miércoles 01 de abril de 2020 - Edición Nº1277

Sociedad | 4 nov 2016

Segunda parte: Edgar y Amilcar, los hermanos Fuentes

La continuación de la reconstrucción de la historia de los hermanos oriundos de Claraz relata la estadía del "Pinguino" en La Plata, su secuestro y desaparición. ¿Quienes pueden aclarar el caso?


Por:
Nicolás Salas

Edgard, su estadía y secuestro en La Plata

Escapado de Mar del Plata, el mayor de los hermanos Fuentes se fue a vivir a la capital provincial, donde tenía varios amigos de Claraz y Fernández.

“Yo lo conocí en la militancia estudiantil en la JUP de Arquitectura, fui su responsable de grupo durante un buen tiempo, hasta que fui trasladado (luego de haber estado preso) a finales del año 75. En general no nos rajábamos, éramos trasladados orgánicamente a distintos destinos en pro de la propia seguridad, dependiendo el grado de compromiso y el nivel de "jetoneo", o sea, si su jeta era muy conocida o no. Tal vez hubo sí un cierto nivel de desbande ya hacia el final de septiembre y principios de octubre del 76, dado un alto nivel de caídas de compañeros y el consecuente grado de descuelgue e indefección en que muchos quedaron”, comenta Luis, uno de los amigos que Edgard hizo en Mar del Plata.

De todas formas su situación era compleja, ya que el desmembramiento de la estructura de Montoneros estaba en curso, situación por la cual quedó a la deriva en más de una oportunidad. En una de ellas recibió el alojamiento de Cristina, amiga de Fernández, que vivía en uno de los departamentos del edificio ubicado en calle 33 entre 3 y 4. Allí vivió dos meses junto a su amiga y la pareja de ella.

Más allá de la contención que recibió, en el departamento de la zona norte platense vivió momentos tristes, como cuando se enteró de que su pareja en Mar del Plata había sido asesinada y esperaba un hijo suyo.  La noticia se la comunicó la vecina de su novia, luego de que este intentara contactarse con ella como lo salía hacer cada tanto.

La noticia de Milco

No sabían cómo decírselo. Cada dos semanas caía al departamento, cuestión que finalmente sucedió. Edgard llegó de sorpresa, las normas de seguridad de la organización así lo requerían. El Turco, el Chino y Julián (el primero amigo desde la infancia en Claraz y los otros dos de Fernández) habían hablado antes de cómo le contarían lo de Milco. En juntadas previas, lo quisieron convencer de irse del país, ofreciéndose a comprarle los pasajes. El pingüino se negaba aunque no definitivamente.

Cuando Edgar llegó al departamento de calle 2 y 60 (N° 1355, dpto. D) sus amigos del pueblo definieron decirle lo que se habían enterado; a Milco se lo habían llevado los milicos desde su casa de Claraz.

La primera reacción fue romper en llanto y maldecir la situación. Inmediatamente volvió a rechazar la posibilidad de irse del país y más aun sabiendo que su hermano había sido “chupado” por el ejército. Estuvo un rato más y se retiró al lugar donde estaba parando.

El Turco, que estudiaba Ingeniería, le había hecho las veces de correo entre el Pingüino y sus padres, y fue quien le contó lo sucedido. Julián estaba más asustado que el resto y eso tendría sus consecuencias. El Chino no entendía mucho lo que sucedía, no era del palo de la política y le costaba comprender el marco en el que se daba la represión estatal.

El día del secuestro

El secuestro de Edgard se dio entre el 15 y 18 de noviembre de 1976 en el departamento de sus coterráneos en calle 2. Había caído a visitar a sus amigos con la frecuencia de dos semanas con las que solía aparecer. Volvieron a discutir la posibilidad de que se vaya del país sin que la posibilidad prosperara.

Mientras dialogaban sobre la situación actual, se escucharon ruidos y gritos en las inmediaciones del departamento. Era un comando del Batallón 601 de Mar del Plata. Ingresaron por la fuerza y armados hasta los dientes. Los obligaron a pararse uno al lado del otro.

“¿Quién es Edgardo Fuentes?”, gritó el militar a cargo. Nadie respondió. Volvió a insistir un par de veces hasta que, después de varios silencios, el Pingüino hizo un paso adelante y confesó ser él la persona buscada. “El resto no tiene nada que ver déjenlos”, sostuvo con la entereza que lo caracterizaba.

Allí los encapucharon a todos, y los subieron a un camión que los llevó a Mar del Plata. Días después, los detenidos pudieron reconocerse reconociendo que el Pingüino ya no estaba con ellos.

La detención en el Gada 601

Una vez en Mar del Plata, los tuvieron cerca de una semana detenidos. A Julián y al Chino los interrogan una vez y los dejan en una pieza. Al turco lo tienen más tiempo y le llegan a practicar el “submarino”, tortura que consiste en maniatar a la persona e introducirlo en un tanque con agua, ahogándolo y haciéndolo respirar hasta que responda los requerimientos de los represores. Sospechaban que tenía información a partir del vínculo personal con el pingüino y por haber hecho de “correo” entre él y sus padres.  

Según uno de los testimonios, el militar encargado de recibir informes sobre todo lo que rodeaba al caso Fuentes era un tal Capitán Ferresi, uno de los tantos responsables del Gada 601.   

Una vez concluido los interrogatorios, los tres detenidos quedaron en libertad. Al lugar fue a buscarlos el tío homónimo de Julián. Según relatan las fuentes, dicho pariente, que habría tenido contactos con militares de la zona, los llevó nuevamente para Fernández y Claraz. Días después volvieron a La Plata. A partir de ese momento y durante décadas el silencio se impuso en el pueblo y la ciudad. Un juicio en curso y la militancia de los organismos de Derechos Humanos vuelven a darle vida a una historia que debe ser contada, discutida y reivindicada, la de dos hermanos que lucharon por un mundo de iguales donde el individualismo deje de ser un hábito y la explotación del hombre por el hombre pase a ser cosa del pasado y no del presente. 

 

A la memoria de mi viejo Guillermo “el turco” Salas, y principalmente a la memoria y el ejemplo de lucha de dos orgullos de nuestras tierras; Edgard y Amilcar Fuentes.

 

Memoria, Verdad y Justicia

 

  • Esta nota, dividida en dos partes, es producto de varias entrevistas. No queda exenta de errores e imprecisiones. La decena de testimonios pueden contradecirse en detalles o motivos secundarios debido a lo complejo del acontecimiento y la cantidad de años que pasaron. En el caso de Edgard, dos personas que se encuentran con vida pueden llegar a aclarar con detalles lo sucedido. Uno es Julián Rochet (quien no quiso hablar con el autor de la nota) y Julián Martínez (el autor, por cuestiones de principios, prefirió no intentar entablar diálogo). Será la voluntad personal de estas personas o la de la Justicia la que podrá esclarecer de manera definitiva el secuestro y la desaparición de los dos hermanos.  

 

 

 

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