Por: Pablo Skorupski

El ambiente en WO se fue poblando de a poco y, para las 22.20, Un Médano apareció en escena ante un muy buen marco de público. La propuesta de este combo, que desde hace algunos años viene transitando el circuito local, es la de un power trío clásico, de sonido nítido, en la línea de bandas como Spinetta y los Socios del Desierto o el Divididos de fines de los años 90 y principios de los 2000.
El repertorio de Un Médano destaca por su eclecticismo, sin abandonar su impronta rockera. En sus canciones conviven matices stoner, post-grunge al estilo Audioslave, algunas bases de raíz pop y funk, e incluso un guiño al southern rock en la tradición de Lynyrd Skynyrd.
Los climas de las composiciones, reforzados por las imágenes proyectadas en la pantalla del escenario junto al logo de la banda, evocan el ambiente costero y la playa, aunque no desde una mirada recreativa: parecen detenerse en la desolación, en el aura desértica e inhóspita que rodea al médano que la banda toma como símbolo de su identidad.
Sobre el final de su set, Un Médano interpretó un fragmento de “Juguetes Perdidos”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Con muchísima gente dentro del recinto —se vendieron más de 150 entradas anticipadas—, Ladrando Fuerte se adueñó del escenario. Tras la intro, la banda desplegó uno a uno los temas de “Pocas Pulgas”, respetando el orden del tracklist. Así fueron sonando la rockera “Desayunando la Cena”; “La Industria de la Información”, con sus climas de guitarras al estilo NWOBHM; “Abrazo al Tiempo”; “Algo Más Cerca”, de estirpe ricotera; “El Destino Escribiré”; “Encadenado” y el resto de las composiciones que integran el flamante álbum.
En el aspecto visual, jugaron muy a favor las animaciones proyectadas sobre la pantalla que oficiaba de telón de fondo. Estas iban cambiando con cada canción y resultaron un recurso que enriqueció el espectáculo, en una línea similar a la propuesta que Colmado utilizó el mes pasado al presentar su disco “Sobre Este Suelo”.
La banda sonó muy ajustada, con las guitarras afiladas de Alejandro Moscoso y Julián Darbón, sostenidas por una base potente y versátil a cargo de José Ignacio Díaz y Mariano Goñi. Esa amplitud de recursos le permite al grupo expandir su sonido hacia diversos estilos, sin perder coherencia ni identidad.

La primera parte del recital concluyó con “Tierra”, el track que cierra “Pocas Pulgas”. Se trata de una extensa pieza pinkfloydiana, emparentada con el espíritu de “The Great Gig in the Sky”, que contó con la participación de Valeria Romero como vocalista invitada.
Tras una breve pausa de ocho minutos, la segunda parte del concierto comenzó con un cover: una enérgica y rockera versión de “Nos Siguen Pegando Abajo”, de Charly García. A partir de allí, Ladrando Fuerte desandó el camino trazado por su álbum debut, “Huellas” (2025), con canciones como “Ya Está Acá Mirando”, “Digo lo que Pienso”, “No Tiene Nombre No” y “Ma Der Fa Quer”, entre otras.
Se trata de composiciones más directas, con mayor apego al punk y al hard rock, en las que resuenan ecos de 2 Minutos, Riff, Attaque 77 y Divididos. Este material logró levantar al público y mostró a una banda más suelta y festiva. De hecho, una incursión de lleno en el hard rock de cara a futuros trabajos discográficos no les sentaría nada mal: es un lenguaje que dominan con naturalidad sobre las tablas.
Dejaron para el cierre “Me Matan, Limón!”, otro homenaje implícito al Indio Solari, con los músicos de Un Médano sumándose a los coros durante el estribillo.
Un gran momento para la música local, con bandas y artistas presentando discos y nuevas producciones prácticamente semana tras semana. Ladrando Fuerte continúa aportando lo suyo, confiando en el rock como mensaje honesto y sin vueltas.
