miércoles 30 de septiembre de 2020 - Edición Nº1459

Sociedad | 3 nov 2016

Edgar y Amilcar, los hermanos Fuentes

En una nota exclusiva para NdeN, el periodista plasma en algunos párrafos una investigación llevada a cabo sobre el secuestro y desaparición de los jóvenes oriundos de Claraz durante la última dictadura militar. Primera parte.


Por:
Nicolás Salas

Edgardo Aurelio (“Edgard” “pingüino” o “yogui”) y Amilcar Severo (“Milco”) eran los hermanos Fuentes. Nacidos en Claraz, terminaron sus estudios secundarios y se fueron a vivir a Mar del Plata donde se acercaron a las ideas de cambio, de revolución. Fueron detenidos desaparecidos por los grupos de tareas que operaban en el país. El próximo sábado, H.I.J.O.S Necochea y la Comisión por la Memoria Militante inaugurarán un Espacio de la Memoria en su pueblo natal para homenajearlos y recordar el ejemplo que supieron construir en tan pocos años de vida.

La intención de esta nota es reconstruir, con permeabilidad a errores en datos e información secundaria, la historia de vida de ambos hermanos. Para ello, me he entrevistado con una decena de amigos de los Fuentes y con testigos de muchos de los sucesos que más adelante se mencionan. Entre los objetivos se encuentra la necesidad de recuperar, para la Ciudad, la identidad de lo que somos y fuimos, sumándole la exigencia inclaudicable de Justicia por ambos hermanos, ya que hasta el momento, ninguno de los responsables militares y civiles de su desaparición han sido juzgados.

Edgardo: ¿Quién era el Pingüino?

El “pingüino” nació un 31 de enero de 1954. Concluyó sus estudios secundarios en el Colegio San José de Tandil. De allí y, sin escalas, se anotó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde empezó a conocer y vincularse con los ideales de la “patria socialista”. Tiempo después se integró a militar en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), una de las expresiones juveniles de Montoneros. 

“Era calentón, un día salía de un bar en el club Defensores de Fernández y un par de tipos le dijeron algo a su novia, se dio vuelta y se quiso cagar a trompadas con todos. Obviamente no pudo y terminó todo moretoneado”, nos cuenta uno de sus amigos de la adolescencia, destacando el coraje que lo caracterizaba. "Mezclaba valentía con mucha nobleza", agrega. 

“Era un morocho buen mozo. Tenía devoción por su sobrina y su prima, y obviamente por su hermano”, lo describe Cristina, una de sus amigas entrañables. 

Su militancia diaria en la JUP empezó a sufrir varios problemas a partir de la persecución y el hostigamiento realizado por bandas paramilitares que empezaban a operar durante el gobierno de Juan Domingo Perón y Estela Martínez de Perón. En Mar del Plata, la represión paraestatal tenía un peso específico: era llevada a cabo por la Concertación Nacional Universitaria (CNU), la cual tomó dimensiones mediáticas a partir del asesinato de Silvia Filler en 1971 durante una asamblea en el aula Magna de la Facultad de Arquitectura. 

Para mantener sus estudios, Edgardo trabajaba en la conserjería del Hotel República, ubicado en las calles Córdoba y Belgrano de dicha ciudad balnearia.

¿Quién era Milco?

Milco era un pibe cuando se lo llevaron, tenía 18 años. Había hecho la primaria en la escuela N° 16 de Claraz y la secundaria en el Instituto Excelsior de Juan N. Fernández. Había seguido los pasos de su hermano, a quien admiraba denodadamente, y una vez terminados los estudios en su ciudad incursionó en la Facultad de Arquitectura.

Ya en Mar del Plata vivía con su hermano en una pieza, a la que se accedía por una terraza, después de transitar varios escalones. Solía frecuentar algunos bares ubicados en 12 de octubre y Acha. Su entretenimiento no era solo la dispersión.

“Hablaba con mucha gente. (En esos bares) había trabajadores portuarios, pescadores. Íbamos a esos bares del puerto, él se olvidaba de que no estaba en la facultad y le hablaba a la gente lo que era la política, y la gente lo escuchaba. Eran gente grande”, nos comenta Tito, su mejor amigo. 

Las noches no solo las disfrutaba en Mar del Plata; en Claraz, Fernández y Lobería solía girar por bares con varios acompañantes. 

“Íbamos en un colectivo, llevaba a la gente a la cantina, veníamos todos re en pedo; Milco se agarra del palo y se fue para abajo. Pensé que lo había pasado por arriba, paramos y lo vimos atrás sacudiéndose. Habíamos ido a Lobería (Fray Mocho)”, relata Tito respecto a una de las tantas anécdotas que rememoraban cuando se veían y no dejaba de generarles risa.

El cambio de la situación política y la situación de los hermanos

Más allá que antes del golpe militar los grupos de tareas (como la CNU o la Triple A) ya funcionaban en el país, lo cierto es que a partir del 24 de marzo de 1976 la situación represiva se incrementó masivamente a lo largo y ancho del territorio nacional. Mar del Plata no fue la excepción.

