
Esa mirada atravesó toda la entrevista que el presidente del Consorcio, Mariano Carrillo, y el gerente operativo, Gustavo Gavilán, mantuvieron con NdeN. Lo que comenzó como un balance de los primeros seis meses de gestión terminó convirtiéndose en una conversación sobre el puerto que imaginan para el futuro: una terminal que no dependa únicamente del cereal, capaz de captar nuevas cargas, adaptarse a una Hidrovía más profunda, fortalecer su infraestructura y consolidar un vínculo cada vez más estrecho con la comunidad.
La primera pregunta apuntó inevitablemente al plano político. Cuando Carrillo asumió la presidencia del Consorcio de Gestión, muchos interpretaron que su designación tendría un carácter transitorio. Sin embargo, seis meses después el esquema de conducción permanece sin cambios y el directorio continúa desarrollando el plan trazado desde diciembre.
Lejos de interpretar esa continuidad como un respaldo personal, Carrillo eligió poner el foco en el funcionamiento institucional del organismo.
"Nosotros estamos trabajando sobre la base de un gobierno del directorio. El que gobierna y administra es el directorio según la ley. Gustavo Gavilán, Pablo Aued y quien les habla ocupamos nuestras funciones por mandato del directorio. Venimos desarrollando políticas de orden y de obras que esperamos redunden en beneficio de la familia portuaria, de la comunidad portuaria y de la comunidad en general".
La frase resume buena parte del perfil que el presidente intenta imprimirle a la gestión. A lo largo de la entrevista evitó hablar de logros personales y volvió una y otra vez sobre una misma idea: construir un puerto pensado a largo plazo, con proyectos que puedan sostenerse más allá de quienes ocupen circunstancialmente los cargos de conducción.

Cuando NdeN consultó cuál era hoy la obra que más preocupa a la conducción del Consorcio, la respuesta sorprendió.
Antes de hablar de muelles, accesos o infraestructura operativa, Gavilán eligió referirse al refulado de las playas de Quequén, una intervención que definió como una obra de enorme impacto social.
"Nosotros lo tenemos como una obra de carácter social. La erosión costera preocupa cada vez más y entendemos que el puerto también tiene un compromiso con esa realidad", explicó.
El gerente operativo señaló que el estudio de prefactibilidad se encuentra en su etapa final y permitirá definir con precisión el costo de una intervención que demandaría entre 20 y 30 millones de dólares, aunque aclaró que el desafío no pasa únicamente por recuperar arena.
"No alcanza con tirar arena. Hay que hacer algún muro de contención para que eso tarde más tiempo en volver a suceder. Si no, hacés una playa hermosa y te dura un verano".
La explicación derivó rápidamente hacia otro tema que, para la conducción del puerto, resulta aún más determinante.
Más allá de las obras que hoy están en ejecución, Carrillo y Gavilán coinciden en que el mayor desafío todavía no llegó.
La futura profundización de la Hidrovía hasta los 40 pies aparece como un cambio estructural para todo el sistema portuario argentino y obligará a Puerto Quequén a redefinir parte de la estrategia que sostuvo durante décadas.
Históricamente, el puerto cumplió un papel central como terminal de completamiento para los grandes buques cerealeros. Si esas embarcaciones logran salir con mayor carga desde el sistema fluvial, ese esquema comenzará a modificarse.
Lejos de esquivar esa realidad, Gavilán la plantea como un desafío que debe afrontarse desde ahora.
"Nosotros tenemos por delante una Hidrovía que propone llevar de acá a cinco años una profundidad de 40 pies. Somos un puerto de completamiento de esa Hidrovía y eso eventualmente podría significar que el completamiento no sea el que tenemos actualmente, sino que podría ser aún menor".
Para el gerente operativo, la respuesta no pasa por esperar que ese escenario llegue.
"Tenemos que empezar a repensar cómo volvemos a captar y seguir manteniendo el nivel de carga que tenemos y avanzar aún más con un escenario de ese tenor".
Y fue entonces cuando pronunció una frase que terminó convirtiéndose en uno de los conceptos centrales de toda la entrevista.
"Tenemos que empezar a abrir la cabeza".
No se trata solamente de incorporar tecnología o mejorar procesos.
Se trata de imaginar un puerto diferente.
Para Gavilán, pensar el Puerto Quequén del futuro implica proyectar obras que exceden ampliamente el horizonte de una gestión. Entre ellas mencionó el soterramiento de la línea de alta tensión, una intervención que permitiría liberar espacio para el crecimiento operativo del puerto.
"Uno plantea el soterramiento de alta tensión, que no son obras menores ni de costos faraónicos. Eso nos permitiría crecer río adentro, con muelles corridos y dar aún más previsibilidad. Y, por último, el puente, que ya es una cuestión más grande, que se podría plantear como un puerto distinto", explicó.
Lejos de presentar esas iniciativas como proyectos inmediatos, el gerente operativo remarcó que forman parte de una planificación estratégica de largo plazo.
"Todo eso está en carpeta. Sí hay un plan para hacerlo, pero es un plan que trasciende mucho tiempo y gobiernos inclusive. Hay que buscar un norte en la gestión, indistintamente de los gobiernos y de los directorios, porque lo que necesitamos es planificar un puerto con crecimiento para que la comunidad portuaria sea aún mayor y, por ende, el derrame para la sociedad sea el que merece. De lo contrario, siempre estaremos viendo un puerto pequeño, de completamiento y sin demasiada salida; el proyecto es mucho más amplio".
Ese cambio de paradigma ya comenzó.
La descarga de enormes cadenas destinadas a la industria offshore marcó un punto de inflexión para Puerto Quequén y abrió la puerta a nuevas oportunidades vinculadas con el desarrollo energético.
"No es solamente cereal ni fertilizante; debería ser otro tipo de carga. Hoy el vínculo lo tenemos con la gente de Vaca Muerta para empezar a llevar elementos para esa zona", explicó Gavilán.
Detrás de aquella operatoria hubo casi tres meses de trabajo conjunto entre el Consorcio, Prefectura Naval, Aduana, operadores privados y distintas áreas técnicas.

