
Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), la cifra representa una baja interanual del 2,5% y se ubica muy por debajo de los 62,2 kilos registrados en 2005 y de los casi 70 kilos alcanzados en 2008.
La caída del consumo no logró frenar los aumentos. Entre noviembre y febrero, el precio de la carne subió un 27,6%, muy por encima de la inflación general.
En el primer bimestre de 2026, los cortes registraron incrementos cercanos al 12% en mostrador, mientras que en febrero el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se ubicó en 2,9%, según datos del INDEC.
El presidente de CICCRA, Miguel Schiariti, explicó que la caída del consumo responde principalmente a factores económicos.
“El consumo más bajo es de carne vacuna”, señaló, y agregó:
“Esto ocurre primero por el poder adquisitivo de la gente y la pérdida de poder adquisitivo de los últimos años”.
En ese contexto, otras carnes comenzaron a ganar terreno en la dieta de los argentinos.
“Un pollo necesita 105 días […] un cerdo 180 días […] y un vacuno demora 15 meses para estar listo”, explicó, al detallar las diferencias productivas que impactan en los precios finales.
Además, descartó el uso de hormonas en la producción aviar:
“En la Argentina no se usa hormona en el pollo […] no hay aceleradores de crecimiento, están prohibidos por el Senasa”.
El informe también advierte una caída en la producción. En febrero de 2026, la faena vacuna fue de 924.300 cabezas, un 10,7% menor que en el mismo mes del año anterior y uno de los niveles más bajos en 47 años.
A esto se suma el impacto de factores climáticos como sequías e inundaciones, que redujeron el stock ganadero.
“En estos 3 años se achicó el 6% del stock ganadero”, indicó Schiariti, al referirse a la menor disponibilidad de animales.
En paralelo, el mercado interno perdió peso dentro del esquema productivo. Mientras históricamente explicaba más del 90% del destino de la producción, en los últimos años cayó al 68%.
En contraste, las exportaciones crecieron en volumen y facturación, impulsadas por precios internacionales más altos.
El panorama no muestra una salida inmediata. Incluso una eventual recomposición del stock podría sostener la presión sobre los precios en el corto plazo, debido a la reducción de la oferta disponible.
En este contexto, la carne refleja varias tensiones de la economía actual: menor consumo, precios en alza y un impacto cada vez más fuerte en el bolsillo de la población.