
La operación se concretó con un único oferente habilitado y puso fin a un largo proceso marcado por intentos fallidos de recuperación, debates políticos y una disputa judicial que llegó hasta la Cámara de Apelaciones antes de habilitar definitivamente la venta.
El acto comenzó minutos después de las 11 y estuvo a cargo de la martillera pública Mariana Ortega. Ante un salón colmado de funcionarios, representantes de instituciones intermedias, trabajadores del Casino, concejales y la profesional dio lectura a los edictos y explicó las condiciones del procedimiento.
El momento decisivo llegó cuando solicitó que se identificara públicamente Oscar Merlo, representante de A Toda Vela Mar S.A., y le consultó si mantenía la oferta correspondiente al valor base fijado para la subasta.
—Sí, doy la base —respondió el empresario.
Sin más oferentes habilitados, Ortega golpeó tres veces el martillo y formalizó la venta del complejo, lo que generó un aplauso generalizado entre los presentes.
Posteriormente se firmaron el acta oficial del remate y el boleto de compraventa, refrendados por el intendente Arturo Rojas; el secretario de Planeamiento, Obras y Servicios Públicos, Adrián Furno; el representante de la empresa adquirente, Oscar Merlo; y la escribana Viviana Guarracino.
La operación incluyó distintos sectores del histórico complejo:
En tanto, la calle comprendida entre el complejo y el estacionamiento permanecerá bajo dominio municipal.
Uno de los espacios más emblemáticos del predio no formó parte de esta instancia.
El ex Auditórium fue excluido de la subasta debido a cuestiones técnicas vinculadas con las tasaciones realizadas para la operación y deberá atravesar un proceso independiente en el futuro.

La subasta reunió a representantes de distintos sectores de la comunidad. Encabezó el acto el intendente Arturo Rojas, acompañado por integrantes de su gabinete.
También asistió el director provincial de Hipódromos y Casinos, Juan Manuel Vernengo, en representación del Instituto Provincial de Lotería y Casinos.
Entre los presentes hubo representantes de los colegios de Martilleros, Escribanos, Arquitectos, Magistrados, Abogados y Ciencias Económicas; cámaras empresarias; asociaciones vinculadas al turismo; gremios de trabajadores del Casino; y concejales tanto del oficialismo como de la oposición.

Con la caída del martillo se cerró una etapa atravesada por décadas de deterioro e incertidumbre sobre el destino del edificio que durante años fue una de las principales postales de Necochea.
La venta, sin embargo, no resuelve por sí sola el futuro del complejo. A partir de ahora comenzará otra instancia: la de convertir anuncios y expectativas en un proyecto concreto para uno de los espacios más representativos del frente costero necochense.