"La empresa vio con muy buenos ojos el profesionalismo que se dio desde el Consorcio y desde todos los organismos que participaron de la operatoria", recordó.
La planificación ya mira incluso más lejos.
El crecimiento de Vaca Muerta, el desarrollo de nuevos proyectos industriales y la llegada de aerogeneradores cada vez más grandes obligan a pensar un puerto con capacidades logísticas diferentes.
"Los eólicos que antes llegaban tenían aspas de 60 metros. Los que vienen ahora tendrán alrededor de 90 metros. El desafío ya no es solamente recibirlos, sino resolver cómo sacarlos del puerto", explicó.
Ese escenario vuelve a poner sobre la mesa un viejo tema para la región: la recuperación del ferrocarril.
Para Gavilán, pensar el Puerto Quequén del futuro también implica recuperar una discusión histórica para la región: el ferrocarril.
Lejos de tratarse de una reivindicación nostálgica, el gerente operativo considera que una conexión ferroviaria eficiente podría transformarse en una herramienta estratégica frente a los cambios que se proyectan para el sistema portuario argentino.
"Hicimos un planteo con la gente de la exportación respecto a que el ideal en este sistema es que se arreglara el tema del tren. Eso nos permitiría, en un año donde el río Paraná tuviese poca agua, tener un elemento de transporte para traer esa carga hasta Puerto Quequén", explicó.
La lógica, sostiene, es sencilla. Mientras el sistema fluvial depende de las condiciones del río, Puerto Quequén conserva una ventaja natural difícil de igualar.
"Puerto Quequén tiene un puerto profundo y una rápida salida al mar. Esa sigue siendo una fortaleza muy importante."
Sin embargo, para aprovechar ese potencial también será necesario continuar invirtiendo en infraestructura y modernizando la operatoria del puerto.
Cuando se habla de inversiones, la atención suele concentrarse en las grandes obras. Sin embargo, puertas adentro del puerto avanza un trabajo permanente que pocas veces llega a conocimiento de la comunidad.
Recalce y refuerzo de muelles, nuevas defensas neumáticas, renovación de bitas de amarre, mejoras en iluminación, pavimentación y distintas intervenciones estructurales forman parte de un plan destinado a acompañar el crecimiento del tamaño de los buques y garantizar condiciones de operación cada vez más exigentes.
"Hace noventa años no se cargaban barcos de 70 mil toneladas y las bitas son de esos tiempos. Todo eso requiere refuerzos permanentes", explicó Gavilán.
Según señaló, muchas de esas obras pasan inadvertidas porque no modifican la imagen exterior del puerto, pero resultan indispensables para sostener el nivel operativo que hoy demanda el comercio internacional.

