
Durante mucho tiempo, Nadia “Nana” Gopar sintió que estaba probando caminos que no eran para ella. Estudiaba, avanzaba, abandonaba. Volvía a empezar.
“Empezaba una carrera y la dejaba. Estudié psicología, abogacía, martillero público, criminalística… hice de todo, pero en nada encontraba esa pasión. Siempre sentía que no era por ahí”, cuenta en diálogo con NdeN.
En ese recorrido, sin embargo, había algo que siempre aparecía. Algo que no terminaba de tomar forma, pero que insistía.
“El tarot llega a mi vida desde muy chica. Primero con las cartas españolas, después con el péndulo que me enseñó mi abuela del corazón. Siempre tuve conexión con lo sutil, con lo intangible, con la intuición… pero en ese momento no me daba cuenta de lo que me pasaba”.
Durante años, ese vínculo quedó en lo íntimo.
“Lo vivía como algo personal. Era una herramienta que me ayudaba a mí, a entender lo que me pasaba”.
El cambio no fue inmediato. Fue un proceso interno, incluso incómodo.
“En un momento me di cuenta de que había algo más, que no era solo para mí, que era una herramienta que yo podía brindarle a otros. Pero me costaba decirlo, me chocaba decir que ayudaba”.
Hasta que llegó una decisión.
“Un día dije: esta es mi profesión”.
Y con eso, todo empezó a ordenarse.
“Ahí entendí que era un puente con el otro, que podía guiar, acompañar. Y también entendí que eso me apasionaba. Hoy lo digo sin problema: soy tarotista, y me encanta decirlo”.
Su forma de entender el tarot rompe con lo más instalado.
“Yo no hago el tarot que te dice lo que va a pasar. Hago un tarot que te guía, que te hace consciente de lo que tenés guardado en el inconsciente”, explica.
Y profundiza:
“Puede predecir, claro, pero no adivina. Lo que hace es revelar. Revela lo que está oculto, lo que muchas veces uno no quiere ver o no puede ver”.
Esa diferencia es central en su forma de trabajar.
“No te dice lo que querés escuchar, te muestra lo que necesitás saber. Después las decisiones dependen del consultante”.

Cuando empezó a mostrarse en redes, hace seis años, el camino no fue inmediato.
“Al principio venían con preguntas vinculares, cosas como ‘qué va a hacer tal persona’, y yo jamás respondía a eso”.
Eso generó resistencia.
“Al principio fue una mirada más crítica. Pero me mantuve en mi eje, en mi forma de entender el tarot”.
Y ahí aparece una de las claves de su recorrido:
“Algo que no había tenido nunca y que me dio el tarot fue constancia”.
El crecimiento llegó después.
“A los tres años hubo un salto enorme. Pasé de tener 12 mil seguidores a más de 160 mil. Pero lo importante fue sostener la coherencia”.
La idea de escribir estaba, pero no en formato tradicional.
“Yo no quería hacer un manual. Quería un libro donde vos sientas los arcanos. Donde puedas ver, sentir y leer”.
El proyecto inicial fue otro. Pero algo cambió en el proceso.
“Mi primo leyó lo que había escrito y me dijo: quiero saber más de la historia. Y ahí me di cuenta de que tenía que cambiar todo”.
Y lo hizo.
“Tuve que volver a escribir todo. Empezar de nuevo”.
Ahí apareció la clave:
“Y ahí nació Sofía”.
“Sofía es un poco de mis alumnas, de mis consultantes y de mí misma. Es una historia donde todos nos podemos ver reflejados, porque el tarot es un espejo”.
Y lo define con una frase que resume todo:
“El tarot es el espejo del alma”.
El proceso también tuvo momentos difíciles.
“Yo soy humana como todos. Hay días que estoy superpower, con energía para todo, y otros días que no”.
Pero hay una diferencia en cómo lo transita:
“Yo no hablo de aguantar, hablo de sostener”.
Y ahí vuelve a aparecer el tarot, pero desde lo cotidiano.
“¿Sabés lo que hago? Me pongo los arcanos de fondo de pantalla. Si necesito enfocarme, uso la Reina de Oros. En la oficina también, o con mis hijos… siempre hay una carta que te acompaña”.
Ese vínculo atraviesa todo.
“El tarot siempre estuvo para sostenerme. No solo en el trabajo, también en mi vida, en mi familia, en lo cotidiano”.
El impulso final para escribir también llegó desde afuera.
“Yo decía: libros de tarot hay muchos… y me dijeron algo que me quedó: ‘sí, pero ninguno está escrito por vos’”.
Y ahí tomó la decisión.
“Y fue como… sí, tenés razón. Así que hagámoslo”.
La llegada a la Feria del Libro marca un punto de inflexión.
“No lo veo solo como un reconocimiento externo, sino como un reconocimiento interno. Es como decirme: voy bien”.
También implicó un cambio personal profundo.
“Antes me costaba decir que era tarotista. Incluso cuando me preguntaban profesión, me costaba decirlo”.
Hoy ya no.
“El libro me dio autoridad. Es como si ahora tuviera un carné que dice: esta es mi profesión”.

Al final, todo vuelve a la duda.
“La duda no es algo malo. Muchas veces es el motor de las mejores preguntas”.
Y deja una reflexión que atraviesa toda su historia:
“No hay que negarla ni esconderla. Hay que usarla para preguntarte qué querés. Porque en ese proceso es donde te conocés de verdad”.
