La sede funciona desde el 4 de agosto del año pasado en avenida 58 al 2545 y está encabezada por Alejandro Rodríguez, quien dialogó con NdeN sobre el trabajo terapéutico que realizan, el crecimiento de la demanda y las dificultades económicas que atravesaron para sostener el proyecto.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue el respaldo económico e institucional recibido por parte de Puerto Ciudad, espacio vinculado a Puerto Quequén, que permitió garantizar la continuidad del dispositivo terapéutico y sostener el trabajo profesional de psicólogas, operadores y acompañantes.
“Desde que abrimos, ya dos veces quise cerrar porque no lo podía sostener” contó Rodríguez.
Y agregó: “Estoy tan agradecido a Puerto Ciudad hoy, que hace posible con esa ayuda que esto siga funcionando”.
En este mismo sentido el referente y fundador de Ser Uno Necochea manifestó gran agradecimiento con "particulares anónimos que colaboran mensualmente con la institución" desde el inicio del proyecto, solidarizándose con la causa de diferentes maneras. De hecho nos contó que la casa en la cual funciona el proyecto "está emplazado en una casa que la dió un particular en comodato, al enterarse cuál era nuestro objetivo. Fue un lindo milagro ese.".
De esta manera, gracias a la solidaridad de integrantes de la comunidad, y otras redes de ayuda que Alejandro Rodriguez y su gente fueron tejiendo, han conseguido aplicar como ONG a un subsidio por única vez, proveniente de la Secretaría de niñez, adolescencia y familia de la Provincia de Buenos Aires; y recientemente, luego de presentar una carta formal, la empresa cerealera local, ALEA, también sumó su granito de arena, donando cinco pallets de ladrillos que servirán para poder construir un nuevo espacio para talleres.
Redes solidarias que se fueron construyendo al calor de una problemática que atraviesa a toda la sociedad, han conseguido concretar esta idea, materializar este sueño: un espacio físico, y la obtención de recursos económicos para adquirir el mobiliario y empezar a armar el equipo interdisciplinario de trabajo.

Rodríguez explicó que el espacio trabaja con un modelo sistémico y cognitivo-conductual que no se limita únicamente a la persona con consumo problemático, sino también a su entorno familiar y afectivo.
“Nosotros no trabajamos solamente con el emergente en conflicto de consumo, sino con la periferia afectiva e inmediata de la persona”, señaló.
El tratamiento está organizado en cinco fases de recuperación y combina grupos terapéuticos, trabajos escritos, acompañamiento individual y contención permanente.
“Es un viaje introspectivo para entender desde la multicausalidad qué propició el consumo, el vínculo que se construyó con las sustancias y las consecuencias biopsicosociales”, describió sobre una de las etapas del proceso.
Además, remarcó que cada tratamiento se adapta a la realidad particular de cada paciente. “Es una sastrería clínica porque le hacemos a medida los tratamientos. Como la huella dactilar, no hay una igual a otra”, afirmó.

El espacio también cuenta con grupos de seguimiento y encuentros mensuales denominados “Club de Rescatados”, donde participan personas que ya atravesaron distintas etapas del tratamiento. “El primer sábado de cada mes nos sentamos todos acá a compartir toda una jornada”, explicó.
Rodríguez conoce la problemática desde una experiencia personal. Contó que estuvo internado y judicializado durante un año y medio en una comunidad terapéutica de máxima seguridad en Buenos Aires durante los años noventa, experiencia que terminó orientándolo hacia el trabajo terapéutico.

En la entrevista también advirtió sobre el crecimiento sostenido de los consumos problemáticos. “Aumentó el 45% el consumo en los últimos 25 años”, sostuvo, y aseguró que “el 70% de los hogares tienen un consumo problemático”.

Actualmente, “Ser Uno” brinda atención diaria, grupos terapéuticos y contención telefónica las 24 horas para personas que atraviesan situaciones de consumo y sus familias.