Dentro de ese proceso, uno de los logros que la actual conducción destaca especialmente es la obtención de la habilitación definitiva otorgada por la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPYN).
Consultado por NdeN sobre qué representa concretamente esa habilitación, Gavilán explicó que durante muchos años Puerto Quequén operó con permisos provisorios, renovados periódicamente mientras se cumplían distintos requerimientos técnicos.
"Cuando hablamos de habilitación definitiva significa que el puerto tiene los estándares de seguridad operativos para trabajar en el marco en el cual hoy lo hace. Las habilitaciones provisorias siempre implicaban observaciones pendientes que había que ir resolviendo."
El gerente operativo remarcó que la certificación no representa solamente un trámite administrativo.
"Es la tranquilidad de saber que toda la infraestructura está preparada para operar con los estándares que hoy exige el movimiento portuario. Detrás de eso hay muchos años de inversión y de trabajo técnico", afirmó.
Aunque buena parte de la entrevista estuvo enfocada en la logística y la infraestructura, Carrillo insistió en que el desarrollo portuario no puede medirse únicamente por la cantidad de toneladas exportadas.
Para el presidente del Consorcio, uno de los grandes objetivos de esta gestión es consolidar Puerto Ciudad como una política permanente y profundizar el vínculo con Necochea y, especialmente, con Quequén.
El programa continuará acompañando a deportistas de alto rendimiento, instituciones educativas y organizaciones sociales, pero durante esta etapa también incorporó nuevas líneas de trabajo relacionadas con discapacidad, prevención de consumos problemáticos y fortalecimiento de distintos espacios comunitarios.
"Nos parece una forma de ser cooperativos, de ser solidarios con esta comunidad a la cual tanto queremos y tanto le debemos", expresó Carrillo.
Durante la charla recordó además distintas intervenciones realizadas por el Consorcio en el CEF, en la Avenida Almirante Brown, en Punta Carballido y establecimientos educativos, y sostuvo que el crecimiento del puerto también genera responsabilidades con la comunidad.
"Quequén ha tenido mucha paciencia con el crecimiento de la actividad portuaria. Nosotros entendemos que ese crecimiento también debe traducirse en obras y acciones concretas para la ciudad."

Carrillo reconoció que las instituciones recurren cada vez más al Consorcio en busca de acompañamiento y que eso obliga a establecer prioridades.
"Administramos los recursos humanos y materiales disponibles. En algunos casos llegamos primero, en otros llegamos después. Pero siempre llegamos, siempre estamos."
Para el presidente, esa cercanía con la comunidad constituye una parte inseparable de la función que hoy debe cumplir Puerto Quequén.
Sobre el final de la entrevista, NdeN planteó una pregunta que sintetizó buena parte de la conversación: ¿qué puerto imaginan dentro de cinco o diez años y por qué les gustaría que fuera recordada esta gestión?
Carrillo volvió a alejarse de cualquier definición personalista.
"Debe desterrarse el yo y debe instaurarse el nosotros", respondió.
Y agregó:
"Esto es un equipo. Solamente trabajando juntos podremos seguir detectando problemas, arbitrando soluciones y responder mejor a la comunidad portuaria y a toda la región."
En la misma línea, Gavilán sostuvo que el desafío pasa por consolidar un puerto gestionado con criterios de eficiencia, pensado como una organización al servicio de la comunidad portuaria, de sus trabajadores y del desarrollo regional, donde las decisiones respondan a una planificación de largo plazo y no solamente a las urgencias del presente.

Después de más de media hora de conversación quedó claro que la actual conducción del Consorcio no pretende que la gestión sea recordada únicamente por una obra o por un récord de exportaciones. La apuesta es más ambiciosa: preparar a Puerto Quequén para un escenario logístico que ya comenzó a cambiar, diversificar su matriz de cargas, fortalecer su infraestructura y profundizar el vínculo con la comunidad.
En definitiva, pensar el puerto mucho más allá del próximo embarque y comenzar a construir, desde hoy, el Puerto Quequén de las próximas décadas.