
Inaugurado el 21 de julio de 1929, durante la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen, el puente marcó un antes y un después para el desarrollo de la región. Su construcción permitió reemplazar el antiguo sistema de balsas y puentes de madera, que eran destruidos con frecuencia por las crecidas del río, mejorando la comunicación entre ambas ciudades y acompañando el crecimiento de Puerto Quequén, que comenzaba a consolidarse como uno de los principales puertos exportadores del país.
Aunque la inauguración llegó en 1929, la historia del puente comenzó mucho antes. Los primeros reclamos para construir una conexión permanente datan de 1905, cuando el entonces Ministerio de Obras y Servicios Públicos de la Provincia decidió impulsar una obra que resolviera las dificultades que sufrían vecinos, comerciantes y productores para cruzar el río. Sin embargo, entre el proyecto inicial y la inauguración oficial transcurrieron casi 25 años.
La construcción comenzó en 1925 bajo la dirección del ingeniero Pascual Palazzo, mientras que toda la estructura metálica fue fabricada en Francia por la empresa Chantiers et Ateliers de la Gironde. Las piezas viajaron desde el puerto de Cherburgo a bordo de los buques Pampa y Bahía Blanca, fueron desembarcadas en Puerto Quequén y trasladadas cinco kilómetros río arriba hasta el lugar donde finalmente se levantó la estructura.
Con 270 metros de longitud, un vano central de 150 metros, dos laterales de 60 metros, torres metálicas de 25,70 metros de altura y 32 cables de acero que sostienen el tablero, el Hipólito Yrigoyen fue una verdadera proeza de la ingeniería para su época. Cada uno de esos cables está compuesto por 169 alambres de acero dispuestos en capas concéntricas.
Cuando fue inaugurado era una obra excepcional: en el mundo existían apenas cuatro puentes colgantes carreteros de características similares, lo que convirtió a Necochea y Quequén en protagonistas de un hito de la ingeniería. Además, posee un "hermano gemelo": el histórico Puente Colgante de la Laguna Setúbal, en Santa Fe, construido con el mismo sistema estructural.

Con el paso de las décadas dejó de ser solamente una obra vial para transformarse en una de las postales más reconocidas del distrito. Es escenario de caminatas, competencias deportivas, sesiones fotográficas, celebraciones, encuentros y uno de los lugares más elegidos por vecinos y turistas para contemplar el río Quequén Grande y el movimiento del puerto.
También fue protagonista de algunos de los momentos más importantes de la historia local. Su estructura original logró resistir incluso la histórica inundación de 1980, que afectó gravemente otros cruces sobre el río, reafirmando la calidad de una obra que continúa en servicio casi un siglo después de su inauguración.
Luego de décadas de uso, el puente fue sometido a una importante restauración y reinaugurado el 17 de febrero de 2006 como parte de un plan provincial de preservación de obras históricas. Los trabajos incluyeron la pintura integral de la estructura, la renovación de veredas, nuevas pasarelas metálicas laterales, mejoras en los accesos, iluminación y señalización del entorno. Desde entonces, el tránsito quedó restringido a automóviles, motocicletas, bicicletas y peatones, mientras que los vehículos pesados utilizan el Puente Taraborelli.
El reconocimiento a su valor histórico fue llegando con el paso de los años. En 1994 fue declarado Patrimonio Provincial; en 1999, Patrimonio Municipal; y finalmente, el 9 de agosto de 2017, el Estado nacional lo declaró Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 620/2017, protegiendo oficialmente una de las obras más emblemáticas del patrimonio industrial argentino.
Mientras la comunidad ya comienza a mirar hacia el centenario que celebrará en 2029, el Puente Colgante Hipólito Yrigoyen sigue siendo mucho más que una estructura de acero. Es el primer paisaje que reconocen quienes regresan a casa, una de las imágenes más fotografiadas por los turistas y el símbolo que, desde hace 97 años, recuerda que Necochea y Quequén crecieron unidas por una misma historia.
