Cada semana, niños, adolescentes, adultos y personas mayores se encuentran alrededor de una mesa para aprender, jugar y compartir. En esas partidas se ejercitan la concentración, la planificación y la toma de decisiones, pero también la paciencia, el respeto por las reglas y la capacidad de convivir con el error.
La escuela funciona los jueves y viernes, de 17 a 20, en el Centro Cultural Municipal de calle 54 Nº 3062. Las clases están a cargo de los profesores Gisela Decastelli y Emanuel Batillier, quienes sostienen un espacio que combina formación, competencia e integración entre generaciones.

Aprender ajedrez no consiste únicamente en conocer cómo se desplazan las piezas. Cada jugada obliga a observar, comparar alternativas, anticipar consecuencias y modificar un plan cuando la situación cambia.
La literatura especializada no presenta al ajedrez como una fórmula automática para mejorar el rendimiento escolar. Sin embargo, distintos estudios señalan que su enseñanza organizada puede ejercitar funciones como la planificación, la flexibilidad cognitiva, el control de los impulsos, la memoria y la resolución de problemas.
También existe una dimensión social. Al tratarse de un juego con reglas y turnos, puede favorecer aprendizajes vinculados con el juego limpio, el respeto por el oponente, la aceptación del resultado y la comprensión de otras perspectivas.
Por eso, una escuela pública de ajedrez no solo forma jugadores. También ofrece un lugar de encuentro, una actividad educativa fuera del aula tradicional y una propuesta capaz de reunir a personas de distintas edades alrededor de un mismo desafío.
La directora municipal de Educación, Mariela Maceiro, destacó que al recorrer el Centro Cultural se encuentran las mesas ocupadas por niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.
Esa diversidad es uno de los principales valores de la escuela. Frente al tablero, la edad deja de ser una barrera: pueden compartir una partida alguien que recién aprende los movimientos básicos y otro jugador con años de experiencia.
El ajedrez propone además un ritmo diferente. Exige detenerse, mirar, esperar el turno y pensar antes de actuar. En un contexto atravesado por la inmediatez y las pantallas, la posibilidad de sostener la atención y encontrarse presencialmente también forma parte de su función educativa y comunitaria.

El crecimiento del espacio se apoya en la tarea constante de Decastelli y Batillier, pero también en el acompañamiento de las familias y de quienes participan de las clases.
Maceiro puso en valor el compromiso de ambos docentes y señaló que, aun con recursos limitados, la escuela consiguió buenos resultados y mantuvo un crecimiento sostenido.
Las familias también colaboraron para concretar la reciente adquisición, junto con un subsidio municipal gestionado a través del Centro Cultural. Esa articulación permitió comprar tres tableros profesionales y cinco relojes internacionales, que se sumaron a una inversión anterior destinada a ampliar la cantidad de juegos reglamentarios.
Para quienes juegan de manera recreativa, el reloj puede parecer un elemento secundario. En una competencia, en cambio, forma parte central de la partida: cada jugador dispone de un tiempo limitado y debe administrar sus decisiones bajo esa condición.
Hasta ahora, la escuela contaba principalmente con tableros educativos de menor tamaño y no tenía relojes propios. Eso hacía que algunos alumnos se enfrentaran por primera vez con el equipamiento profesional al momento de participar de un torneo.
Los nuevos materiales permitirán que las prácticas reproduzcan las condiciones reales de competencia y mejorarán la preparación de quienes representan a Necochea en distintos certámenes.
Decastelli mencionó entre los jugadores que vienen consiguiendo resultados a Fermín Vera, Máximo Corvalán y Gonzalo Maldonado. “El talento está; necesitábamos recursos”, resumió la profesora al explicar el valor de la incorporación.
Los profesores consideran que la compra es un primer paso y esperan continuar incorporando materiales durante el año.
El desafío no se limita a acompañar a quienes buscan competir. También pasa por sostener una puerta de entrada para nuevos jugadores, ampliar la participación y conseguir que más chicos y chicas descubran una actividad que combina juego, aprendizaje y encuentro.
La Federación Internacional de Ajedrez considera que su enseñanza puede funcionar como una herramienta educativa para desarrollar pensamiento crítico, resolución de problemas y otras habilidades necesarias para desenvolverse dentro y fuera del aula.
En Necochea, esa idea se concreta cada jueves y viernes, cuando las piezas vuelven a ocupar las mesas del Centro Cultural. Los tableros y relojes profesionales mejorarán los entrenamientos, pero el patrimonio principal de la escuela sigue siendo otro: sus profesores, sus alumnos, las familias que acompañan y la comunidad que se construye alrededor de cada partida.
Las clases se dictan los jueves y viernes, de 17 a 20, en el Centro Cultural Municipal, ubicado en calle 54 Nº 3062, entre 61 y 63.
Las personas interesadas en conocer la propuesta o realizar consultas pueden comunicarse con la Escuela Municipal de Ajedrez a través de su cuenta de Instagram, @ajedrez.necochea.