En ese recorrido histórico, las mujeres no fueron un actor secundario. A fines del siglo XIX, Virginia Bolten impulsó La Voz de la Mujer, un periódico que denunciaba la explotación laboral femenina y visibilizaba una realidad marcada por la doble carga: trabajo y tareas de cuidado.

Más de cien años después, esa tensión sigue vigente.
En Necochea, seis trabajadoras compartieron sus experiencias con Noticias de Necochea y construyen un retrato actual: jornadas extendidas, múltiples empleos, desgaste físico y emocional, y una dificultad persistente para llegar a fin de mes.
El cansancio aparece como una constante. Pierina Nochetti, trabajadora municipal, artista, educadora y madre de tres hijos, lo expresa con claridad al señalar que “se llega muy cansada, con un estrés corporal bastante grande, con muchas horas de trabajo encima”. Su rutina combina empleo estatal, producción independiente y tareas de cuidado: “soy trabajadora municipal, trabajo de manera independiente, hago ropa, vendo, hago serigrafía”.
Sin embargo, ese esfuerzo no se traduce en estabilidad. “Tengo tres trabajos… y hoy, en un día 30, tengo 1000 pesos en mi cuenta”, describe. A ese desgaste se suma lo que observa en su entorno: “ver la falta de todo en mis alumnos chiquitos, en las chicas del taller, en la gente… es bastante desmotivante”. Y agrega: “no estábamos acostumbrados a este nivel de estrés, se siente en el cuerpo”.
En ese contexto, también aparece la necesidad de sostenerse en red. Nochetti habla de “aliarse con amigas” y destaca que, en medio de la crisis, “se vio una actitud solidaria muy grande”, con vecinos organizándose para ayudar a otros. “Eso fue muy fuerte”, resume.
La dificultad para cubrir gastos básicos atraviesa todos los relatos. En el caso de Meri Ledesma, trabajadora de casas particulares, estudiante y madre, esa realidad se vuelve concreta: “trabajás muchas horas y la plata no alcanza”.
La crisis se traduce en decisiones cotidianas: “no tenés derecho ni siquiera a ir al cine, porque si vas después no llegás a pagar las cuentas”. Su testimonio también refleja una tensión estructural del mercado laboral actual: “tenés que elegir entre un sueldo en blanco que no alcanza o trabajar en negro para poder vivir”.
Esa elección implica resignar derechos: “desistís de tener obra social o aportes por ganar un poco más y poder comer”. Además, describe un escenario de inestabilidad: “hoy se está trabajando muy precariamente… te toman tres meses y te despiden”. A eso se suma una falta de oportunidades: “falta mucho trabajo, faltan oportunidades, sobre todo acá”.
En el ámbito de la salud, el desgaste no solo es físico, sino también emocional. Ana Teresa Cabanas terapista ocupacional y trabajadora del Hospital Taraborelli, explica que “llego a este día con más incertidumbres que certezas”, en un contexto donde lo social impacta directamente en el trabajo cotidiano.
“Las mismas variables que atraviesan a las personas que atendemos nos atraviesan a nosotros”, señala. La falta de recursos y el aumento de las demandas generan una sobrecarga constante: “los recursos son cada vez más escasos y las exigencias cada vez mayores”.
También advierte que el pluriempleo es cada vez más habitual: “es muy normal tener más de un empleo o desempeñar más de una tarea”. Aun así, sostiene el sentido de su labor: “escuchar al otro y acompañarlo es una forma de ejercer nuestra tarea”. Y agrega: “sentirse alojado, aunque uno no tenga qué comer, muchas veces también es una forma de sanación”.

Pierina Nochetti, Meri Ledesma, Ana Teresa Cabanas
En el sistema educativo, el escenario no es muy diferente. Martina Resnik Profesora de Lengua y Literatura y docente del sistema educativo lo resume con una frase que condensa el momento: “este año me agarra trabajando más que nunca y ganando menos que nunca”.
Describe un clima de agotamiento generalizado: “hay una sensación de fin de año permanente”, que atraviesa tanto a docentes como a estudiantes. A eso se suma el impacto del contexto social: “estamos muy atravesados por los conflictos sociales y eso hace muy difícil trabajar”.
Las condiciones materiales también aparecen como un problema: “todo lo estructural está muy venido a menos y sostenido a voluntad”. En ese marco, el rol docente se amplía: “estamos ejerciendo tareas de cuidado”, señala, en un escenario donde enseñar implica también contener. “Se trabaja mucho desde lo humano, pero con muy poco reconocimiento”, agrega.
El impacto de la crisis también se refleja en el sector cultural. Florencia Mazzone, productora y artista, lo describe con contundencia: “el consumo cultural ha bajado a niveles terribles”.
La explicación es directa: “cuando no alcanza para comer o pagar los servicios, lo primero que se recorta es la cultura”. Pero también advierte un cambio en el ánimo social: “la gente está triste, pobre, desanimada”.
Incluso en propuestas gratuitas: “aun cuando es a la gorra o gratis, cuesta que la gente se acerque”. Ese retraimiento impacta tanto en quienes consumen como en quienes producen: “no solo nos duele en el bolsillo, nos duele en el corazón”. Y agrega: “es una especie de tristeza o depresión de época”.
En todos los relatos aparece una desigualdad que se repite. Marianela “Colo” Mirada, trabajadora judicial y madre, lo plantea con claridad: “llegamos cansados, preocupados, pero agradeciendo tener trabajo en este contexto”.
Sin embargo, advierte que la crisis no impacta de la misma manera en todos: “las mujeres somos las más precarizadas y las más empobrecidas en este contexto”. A eso se suma una preocupación que va más allá del presente: “como madre, preocupa qué les espera a nuestros hijos”.
Y cierra con un reclamo compartido: “que el trabajo alcance para vivir, para disfrutar, para comer”.

Martina Resnik, Florencia Mazzone y Marianela "Colo" Mirada
Las seis historias no son excepciones. Son distintas formas de una misma experiencia: trabajar más, sostener más y, aun así, no alcanzar.
A fines del siglo XIX, las primeras trabajadoras organizadas ya hablaban de la doble carga entre trabajo y hogar. Más de cien años después, esa tensión sigue presente.
En este 1° de mayo, las voces de estas trabajadoras de Necochea construyen un relato colectivo que conecta pasado y presente.
Y en ese relato aparece una certeza que atraviesa todo: trabajar, hoy, no alcanza.