La información fue confirmada por el ingeniero agrónomo Juan Erreguerena, responsable de la Agencia de Extensión Rural del INTA Necochea, quien explicó que antes de la ciclogénesis se contabilizaban unas 2.000 hectáreas con presencia de agua en bajos naturales.
"Antes de la ciclogénesis teníamos unas 2.000 hectáreas con presencia de agua en bajos naturales. Hoy estamos hablando de 25.700 hectáreas afectadas", señaló.
El fenómeno impactó sobre una región que ya presentaba una importante acumulación hídrica debido a lluvias anteriores. Los cerca de 200 milímetros registrados durante los últimos temporales terminaron de saturar los suelos y generaron extensos anegamientos, principalmente en la zona comprendida entre la Ruta Nacional 228 y la costa.

Desde el INTA advirtieron que la situación continúa siendo delicada porque el agua escurre lentamente y las condiciones climáticas del invierno no favorecen una recuperación rápida de los campos.
"Estamos entrando en junio y julio, meses donde normalmente no hay una gran evaporación. El suelo ya está saturado y cualquier lluvia adicional se transforma directamente en exceso hídrico", explicó Erreguerena.
Las pérdidas ya comenzaron a sentirse en distintos sectores productivos. Existen lotes de soja y maíz que no habían sido cosechados al momento de las inundaciones y que sufrieron daños significativos. En muchos casos, los productores ni siquiera pueden ingresar con maquinaria debido al estado de los caminos y de los campos.
La situación también afecta a la actividad ganadera y a la logística comercial. Algunos establecimientos tienen mercadería almacenada que no puede ser retirada, mientras que varios productores enfrentan dificultades para cumplir compromisos comerciales previamente asumidos.
Otro de los puntos que genera preocupación es la próxima campaña de trigo. Según indicó el especialista, hay lotes que estaban destinados a la siembra durante junio y que podrían quedar fuera de producción por el exceso de agua.
"Hay superficies que probablemente iban a trigo y no van a poder sembrarse. Eso significa diferir ingresos que los productores esperaban para comienzos del año próximo".
La situación podría traducirse en una reducción de la superficie sembrada y en un impacto económico que se extendería más allá de las pérdidas actuales.
Ante este escenario, el municipio, entidades rurales y organismos técnicos trabajan en la documentación necesaria para solicitar formalmente la declaración de emergencia agropecuaria para el distrito.
El INTA participa aportando información técnica y certificando los daños observados sobre el territorio, documentación que será clave para que la Provincia evalúe el pedido.
La declaración permitiría habilitar beneficios impositivos, líneas de crédito especiales y mecanismos de asistencia para los productores afectados, además de abrir la posibilidad de financiar futuras obras de infraestructura hidráulica.

Durante la entrevista, Erreguerena también se refirió al proceso de reorganización que atraviesa el organismo a nivel nacional.
Según explicó, la nueva estructura prevé una reducción de agencias territoriales. En el área de influencia de la Estación Experimental Balcarce, que actualmente cuenta con diez agencias de extensión, la propuesta contempla mantener únicamente tres sedes principales.
"Estamos trabajando para que el personal continúe en Necochea. Lo que intentamos es mantener la presencia territorial porque es fundamental para el trabajo con productores, municipios e instituciones", afirmó.
Además, advirtió que varios partidos podrían quedarse sin agentes técnicos, una situación que pondría en riesgo la asistencia que el organismo brinda en el territorio.
Mientras el agua continúa bajando lentamente hacia el mar, el relevamiento realizado por el INTA permite dimensionar el impacto de uno de los eventos climáticos más severos que afectó al sector agropecuario de Necochea en los últimos años.