Tanto el Pingüino como Milco fueron de los tantos militantes que debieron afrontar la encarnizada persecución impulsada desde el estado. En dicha Ciudad, el Gada 601 era un epicentro de la logística militar.

"Ya durante el año 75 no se salía mucho de noche a boludear, a veces un par de parejas podíamos ir a alguna pizzería o un café pero evitábamos lugares muy frecuentados, nos reuníamos en la casa o departamento de alguno que conociéramos el lugar, sino ni eso", comenta Luis, uno de los amigos que "el pinguino" hizo en la Facultad de Arquitectura de Mar del Plata.

Los desaparecidos y la represión empezaban a azotar al grueso de la militancia, por lo que los hermanos Fuentes decidieron irse de la ciudad; el más chico fue a replegarse a su pueblo natal, mientras que el más grande se dirigió rumbo a La Plata.

Los días previos a la desaparición de Milco

El menor de los Fuentes vuelve para Claraz en vías de resguardarse de la represión, que no era tan extensiva en el pueblo. Llegó entre el 18 y 19 de octubre de 1976. Estuvo entre 5 o 6 días oculto en la estación de servicio donde trabajaba su amigo Tito. 

La situación era tranquila en la zona, cuestión que le permitió salir algunas noches a comer o tomar algo. De hecho, el día anterior a que lo secuestraran de su propia casa, Milco había estado comiendo en la pizzería de “Rodríguez en Fernández”. De todas formas, esa noche del 25 de octubre, y pese a los regaños de Tito, Milco insistió en ir a dormir a su casa.

Al otro día un operativo militar sorprende a Fernández y Claraz. Camiones del ejercito circulan los pueblos guiados por quien sería el principal referente de la represión en la región.

“Venía caminando por el costado de la ruta y me paran los militares que venían en camiones. Me preguntaron donde era la casa de los hermanos Fuentes. Ellos vivían frente a mi casa. Les dije que para qué y me dijeron que si no les daba información los iba a tener que acompañar. Al final les dije el lugar. En el operativo estaba presente (Héctor) Bicarelli”, señalaba en su momento el ya fallecido  Loyola*, exdelegado del Pueblo .

Tito estaba en Fernández y cuando escuchó los rumores del operativo militar en Claraz, agarró la camioneta del trabajo y se fue de inmediato al pueblo contiguo. Al llegar vio la casa rodeada por el cerco militar que imposibilitó a Milco huir de la represión.

“Cuando se lo llevaron se reía, se puso el saco y se reía.  Yo no estaba, fui cuando me enteré que habían idos los milicos. Fui con la camioneta y cuando llegue a la esquina estaba toda la manzana rodeada. Cuando vi que se lo llevaban, salí como loco a esconder la carabina que estaba en la estación de servicio. No teníamos experiencia de nada. Todos vieron que se reía y saludaba a todos. El padre justo salía para Fernández, y Milco le dijo ´anda, anda que yo ahora vuelvo´. Se robaron todo en la casa. Se llevaron todas las fotos”, agrega Tito.

Milco tenía 18 años y miles de sueños cuando se lo llevaron. La noche anterior a que los militares del Gada 601 de Mar del Plata lo secuestraran, entre copas y pizzas, el menor de los Fuentes entonó el tango de uno de sus artistas preferidos, Julio Sosa:

 

Recordándote

 

Amargado por el opio que me diste tan fulero,

francamente, estoy cabrero y jamás olvidaré

que una noche embalurdado, te juré que te quería,

mucho más que al alma mía y que a mi madre también.

 

Te acoplaste al cotorro de este vate arrabalero

y  te juro, hasta diquero por tenerte se volvió,

se acabaron las verseadas de mi numen peregrino,

si era el verso más divino llevarte en mi corazón.

 

En mis noches de lirismo, por los tristes arrabales,

rimé tiernos madrigales que a tu lado deshojé.

Puse vida en cada estrofa, mi amor, mi paz y ventura,

y la inefable ternura de tu almita de mujer.

 

Cuántas noches en mi rante bulincito de poeta

una lágrima indiscreta furtivamente cayó,

pensé que fueras el verso más intenso de mi vida,

porque aún sangra la herida que tu espiante me causó.

 

Ya que sabes el secreto de lo mucho que he sufrido,

decime quién te ha querido con más intensa pasión,

y del fondo de tu alma, silenciosa, triste y muda

la hiriente verdad desnuda te dirá: este chabón.

En mis noches de lirismo, por los tristes arrabales,

rimé tiernos madrigales que a tu lado deshojé.

Puse vida en cada estrofa, mi amor, mi paz y ventura,

y la inefable ternura de tu almita de mujer.

 

 *Varios testimonios fueron críticos a la labor jugada por el delegado de Claraz durante el operativo militar. 

  • La segunda parte de la nota será publicada en los próximos días y reconstruirá el secuestro y la desaparición de Edgard en el departamento de unos amigos de Claraz que vivían en la ciudad de La Plata. 
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