
A diez años del crimen de Micaela Ortega, el caso vuelve a ocupar un lugar central por lo que significó: uno de los hechos más impactantes vinculados al grooming en la Argentina.
La niña fue contactada a través de redes sociales por un hombre que se hacía pasar por una adolescente. Durante semanas construyó un vínculo de confianza hasta convencerla de encontrarse.
Ese encuentro terminó en tragedia.
Micaela desapareció en abril de 2016 en Bahía Blanca. La búsqueda movilizó a toda la comunidad durante días.
Finalmente, el propio acusado confesó el crimen y reveló dónde había ocultado el cuerpo.
La autopsia determinó que había sido asesinada por asfixia.

Hasta ese momento, el grooming no ocupaba un lugar central en el debate público.
El crimen de Micaela expuso con crudeza los riesgos de las redes sociales en la infancia y generó un cambio en la forma en que se aborda el tema en la Argentina.
Fue uno de los primeros casos en el país donde el engaño digital tuvo un desenlace fatal.
El responsable fue condenado a prisión perpetua.
A partir del impacto del caso, se impulsaron políticas públicas de prevención y concientización, entre ellas la llamada Ley Micaela Ortega, enfocada en alertar sobre el grooming.
A una década, el grooming sigue siendo una amenaza real.
El crecimiento del uso de redes sociales entre niños y adolescentes mantiene vigente el riesgo, y especialistas insisten en la importancia del acompañamiento familiar y la educación digital.
El nombre de Micaela Ortega sigue siendo un recordatorio doloroso, pero también una advertencia: detrás de una pantalla, no siempre está quien parece.