sábado 11 de julio de 2020 - Edición Nº1378

Política | 23 ene 2020

Opinión ¿Qué se puede hacer con el casino?

El economista Maxi Cantoni expresó sus ideas para NdeN. Plantea el “derecho a la ciudad” para "recuperar los espacios urbanos y romper, aunque sea parcialmente y en espacios puntuales, con la dinámica impuesta por los comportamientos mercantiles presentes hoy en día".


Pequeño aporte para pensar el futuro del Complejo Casino de Necochea

 Maxi Cantoni* 

 

¿Cuál es la dirección en la que va el progreso y el desarrollo de la ciudad? ¿Quién define el rumbo que se toma? ¿Se respeta el interés general? Todas las decisiones que se toman tienen un claro efecto sobre el territorio y el espacio. Ejemplos recientes como la demolición del Espigón, la construcción del parador gastronómico en el puerto y la consecuencia de aumentar 100 metros de playa para utilización de vehículos muestran la alta cuota de arbitrariedad y lo falto de consenso en este “progreso”. Otra muestra es el continuado y exasperante estado de abandono que sufre el Complejo Casino de Necochea. 

Los espacios públicos hacen a la ciudad, son áreas centrales para su existencia, lugares de uso común, compartidos, de encuentro, donde se habilita la vida social, la relación, la convivencia y, por supuesto, el conflicto con el otro. En los últimos tiempos existe un fenómeno global donde las fuerzas del mercado y sus operadores pusieron el interés en estos espacios públicos y comunes para el uso individual y el objeto de ganancias particulares. Estamos en presencia de una crisis del espacio público, con una pérdida de la calidad por efecto de procesos de abandono, deterioro, privatización y segregación de usuarios, un avance a la disolución de lo urbano como lugar de encuentro y de intercambio. Por lo cual, lo que pasa con el Complejo Casino de Necochea no es más que una muestra de un fenómeno global.

El Complejo no es solo un espacio público, sino que en él se desarrollan actividades como la de esparcimiento y recreación que pueden ser definidas como servicios públicos urbanos, definidas como construcciones, infraestructura, equipamientos que hacen "útil" la ciudad para cada familia o empresa que lo “usa”.
De todo esto se desprende la importancia de conservar el lugar como un espacio público común, con su perdida las ciudades se tornan más excluyentes, donde el acceso a los espacios se mide por la capacidad monetaria, una lógica mercantil de pagar para consumir y estar, moldeándo un perfil exclusivo a determinadas condiciones socioeconómicas.

¿Qué se puede proponer para dicho espacio?
El estado actual de abandono del complejo es la invitación más que segura para desprenderse del mismo porque queda demostrado que en manos del Estado es inviable, abriendo de par en par las puertas para su privatización y mercantilización, una disputa con fines claramente comerciales e inmobiliarios. Viene como anillo al dedo las expresiones de Boller cuando dice que “una alianza de corporaciones, políticos, promotores inmobiliarios, arquitectos y planificadores profesionales está apoderándose de espacios públicos como plazas, parques, paseos, recintos deportivos e incluso la propia imagen e identidad de las urbes. «Desarrollo» y «progreso» son las consignas (o, para ser más precisos, los eslóganes) de la supremacía de las necesidades corporativas y de la expansión del mercado sobre todo lo demás.”

¿Es la única salida? Sostenemos que de ninguna manera. La ciudad se puede pensar y construir como un espacio colectivo que pertenece a todos/as sus habitantes, a todos/as aquellos/as que tienen derecho a encontrar en ella las condiciones para su realización social, económica, política y ecológica, al mismo tiempo que asumen deberes de solidaridad. Reivindicar el derecho de acceso y uso de los mismos y crear otros nuevos valorando los derechos humanos y necesidades sociales fundamentales. En resumen, plantear el “derecho a la ciudad” para recuperar los espacios urbanos y romper, aunque sea parcialmente y en espacios puntuales, con la dinámica impuesta por los comportamientos mercantiles presentes hoy en día.

No existe la necesidad de privatizarlos, tampoco existe la de un férreo control del Estado. Se lo puede considerar un bien común donde la comunidad mediante una gestión colectiva autoorganizada y autogobernada logre revitalizar el espacio, con la participación de todos/as con interés en el Complejo, tanto público como privados, donde seguramente existirá conflicto de intereses y puja de poder, pero donde se escuchen las voces de todos/as y sea un ámbito democrático y participativo.

¿Qué características puede tomar el Nuevo Complejo? No hay que desconocer que en las ciudades se reflejan los cambios económicos, políticos y sociales que suceden en general en una sociedad, por lo cual los espacios públicos se deben ir construyendo y amoldando, adaptando su finalidad y sentido a dichos cambios. La cuestión de conservar un espacio público con características que no responden a los cambios acaecidos es destinarlo a la posible obsolescencia o fracaso. Por otro lado, tampoco es menester el cambio siguiendo la moda o la nueva oportunidad a riesgo de perder la identidad y sentido del espacio público y de la ciudad.
Desde este espacio tenemos como propuesta (incipiente, a construir y profundizar) intentar una refuncionalización al complejo construyendo un polo educativo – deportivo - cultural sin perder el carácter común y de libre acceso, potenciarlo y preservarlo desde una lógica democrática y comunitaria. Construir una administración colectiva, donde la comunidad local, los ciudadanos y las ciudadanas autogestionen el espacio con la regulación de los poderes públicos que garanticen su existencia y protección. Donde impere el interés general y donde se potencie el espacio público común y el servicio urbano que se fue perdiendo.
Un principio que consideramos fundante para esta propuesta es el derecho ciudadano de contar con espacios públicos que tengan un uso prioritario social, espacios vitales donde cada habitante y visitante pueda disponer de manera incondicional, donde la prioridad no sea la actividad mercantil que pueda restringir sus usos. Dicha actividad se puede permitir pero siempre condicionada a que no implique restricciones al derecho básico de espacio público común.

En la actualidad el Complejo Casino de Necochea corre riesgo inminente de la pérdida del sentido común. Como usuarios del mismo fuimos desapropiándonos de su uso y, poco a poco, vamos dejamos de desarrollar actividades en el lugar. Así crece el intento (siempre presente) de dominación del espacio por parte de intereses mercantiles. Lo que se busca con esta propuesta es emprender el proceso inverso, reapropiarnos de él, no bajo la acepción de adueñarse del mismo sino la de volverlo propio de la comunidad. Que la apropiación prevalezca sobre la dominación, puesto que el espacio apropiado por excelencia, según Lefebvre, es “el espacio del placer”.

* Cantoni es Economista. Estudió en la Universidad Nacional de La Plata | UNLP y forma parte en Necochea del espacio Metamorfosis Urbana. Actualmente realiza la Maestría en desarrollo territorial y urbano en la Universidad Nacional de quilmes

 

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