miércoles 27 de mayo de 2020 - Edición Nº1333

Política | 28 mar 2020

Cali Del Prado: "Se viene Abril, el mes de la pesadilla"

Desde NdeN seguimos sintiendo las voces que se expresan por el aniversario del golpe de estado. Anibal "Cali" Del Prado es un exbancario jubilado de nuestra ciudad, que sufrió en carne propia las garras del secuestro, tortura y es un sobreviviente. Expresó sus sentires en un nuevo aniversario y discute, en esta nota, sobre las teorías que explican que hubo una guerra entre dos bandos.


La madrugada aquella, al principio de abril de 1976, como

todo terrorista marxista leninista que se precie, estaba

durmiendo en la casa de mi vieja.

Preocupado, pero con la estúpida idea que teníamos varios en aquel momento…” Acá no va a pasar nada”…como en golpes de estado anteriores, pensábamos que en Necochea no iba a ocurrir nada grave.

Varios habíamos vuelto hacía poco de ciudades picantes en materia de represión (en mi caso de La Plata), de andar a los tumbos de casa en casa, a veces sin tener donde meternos o durmiendo un poco en la trasnoche de algún cine o haciendo guardias en los locales partidarios, cosa que se acostumbraba en esa época.

Mal dormidos, mal comidos, histéricos…la tranquilidad del pago chico y la comida de la vieja nos traicionó. Por lo menos a mí. No me tendría que haber pasado si hubiera hecho lo que tenía que hacer antes del 24. Rajar, perderme de vista…

Es obvio, pero no está de más decirlo: como muchos otros, subestimé lo que se venía.

Ya teníamos la experiencia de compañeros de otros grupos, como el gordo Jesús, que se lo habían llevado antes del golpe, o de otros compañeros que habían sido detenidos y liberados en pocos días, pero seguíamos pensando que “en este pueblo no pasa nada”.

Los golpes en la puerta y el grito de “¡Abran… Policía y Ejército!“ me hicieron cambiar bruscamente de idea.

Carajo, sí pasaba.

Fui hasta la puerta, en calzoncillos, asustado, abrí y un tipo con uniforme del Ejército (Después supe que era Toccalino ) me puso un FAL en el pecho y me preguntó, a los gritos:

¿Vos sos el Cali del Prado?

Si fuera un artista, podría decirse que la fama me abrumó en ese momento...

No terminé de decir Si, que un tropel de gente uniformada se me abalanzó y me entraron a dar patadas y trompadas con un entusiasmo bárbaro, seguramente producto de la obediencia debida, que en ese momento era, más que debida, obediencia disfrutada por los muchachos.

Al cabo de los años, en los juicios, todos fueron mansos corderitos obligados a obedecer.

Nuestro estimado vecino Bicarell, es uno de ellos. En el juicio lagrimeaba porque “se vio obligado”, el muy cagón…

Había soldados y policías en cantidad. Entraron como 30 a la casa: había en la vereda, en la vereda de enfrente, arriba del techo, las dos esquinas cortadas, camionetas, un camión… un despliegue importante.

Claro, a mí me parecía que había un griterío tremendo, pero se ve que fueron muy silenciosos, al punto tal que ningún vecino escuchó nada.

Mi vieja se quedó sola, con las ventanas y puertas abiertas y las luces prendidas, hasta que se hizo de día, pero ningún vecino vio nada.

Ahí aprendí que las buenas gentes, “los que no andan en cosas raras”, tienen el sueño profundo.

Pusieron la casa patas arriba, robaron plata, rompieron discos, posters, sacaron libros, ropa, volcaron los tarros y frascos que había en la cocina, rompieron lo que se les cruzó. Eran oficiales, colimbas (algunos más asustados que yo) y gente de la Comisaría Centro.

Desde mi casa fuimos a buscar a Tito Díaz, viejo militante del PC, candidato a preso en todos los golpes de estado y después a Perico Azcoiti.

Fuimos a la Comisaría Centro y alrededor del mediodía nos llevaron en una camioneta del Ejército a la Comisaría Cuarta de Mar del Plata, lugar que desde antes del 24 de marzo era utilizado como centro clandestino de detención.

Ahí comenzó el infierno.

Pero esa es otra historia que, 44 años después, todavía no me da para el humor.

Hasta acá llegué con la joda...

