
La efeméride fue recordada este viernes por el área de Museos del Parque Miguel Lillo, que rescata diariamente acontecimientos que forman parte de la memoria histórica de Necochea y Quequén.
Según los registros históricos, la medida fue adoptada a pedido de la entonces Dirección General de Navegación y Puertos y comprendió terrenos pertenecientes a la sucesión de Carlos Díaz Vélez, tasados por el Banco Hipotecario Nacional en 388.743 pesos moneda nacional.
La incorporación de esas tierras no fue un hecho aislado ni una simple cuestión administrativa. Permitió que el puerto contara con espacio para proyectar nuevas obras, ampliar su infraestructura y acompañar el crecimiento que comenzaba a experimentar la actividad portuaria.
Con el paso de las décadas, aquella expropiación se transformó en una de las decisiones más importantes para consolidar el desarrollo de Puerto Quequén, hoy reconocido como uno de los principales puertos agroexportadores del país.
Pocos saben que la historia de Puerto Quequén es incluso anterior a la del Partido de Necochea.
Los primeros registros documentales de actividad portuaria datan de 1863, dos años antes de la fundación del distrito, ocurrida en agosto de 1865. En aquellos años, la operatoria se realizaba mediante pequeños muelles de madera distribuidos sobre ambas márgenes del río Quequén Grande, desde donde se embarcaban principalmente lanas, cueros y otros productos ganaderos.
En 1882, el movimiento comercial alcanzaba casi 4.000 toneladas, transportadas por 71 embarcaciones, un dato que ya reflejaba el enorme potencial productivo de la región.
A fines del siglo XIX, la llegada del ferrocarril redujo considerablemente la actividad portuaria al concentrar el transporte de mercaderías hacia otros puertos bonaerenses.
Sin embargo, vecinos, productores y comerciantes impulsaron durante años la construcción de una terminal marítima moderna que permitiera recuperar el protagonismo perdido.
Ese proyecto comenzó a hacerse realidad cuando el Congreso Nacional sancionó en 1908 la Ley Nº 5.705, que dio origen al actual Puerto Quequén.
Las obras comenzaron el 13 de febrero de 1911, a cargo de la empresa francesa Société des Grands Travaux de Marseille, responsable de construir las escolleras Norte y Sur, los primeros sitios de embarque, galpones y el histórico puente giratorio.
Aunque los trabajos concluyeron formalmente en 1922, fue recién hacia finales de esa década cuando grandes exportadoras como Bunge y Born, La Plata Cereal y Louis Dreyfus comenzaron a operar desde Puerto Quequén, impulsando un crecimiento que ya no se detendría.
En ese contexto de expansión, la expropiación del 4 de julio de 1945 permitió reservar tierras estratégicas para continuar ampliando la infraestructura portuaria.
Aquellas 18 hectáreas fueron fundamentales para acompañar el desarrollo de un puerto que, con el correr de los años, se transformó en una de las principales puertas de salida de la producción agropecuaria del sudeste bonaerense y de una vasta región del interior argentino.
Hoy, Puerto Quequén moviliza millones de toneladas de granos y subproductos cada año, recibe cientos de buques de ultramar y ocupa un lugar central dentro del sistema portuario nacional.
A 81 años de aquella expropiación, la efeméride invita a recordar una decisión que trascendió su tiempo.
Lo que comenzó con la incorporación de un sector estratégico de tierras terminó convirtiéndose en una de las bases del crecimiento de un puerto que no solo impulsó el desarrollo económico de Necochea y Quequén, sino que también consolidó a la región como uno de los polos agroexportadores más importantes de la Argentina.