
La unidad, perteneciente a la línea 510, comenzó a prenderse fuego mientras circulaba por avenida 59 y calle 40. Los pasajeros debieron descender rápidamente del micro en medio de momentos de tensión y una importante presencia de humo.
La rápida intervención del chofer y de Bomberos evitó que hubiera heridos, aunque la escena volvió a instalar una preocupación que desde hace años se repite entre usuarios y trabajadores: el estado de las unidades y la falta de controles efectivos sobre el sistema.
El incendio ocurre además en un momento clave para el futuro del transporte público local. Este miércoles, el Concejo Deliberante avanzaría con la aprobación del nuevo pliego de licitación para el servicio urbano de pasajeros.
Sin embargo, más allá del debate político y técnico sobre recorridos, frecuencias y antigüedad de las unidades, en el ámbito local persiste una fuerte duda: hasta el momento no trascendieron otras empresas interesadas y todo indicaría que las mismas prestatarias que actualmente operan el servicio volverían a presentarse para quedarse con la concesión.
En ese contexto, el episodio de este martes vuelve a poner el foco sobre el rol del Estado municipal y de las áreas encargadas de controlar el funcionamiento del sistema, en medio de reiteradas denuncias por el estado de algunos colectivos y por las deficiencias del servicio.
Porque mientras avanza una nueva licitación, la realidad cotidiana del transporte en Necochea parece seguir siendo la misma: micros cuestionados, usuarios disconformes y un sistema que, lejos de mejorar, vuelve a quedar expuesto cada vez que ocurre un episodio como el de este martes.