Por estos días me resulta imposible no recordar, pero lo que me hace mal no es el recuerdo.

En definitiva, casos como éste se pueden multiplicar por miles, no tienen nada particular…

Lo que me parece horroroso es que 44 años después, todavía hay que discutir con ciertas personas, algunas con militancia e historia, en algún caso honrosa, en otro más bien vergonzosa, sobre si fue o no fue “una guerra”, si hubo “dos aparatos enfrentados y los demás fuimos víctimas”, si la presencia de la guerrilla “justificaba el golpe”, si “no fueron 30.000” o si se cuenta la “historia completa”.

Hay mil argumentos para demostrar que la dictadura militar tuvo objetivos que iban mucho más allá del exterminio de la guerrilla.

Que el proyecto era la reconfiguración del país (y lo lograron) a partir de liquidar al sujeto político que podía impulsar los cambios, la clase obrera organizada, sindicalizada.

No es por casualidad que en la noche del 23 y la mañana del 24 de marzo, fuerzas militares ocuparan los principales centros fabriles del país (sobre todo Córdoba y el gran Buenos Aires) y se detuviera/secuestrara a comisiones internas enteras en las primeras horas del golpe.

El tumor a extirpar estaba ahí, en el seno de la clase trabajadora.

En cuanto a la “guerra”, basta mirar algunos números, ya que a algunos los preocupan tanto:

Son números de la CONADEP, por lo tanto, muy incompletos, pero sirven de orientación:

  • Entre obreros y empleados son casi el 50% de los desaparecidos.
  • El 62 % fue detenido en su domicilio y ante testigos.
  • El 25 % fue detenido en la vía pública.
  • El 8% fue detenido en su lugar de trabajo

Desde 1969 (surgimiento de la guerrilla) hasta diciembre de 1976 (cuando las FFAA dijeron que estaba la subversión liquidada) las fuerzas de seguridad (Ejercito, Marina, FA, policías provinciales, policía federal, gendarmería y prefectura) tuvieron 897 bajas.

El “otro bando” cuenta 30.000 desaparecidos (si no les gusta el número, pongan el que quieran), alrededor de 100.000 presos, miles de exiliados, miles de cesanteados de sus trabajos, 500 chicos apropiados, universidades intervenidas, partidos políticos proscriptos, sindicatos intervenidos y perseguidos, artistas censurados, quema de libros, prohibición de libros y películas y seguro me olvido de algo.

Con seriedad y honestidad intelectual, ¿alguien puede negar que son números y datos rarísimos para una “guerra”?

¿No huele mucho más a un plan salvaje de represión contra todo el movimiento popular?

Los documentos desclasificados de la CIA mencionan el informe producido por el Ejército en 1978, el que señala 22.000 víctimas de la represión, hasta el inicio del Mundial.

Quedaban todavía 5 años de dictadura. No jodan más con los números. No jodan más con Meijide ni con algún otro personaje que cambió de vereda.

Los 30.000 es un número aproximado, capaz que fueron 28.000 o capaz que fueron 32.000.

Los únicos que lo saben con exactitud son los “ desaparecedores”.

LOS UNICOS QUE TIENEN EL NUMERO PRECISO SON LOS ASESINOS.

Ellos saben cuántos, quiénes, dónde…lo saben y mantienen los pactos de silencio. Son datos que se llevarán a la tumba y que, lamentablemente, forman parte de mucha información que todavía está en poder de las Fuerzas Armadas.

Hacer el eje de cualquier discusión en la precisión de los números es una canallada de los que impulsan el negacionismo .

Una más...

Hoy, parecería ser que, gracias a la pandemia todos seremos mejores, la sociedad se va a reconciliar, seremos felices y comeremos perdices.

No. Las propuestas de reencuentro o de reconciliación ignoran la necesidad de algunos pasos previos, prolijamente ignorados por procesistas y su numerosa hinchada.

No hay reconciliación si antes no hay verdad y reconocimiento de las responsabilidades.

... si no nos dicen qué hicieron y dónde están nuestros compañeros.

No hay reconciliación si antes no hay pedido de perdón.

No hay reconciliación si antes no hay verdad y justicia.

Y que no nos vengan con la muy pedorra acusación de “antimilitarismo” o de “venganza”.

Si algo hemos dejado claro en los últimos 40 años, es que no hay ánimo de venganza ni de justicia por mano propia.
 

 

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