
Detrás de la reapertura hubo informes por toxicidad, actividades descentralizadas, gestiones frustradas, pedidos a empresas y una comunidad educativa que decidió salir a buscar soluciones cuando la obra parecía no llegar.
Roxana Beatriz Herrera, exdirectora del CEF 76 y una de las impulsoras del proceso, repasó para NDEN cómo se gestó una recuperación que terminó llegando sobre el cierre de su gestión.
El problema comenzó a fines de 2024, cuando se detectó que el material aislante ubicado bajo las chapas del gimnasio presentaba un fuerte deterioro.

“Era un lana de vidrio ISOVER que ya estaba desprendida, caído. En pandemia entraron aves, rompieron todo y quedó lleno de suciedad, colgajos y materiales destruidos. Era terrible”, recordó Herrera.
Los informes técnicos derivaron en la clausura del SUM y obligaron a reorganizar gran parte de las actividades deportivas.
La situación impactó sobre una institución con alrededor de 1.500 alumnos y múltiples actividades diarias.
Básquet, handball, multideporte infantil y otras propuestas debieron trasladarse temporalmente a escuelas, sociedades de fomento, polideportivos y espacios compartidos.
“Pedimos uso compartido en distintos lugares y sostuvimos las actividades como pudimos”, explicó.
Además de su matrícula propia, el CEF también recibe estudiantes de otras instituciones educativas y funciona habitualmente como sede de actividades comunitarias, encuentros deportivos y torneos que convocan a instituciones de toda la ciudad y la región.
Según relató Herrera, la institución estaba tercera en la lista de espera de infraestructura provincial.

“Cuando nos dijeron eso ocurrió la catástrofe de Bahía Blanca y entendimos que no podíamos esperar otro año más”.
En una etapa inicial se había proyectado avanzar con trabajos impulsados junto a la ONG Brisas Solidarias, pero esa intervención no logró completarse y el cierre terminó extendiéndose más de lo previsto.
“Ahí entendimos que había que buscar otra salida”, resumió.
En enero comenzó una recorrida por empresas y actores locales.
“Con la cooperadora salimos con notas en mano. Fuimos golpeando puertas”.
El acercamiento a Puerto Quequén terminó siendo decisivo.
“Fue un regalo de Reyes. Fuimos el 6 de enero y el 8 ya nos estaban llamando”.

La ayuda permitió avanzar no solo con el retiro del material deteriorado, sino también con una intervención integral:
Todavía quedan trabajos pendientes vinculados a canaletas y laterales del techo, aunque el espacio ya fue habilitado nuevamente.
Herrera se jubiló el 31 de marzo, cuando los trabajos estaban llegando a su fin.
“Me fui feliz de haber dejado la obra terminada en mi gestión”.
La reapertura del gimnasio terminó siendo también el cierre de una etapa personal y profesional para quien estuvo al frente de una de las instituciones deportivas más importantes de Quequén.
Con el SUM nuevamente habilitado, el CEF 76 recupera un espacio central para la práctica deportiva, la educación física y la vida comunitaria.