
La apuesta es clara: ganar profundidad, aumentar competitividad y consolidar el posicionamiento del complejo como nodo energético, industrial y exportador.
La licitación contempla dos intervenciones diferenciadas.
La primera corresponde al dragado de mantenimiento del sistema portuario e incluye:
Se trata de un contrato de largo plazo: tendrá una duración de 180 meses (15 años) y un presupuesto estimado cercano a US$36 millones anuales.
La segunda obra apunta a profundizar el canal principal, considerada la intervención de mayor peso estratégico.

Actualmente, el sistema opera con profundidades cercanas a los 13,71 metros y permite el ingreso de embarcaciones de hasta 45 pies de calado.
La meta es alcanzar al menos 15,24 metros operativos —equivalentes a 50 pies— y permitir que esa profundidad esté disponible independientemente del régimen de mareas.
El canal posee más de 97 kilómetros de longitud y 190 metros de ancho de solera, por lo que cualquier modificación implica obras de gran escala.
La discusión no pasa solamente por dragar más.
El incremento del calado apunta a:
Dentro del sector portuario, la profundidad operativa se convirtió en uno de los principales factores de competitividad.
El crecimiento de Vaca Muerta es uno de los principales motores del proyecto.
La profundización permitiría operar tanqueros de hasta 160.000 toneladas de porte bruto vinculados principalmente a las exportaciones energéticas que salen desde Puerto Rosales.
Las autoridades portuarias consideran que el canal actual comenzó a transformarse en uno de los principales cuellos de botella para seguir aumentando volúmenes exportables.
La combinación entre mantenimiento y profundización podría superar los US$600 millones durante los próximos 15 años.
Solo la obra de profundización demandaría entre US$100 y US$120 millones y tendría un plazo de ejecución estimado entre 9 y 12 meses.
El cronograma oficial prevé:
Con este proceso, Bahía Blanca busca fortalecer su condición de principal puerto de aguas profundas del país y posicionarse para absorber parte del crecimiento proyectado del comercio exterior energético argentino.
