No es solamente una jornada de celebración. El orgullo nació como una respuesta política frente a la persecución, la discriminación, el hostigamiento policial y la imposibilidad de vivir libremente la orientación sexual, la identidad o la expresión de género.
La fecha mundial es el 28 de junio. En la Argentina, en cambio, la gran Marcha del Orgullo se realiza habitualmente en noviembre, con una historia propia que enlaza la memoria local, los reclamos por derechos y las primeras organizaciones disidentes del país.

El edificio emblemático de Manhattan.
La madrugada del 28 de junio de 1969, la Policía de Nueva York realizó una redada en el Stonewall Inn, un bar ubicado en Christopher Street, en el barrio de Greenwich Village, Manhattan.
En aquellos años, las redadas en bares frecuentados por personas gays, lesbianas, trans y de género no conforme eran habituales. Las fuerzas de seguridad controlaban documentos, detenían personas, humillaban a quienes asistían a esos espacios y perseguían especialmente a quienes no respondían a las normas de vestimenta y género impuestas por la época.
Pero esa noche la situación fue distinta.
Luego de las detenciones, una multitud comenzó a reunirse en la calle. La bronca por años de hostigamiento se transformó en resistencia: hubo enfrentamientos, protestas y una movilización que se extendió durante las noches siguientes en torno al bar, Christopher Park y las calles de Greenwich Village.
Stonewall no fue la primera vez que personas LGBTQ+ enfrentaron la persecución estatal. Antes ya existían organizaciones, reclamos y resistencias frente a la violencia policial. Sin embargo, la revuelta se volvió un punto de inflexión porque impulsó una nueva etapa de organización, visibilidad y lucha por derechos.

Un año después de Stonewall, el 28 de junio de 1970, miles de personas marcharon por Nueva York en la primera conmemoración de aquella resistencia. La movilización fue conocida como Christopher Street Liberation Day y se convirtió en antecedente directo de las marchas del orgullo que luego se expandieron a distintas ciudades del mundo.
Ese pasaje fue clave: de los encuentros clandestinos y los espacios de supervivencia frente a la persecución, el movimiento empezó a ganar las calles con reclamos públicos por libertad, igualdad, reconocimiento y respeto.
Con el tiempo, junio pasó a ser identificado en muchos países como el Mes del Orgullo, mientras que el 28 de junio quedó establecido como la fecha internacional de referencia.

La palabra orgullo no busca señalar superioridad. Su sentido político está vinculado a la posibilidad de vivir sin vergüenza, miedo ni ocultamiento.
Durante décadas, muchas personas fueron expulsadas de sus familias, perseguidas por la Policía, criminalizadas, patologizadas o discriminadas en el trabajo, la escuela, el sistema de salud y otros ámbitos de la vida cotidiana.
Por eso, las marchas y actividades del Orgullo combinan celebración, memoria y reclamo. Son espacios de visibilidad, pero también de demanda por políticas públicas, igualdad ante la ley, acceso a la salud, educación, empleo, reconocimiento de identidades y una vida libre de violencias.
En la Argentina, el 28 de junio también se recuerda como Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+. Sin embargo, la movilización principal del país se realiza habitualmente el primer sábado de noviembre.
La primera Marcha del Orgullo argentina se realizó el 2 de julio de 1992, desde Plaza de Mayo hasta el Congreso. Participaron cerca de 300 personas y muchas de ellas llevaron máscaras de cartón para evitar ser reconocidas, en un contexto en el que aún persistían el miedo, la discriminación y la violencia institucional.
La convocatoria fue impulsada por organizaciones como la Comunidad Homosexual Argentina, Sigla, Transexuales por el Derecho a la Vida, la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, Convocatoria Lesbiana y otros colectivos que venían construyendo espacios de militancia y acompañamiento.
En 1997, las organizaciones consensuaron trasladar la marcha anual a noviembre. La decisión tuvo una doble dimensión: por un lado, se buscó evitar el frío de junio y julio, especialmente por su impacto sobre personas que vivían con VIH/sida; por otro, la fecha se vinculó con la fundación de Nuestro Mundo, el 1 de noviembre de 1967.
Nuestro Mundo es reconocido como la primera organización disidente de la Argentina y de América Latina. Por eso, noviembre no reemplaza la conmemoración internacional del 28 de junio: suma una fecha propia dentro de la historia de la diversidad y la lucha por derechos en el país.

Ilse Fuskova, activista feminista y por los derechos LGBTIQ+, periodista y fotógrafa argentina, en la primera Marcha del Orgulo en Argentina.

Carlos Jauregui, también en la primera Marcha del Orgullo en Buenos Aires, julio de 1992.
Las siglas pueden variar según los contextos, las organizaciones y las formas de nombrarse de cada persona. En esta nota se utiliza LGBTIQ+:
La diversidad de siglas refleja que no existe una única experiencia. También expresa la necesidad de nombrar realidades históricamente invisibilizadas.
A más de medio siglo de Stonewall, el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+ recuerda una revuelta que nació contra la persecución policial y se transformó en una bandera global por igualdad, libertad y reconocimiento.