el método principal para confirmar la enfermedad.
Hoy, en cambio, las guías clínicas internacionales promueven un modelo diagnóstico más temprano, clínico y menos invasivo, basado en la historia clínica, el examen físico y el uso de estudios por imágenes como la ecografía transvaginal con protocolos específicos o la resonancia magnética.
Este enfoque permite reducir intervenciones quirúrgicas innecesarias, acortar los tiempos de diagnóstico y ofrecer tratamientos más personalizados.
“El diagnóstico de la endometriosis ha evolucionado hacia un modelo más temprano, menos invasivo y centrado en la paciente”, señaló la Dra. Gauthier.
En el marco del Día Mundial de la Endometriosis, distintas organizaciones médicas impulsan campañas para visibilizar la enfermedad y promover la consulta temprana.
Una de ellas es la iniciativa “Si te detiene, puede ser Endometriosis”, que busca transmitir un mensaje clave: el dolor menstrual intenso no debe normalizarse.
La campaña cuenta con el respaldo de la Sociedad Argentina de Endometriosis, que trabaja activamente para mejorar la calidad de vida de las pacientes y fomentar un mayor conocimiento sobre esta enfermedad.
“Resulta prioritario comunicar con claridad que el dolor no es normal y debe ser evaluado. La consulta oportuna con un médico o ginecólogo especializado permite avanzar hacia un diagnóstico temprano y definir estrategias de manejo que mejoren la calidad de vida”, destacó Matías Jofré, presidente de la Sociedad Argentina de Endometriosis.
Los especialistas coinciden en que informar, visibilizar la enfermedad y promover el diagnóstico temprano son claves para mejorar el tratamiento y la calidad de vida de millones de mujeres que conviven con esta patología.