María Takara de Oshiro, histórica integrante de Madres de Plaza de Mayo, falleció a los 95 años tras una vida marcada por la lucha en defensa de los derechos humanos y la búsqueda de su hijo desaparecido durante la última dictadura cívico-militar.
La noticia se conoció en la previa de un nuevo aniversario del 24 de marzo, fecha en la que se conmemora el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, a 50 años del golpe de Estado de 1976.
Takara de Oshiro fue madre de Jorge Eduardo Oshiro, secuestrado el 10 de noviembre de 1976 en Villa Ballester, cuando tenía 18 años. Desde entonces, inició una búsqueda que se extendió durante casi cinco décadas, convirtiéndose en un símbolo de perseverancia frente al terrorismo de Estado.
Su hijo fue uno de los 17 detenidos-desaparecidos de origen japonés en la Argentina, lo que la posicionó además como una referente dentro de la comunidad nikkei.

En ese marco, su historia también se inscribe en la memoria de la comunidad nikkei —descendientes de japoneses en Argentina—, que tuvo al menos 17 personas detenidas-desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar. Se trata de una parte poco visibilizada del terrorismo de Estado, reconstruida a partir de investigaciones y del trabajo de familiares que lograron recuperar esas historias como memorias que durante años permanecieron en silencio dentro de la propia colectividad.
En muchos casos, se trataba de jóvenes de segunda generación, plenamente integrados a la sociedad argentina, que participaron en ámbitos políticos, sociales o estudiantiles, lo que los convirtió en blanco de la represión. Con el paso del tiempo, familiares y organizaciones comenzaron a visibilizar estos casos y a incorporarlos al reclamo colectivo de Memoria, Verdad y Justicia.
A lo largo de su vida, Takara de Oshiro sostuvo una lucha constante junto a otras madres, contribuyendo a mantener viva la memoria colectiva y el reclamo de justicia. Su incorporación formal a las rondas de Madres de Plaza de Mayo se concretó en 2018, cuando recibió el tradicional pañuelo blanco, símbolo de la organización.
Diversos organismos de derechos humanos despidieron a Takara de Oshiro y destacaron su compromiso con la memoria, la verdad y la justicia, valores que marcaron su trayectoria y que forman parte del legado de las Madres de Plaza de Mayo.
Su historia refleja el impacto del terrorismo de Estado en las familias argentinas y el rol fundamental de las Madres en la construcción de memoria y en la defensa de los derechos humanos en el país.