
En sus palabras:
“En Necochea y Quequén el espacio se fue consolidando como parte de esa red nacional, construyendo acompañamientos locales y articulaciones con organizaciones sociales, profesionales de la salud y espacios comunitarios. Vale decir que todo nuestro hacer es activismo voluntario, no es un trabajo”.
“Acompañar significa estar presentes durante todo el proceso. No se trata únicamente de transmitir información sobre medicamentos o procedimientos, sino de escuchar, contener, despejar dudas, ayudar a tomar decisiones informadas y garantizar que la persona sepa que no está sola”, explican desde el colectivo.
El primer contacto se realiza principalmente por redes sociales o teléfonos de contacto, donde se escucha la situación, se explican derechos y opciones, y se define el acompañamiento más adecuado.
Antes de la Ley 27.610, el acompañamiento se desarrollaba en un contexto de criminalización y clandestinidad:
“Muchas personas llegaban con miedo, desinformación o después de atravesar situaciones de violencia institucional”, recuerdan.

Tras la sanción de la ley, aunque mejoró la legitimidad social y el acceso al sistema de salud, el acompañamiento sigue siendo necesario:
“La existencia de una ley no elimina automáticamente las barreras culturales, institucionales o territoriales”.
Hoy, según Socorro Rosa:
“Muchos llegan sabiendo que tienen un derecho reconocido. Hay mayor legitimidad social para hablar de aborto, más información circulando y más posibilidades de exigir respuestas al sistema de salud. También se observa una disminución del miedo asociado a la ilegalidad, especialmente entre las generaciones más jóvenes”.
A pesar de los avances:
“Mejoró el acceso formal al sistema de salud y la información pública. Sin embargo, siguen apareciendo demoras, desinformación, objeciones de conciencia mal aplicadas, desigualdades territoriales y dificultades de acceso para personas en situación de vulnerabilidad”.
“La situación es calamitosa puesto que cada 40 horas matan a una mujer, adolescente o niña mientras que el gobierno nacional relativiza la violencia de género, apoya proyectos como el de falsas denuncias y habilita odios por doquier. En Necochea, persisten situaciones de violencia de género que atraviesan la vida cotidiana, y el gobierno municipal sostiene una Dirección de Política de Género sin presupuesto. La actualidad es de retroceso en derechos, persistencia de desigualdades y redes de acompañamientos u organizaciones sociales implosionadas”.
Además, la situación económica afecta el acceso a derechos:
“La precarización laboral, las dificultades para sostener cuidados y la incertidumbre sobre el futuro condicionan muchas decisiones reproductivas. También afectan la posibilidad de acceder a transporte, atención médica o recursos básicos”.
Con la consigna “La rabia se organiza”, Socorro Rosa busca transformar indignación en acción:
“La rabia, cuando se organiza, deja de ser solamente una emoción individual para convertirse en una fuerza capaz de construir respuestas, comunidad y defensa de derechos”.

Sobre el impacto del movimiento Ni Una Menos:
“Cambió profundamente la capacidad social para nombrar las violencias y reconocerlas como un problema público. También crecieron las redes de acompañamiento y la agenda de derechos que tanto le preocupa al gobierno nacional fascista. A algunas personas y organizaciones nos sigue preocupando la persistencia de las violencias machistas y las desigualdades estructurales que las sostienen”.
“Porque los derechos conquistados requieren defensa permanente. La organización colectiva permite sostener redes de cuidado, generar incidencia pública y responder a los desafíos que aparecen en cada contexto histórico”.
“A nivel nacional, los registros históricos de Socorristas en Red muestran que quienes consultan pertenecen a perfiles muy diversos y que la demanda no desapareció con la legalización. Lo que cambió es que muchas consultas están vinculadas a cómo acceder efectivamente al derecho, resolver obstáculos institucionales o recibir acompañamiento emocional durante el proceso”.
En Necochea y Quequén, la experiencia local confirma que la necesidad de acompañamiento persiste, incluso con la ley vigente.