
Los datos que llegan desde distintos destinos históricos muestran que la crisis ya no aparece como una situación aislada, sino como una preocupación compartida a lo largo de buena parte del corredor bonaerense.
La seccional marplatense de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos (UTHGRA) alertó que en los últimos 60 días cerraron o anunciaron su cierre alrededor de 40 cafés, restaurantes y hoteles.
Según indicaron desde el gremio, la situación ya afecta a más de 400 trabajadores.
El escenario combina una menor demanda con el incremento sostenido de los costos operativos, en un contexto donde muchos establecimientos encuentran cada vez más difícil sostener la actividad durante todo el año.

En Pinamar, el diagnóstico apunta a la retracción del consumo.
Desde la Asociación Empresaria Hotelera y Gastronómica señalaron que el principal problema es la pérdida del poder adquisitivo de los sectores medios y medios altos, históricamente responsables de buena parte del turismo interno.
Incluso quienes solían viajar varias veces al año hoy reducen gastos, acortan estadías o directamente postergan escapadas.
Mantener hoteles abiertos durante el invierno implica afrontar salarios, servicios, energía y mantenimiento con niveles de ocupación insuficientes.
Muchos establecimientos trabajan con pérdidas durante varios meses del año y algunos restaurantes reorganizaron sus planteles para funcionar solamente los fines de semana.
A ello se suman los elevados costos energéticos y la presión impositiva, factores que empresarios del sector consideran determinantes en la crisis que atraviesa la actividad.
La situación también se refleja en el mercado inmobiliario turístico.
Un relevamiento difundido por CNM Radio indicó que en Pinamar hay al menos 18 hoteles en venta, mientras que en Villa Gesell la cifra asciende a 58 establecimientos ofrecidos en el mercado.
Entre ellos aparecen hospedajes históricos que durante décadas formaron parte de la identidad turística de esas ciudades.
Ante la falta de compradores y la baja rentabilidad, algunos propietarios comenzaron a flexibilizar las condiciones de venta, aceptando financiación o esquemas de pago más accesibles con el objetivo de desprenderse de estructuras cuyos costos se volvieron difíciles de sostener.

Los cambios también quedaron reflejados durante el último fin de semana largo.
El relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) mostró un movimiento menor al esperado, con predominio de viajes cortos, turistas más cautos al momento de gastar y un consumo más moderado que en años anteriores.
En Necochea, además, no hubo datos oficiales sobre el movimiento turístico fuera de la temporada de verano, lo que dificulta dimensionar el impacto local de un contexto económico que afecta a buena parte de los destinos del país.
La crisis expone transformaciones profundas en la forma de viajar y consumir turismo en Argentina.
Los fines de semana largos ya no garantizan ocupación plena. Las escapadas espontáneas son menos frecuentes y el gasto dentro de los destinos también se redujo.
Mientras algunos prestadores intentan sostener la actividad con promociones y descuentos, otros optaron por cerrar sus puertas o poner en venta emprendimientos construidos durante años de trabajo.
La Costa Atlántica continúa siendo uno de los principales destinos turísticos del país. Pero detrás de las postales tradicionales emerge otra realidad: hoteles vacíos, restaurantes que ajustan estructuras y empresarios que intentan sobrevivir a una demanda que ya no responde como antes.
Más que una mala temporada, muchos actores del sector hablan de un verdadero cambio de época.