
NdeN fue el único medio presente durante el encuentro, que reunió a integrantes de la Asociación para la Conservación del Parque Miguel Lillo junto a representantes de dos bloques legislativos: por la ACT participaron Juan Pablo de la Hera y Miguel Ángel Nasso, mientras que por La Libertad Avanza estuvieron presentes Juan Ángel Cerezuela, Verónica Bibbo y Alejandra Karagiannis.
Por parte de la Asociación participaron referentes vinculados históricamente a la defensa, conservación y estudio del parque como Nerio Bognanni, Carlos Mancino, María Fonalleras, Natalia Borrego y Daniel Sansolini. También estuvieron presentes Susana Laborde, integrante de la agrupación ambiental “El Parque No Se Vende”, y el ingeniero forestal José Garcés, quien aportó mirada técnica sobre el valor ambiental y forestal del espacio.
La preocupación se profundizó luego de que la organización confirmara denuncias judiciales por la tala de 24 árboles en el sector intervenido y advirtiera sobre posibles impactos sobre uno de los espacios recreativos más utilizados del Parque Miguel Lillo.
Más que una reunión de confrontación, el encuentro tuvo como objetivo compartir información, advertir sobre situaciones que consideran irregulares y acercar documentación técnica, jurídica y ambiental a los representantes legislativos.
El debate aparece mientras continúa abierto el proceso para concesionar el histórico sector de fogones y parrillas de Pinolandia.

Los pliegos fueron aprobados por el Concejo Deliberante durante la conformación legislativa anterior y posteriormente el Ejecutivo avanzó con el llamado licitatorio.
Actualmente existe un único oferente presentado: una sociedad anónima en formación vinculada a un proyecto gastronómico para el sector. Sin embargo, la adjudicación definitiva todavía debe regresar al Honorable Concejo Deliberante para completar el procedimiento administrativo.
Ese punto fue señalado como una de las preocupaciones centrales: cómo avanzar sobre un proyecto que aún no tiene aprobación definitiva y sobre el cual ya comenzaron a conocerse públicamente aspectos vinculados a futuras intervenciones y usos proyectados para el sector.

Uno de los principales debates giró alrededor del sentido que deben tener las concesiones dentro de espacios públicos protegidos.
Desde la Asociación plantearon que históricamente las concesiones estuvieron vinculadas a brindar servicios que el Estado no podía prestar directamente y pusieron en discusión si el proyecto previsto responde a esas necesidades.
Entre los planteos expuestos aparecieron:
• La existencia de otras propuestas gastronómicas cercanas dentro del parque y sectores aledaños
• La necesidad de preservar el uso histórico del sector de fogones y parrillas
• La ausencia, al menos en la información conocida públicamente, de servicios considerados prioritarios como sanitarios públicos, puntos de hidratación y mejoras integrales para el sector recreativo
• La importancia de mantener espacios accesibles y gratuitos para vecinos y turistas
“El proyecto debe adaptarse al bosque y al parque, no el parque al proyecto”, fue una de las ideas planteadas durante el encuentro.
Durante la reunión, integrantes de la entidad explicaron que su posición no parte de un rechazo a nuevas inversiones o mejoras dentro del parque, sino de la necesidad de discutir bajo qué criterios se interviene uno de los espacios públicos más representativos de Necochea.
Según expusieron, el Parque Miguel Lillo constituye una reserva forestal pública, patrimonio cultural local y uno de los principales espacios turísticos, deportivos, educativos y recreativos del distrito.
Desde la organización sostienen que cualquier proyecto futuro debe contemplar planificación integral, acceso a la información pública, participación ciudadana y mecanismos claros de control ambiental.
Además, remarcaron que las intervenciones dentro del parque deben respetar normativa ambiental, forestal y patrimonial vigente, entendiendo que no se trata únicamente de un predio disponible para nuevos desarrollos sino de un ecosistema urbano protegido.
Uno de los puntos que generó mayor preocupación está vinculado a intervenciones realizadas dentro de un sector considerado parte de un espacio protegido y patrimonio forestal público.
Según informó la Asociación, entre el 20 y el 21 de mayo fueron talados 24 árboles sanos de aproximadamente 70 años de antigüedad y existirían otros ejemplares marcados.
Por tratarse de un espacio protegido y patrimonio forestal público, la organización confirmó que realizó denuncias judiciales por estas intervenciones.
Además, comentaron que previamente también recurrieron a la vía judicial por movimientos de suelo y zanjas realizadas dentro del parque luego del último temporal.

Durante la reunión, integrantes de la Asociación acercaron documentación y una serie de interrogantes a los concejales presentes.
Entre ellos:
• Qué área municipal autorizó la tala de árboles
• Si existe evaluación de impacto ambiental previa
• Qué mecanismos de control tendrá el eventual concesionario
• Cómo se garantizará la conservación del bosque y la biodiversidad
• Qué porcentaje del espacio continuará siendo libre y gratuito
• Si existirán instancias de participación ciudadana
• Cómo se protegerán los sectores históricos de fogones y parrillas
• Qué controles ejercerá el Concejo Deliberante sobre la futura concesión
Desde la Asociación insistieron en que la discusión excede a un emprendimiento puntual.
La preocupación, señalaron, está vinculada al modelo de desarrollo proyectado sobre el principal pulmón verde de la ciudad y a cómo compatibilizar inversiones, servicios y conservación ambiental.
Mientras la concesión sobre el sector de fogones de Pinolandia continúa pendiente de definiciones administrativas, el debate sobre el futuro del Parque Miguel Lillo parece abrir una discusión más amplia: qué usos, qué límites y qué modelo de desarrollo quiere Necochea para su principal espacio verde.
