Por: Pablo Skorupski
Y finalmente se estrenó “Supergirl”, el nuevo “tanque” de DC Studios con el que pretende impulsar su nuevo universo cinematográfico basado en los personajes de DC Comics. Se trata de la segunda entrega de la renovada franquicia, iniciada con “Superman” (2025), la película protagonizada por David Corenswet que además presentó a Milly Alcock como Supergirl.
Aquí Alcock encarna nuevamente a la “Chica de Acero”, mientras que Corenswet vuelve a ponerse el traje azul y rojo para realizar cuidadas apariciones en momentos clave de la cinta. Pero antes de explicar de qué va “Supergirl”, conviene remarcar un hecho: no estamos ante una película de superhéroes, sino ante una película con superhéroes.

ADVERTENCIA: a continuación aparecerán algunos spoilers.
“Supergirl” es, en definitiva, un western espacial, con estética retrofuturista y guiños al imaginario de los años 80. Tanto en lo visual como en lo narrativo, combina elementos clásicos del personaje, tomando como inspiración principal el cómic contemporáneo “Supergirl: Woman of Tomorrow”. Al mismo tiempo, mira hacia el cine de antaño al recuperar la ambientación y los tópicos de sagas legendarias de aquel período, especialmente “Star Wars” y “Mad Max”.
De hecho, la influencia del western también se evidencia en la inspiración tomada de “True Grit” -estrenada en nuestro país como “Temple de Acero”-, un clásico del género de 1969 protagonizado por el mítico John Wayne y la joven Kim Darby. Allí, una muchacha de 14 años contrata a un viejo y maltrecho alguacil para dar con el asesino de su padre y vengar su muerte. Un punto de partida muy similar al de “Supergirl”, aunque con personajes y escenarios completamente diferentes.
Ahora, si bien “Supergirl” no es una mala película, entretiene y conecta con la esencia del personaje, falla en darle mayor vuelo y profundidad al vínculo entre sus dos protagonistas: Kara Zor-El/Supergirl y Ruthye, la niña huérfana que emprende un viaje de venganza, interpretada por Eve Ridley. La aventura que ambas comparten y el viaje transformador que Kara emprende junto a ella se van diluyendo por momentos, cuando en realidad constituyen el verdadero corazón de la trama.

Eso sí, Milly Alcock se luce como la Supergirl de estos tiempos. Su papel de una joven rebelde que vive de joda en bares de mala muerte en los confines de la galaxia, intentando escapar de un trauma que aún no logra superar y acompañada por su inseparable perro Krypto -clave en la trama-, nos va introduciendo de a poco en su historia.
La destrucción de Krypton, la supervivencia en Argo City -el fragmento del planeta donde nació, convertido en una urbe solitaria flotando en el espacio- y su posterior viaje hacia la Tierra para reunirse con su primo Kal-El/Superman se revelan mediante flashbacks. Si bien el recurso funciona, narrativamente quizá habría sido más efectivo conocer esa parte de su historia desde el comienzo, a modo de prólogo, como sucedía con Kal-El en “Superman” (1978), la pionera película protagonizada por Christopher Reeve.
Milly Alcock con su actuación logra construir un estándar propio y distanciarse de las otras Supergirl icónicas de la pantalla: Helen Slater, protagonista de “Supergirl” (1984), primera incursión cinematográfica de la “Chica de Acero”, y Melissa Benoist, figura central de la exitosa serie televisiva “Supergirl”, que se emitió durante seis temporadas entre 2015 y 2021.
Mientras la Supergirl de Helen Slater es más inocente, dulce y optimista y la de Melissa Benoist destaca por su empatía, liderazgo y capacidad para inspirar esperanza, la interpretación de Alcock presenta a una Kara desaliñada, conflictuada y endurecida por las pérdidas que padeció a lo largo de su vida, pero sin renunciar a su propósito ni a su sentido de justicia.
En ese sentido, la película acierta al hacer hincapié en las diferencias que distinguen a Supergirl de Superman. Aunque ambos comparten el mismo objetivo -hacer el bien-, las motivaciones que los impulsan y la manera en que enfrentan los conflictos son distintas.

Otros aciertos de “Supergirl” son:

Pero también se podrían haber mejorado otras cosas, ya que hay aspectos en que la película no termina de convencer:

En conclusión, más allá del buen desempeño de Milly Alcock y de varios de los aciertos de DC Studios, todavía no hemos visto la película definitiva de Supergirl: ese filme emblemático que marque una era y termine de consagrar al personaje en la pantalla grande. Queda la sensación de que, en ese aspecto, se dejó pasar una oportunidad.
Habrá que esperar para saber si esta encarnación de Supergirl tendrá una segunda parte donde pueda desplegar todo su potencial o si terminará subordinada al desarrollo cinematográfico Superman. Aún es demasiado pronto para saberlo.