
Santiago tenía 35 años y murió el sábado 25 de julio, después del vuelco de un Jeep en las playas del sur de Necochea. Su partida causó una profunda conmoción entre familiares, amigos, compañeros de trabajo y miembros de la comunidad vinculada a los vehículos todoterreno.
En medio de ese dolor, María Eugenia compartió un extenso mensaje dedicado a quien fue su compañero durante 12 años y el padre de sus hijas, Josefina, de 5 años, e Inés, de 20 meses.
“Fuiste amigo, fuiste luz, fuiste alegría, fuiste nuestra casa, nuestro lugar seguro siempre y el gran hombre de nuestras niñas”, escribió en uno de los pasajes más conmovedores.
Santiago trabajaba en el sector de lubricentro de una estación de servicio ubicada en avenida 59 y calle 70, en Necochea.
Además, se dedicaba a restaurar, modificar y preparar vehículos todoterreno. Sus trabajos eran reconocidos más allá de la ciudad y recibía consultas de personas de diferentes lugares del país.
En sus redes sociales mostraba proyectos mecánicos, pruebas con Jeeps y recorridos sobre la arena. Sin embargo, como remarcó María Eugenia, esa pasión era solamente una parte de su vida.
En el ámbito familiar era un padre que disfrutaba peinar, bañar, perfumar y cocinarles a sus hijas. También les cantaba, jugaba durante horas con ellas y las acompañaba en sus actividades.
No se perdía las reuniones del jardín, los actos ni los momentos importantes. En palabras de su compañera, se convertía “en un chico más” cada vez que jugaba con las nenas.
También amaba compartir peñas con sus amigos, cocinar, bailar, pasear con su familia y proyectar permanentemente nuevos trabajos.
El accidente ocurrió poco antes de las 18.30 en el sector conocido como Paso del Arroyo, al sur de Necochea, después de Punta Negra y en cercanías del Parque Eólico.
Santiago estaba probando un Jeep blanco con motor Chevrolet, preparado para circular sobre la arena y terrenos difíciles. De acuerdo con las reconstrucciones conocidas después del hecho, el vehículo había sido armado para un cliente y no era el Jeep rojo que mostraba habitualmente en sus redes sociales.
Estaba acompañado por amigos que se desplazaban en otros tres vehículos preparados para la arena. Tras el vuelco, fueron ellos quienes solicitaron asistencia.
En el operativo intervinieron Defensa Civil, Tránsito municipal, Policía, el Comando de Prevención Rural, el Comando de Patrullas y personal médico.
El director de Defensa Civil, Augusto Fulton, informó que se realizaron maniobras de reanimación cardiopulmonar en la playa y que debió abrirse camino para permitir el traslado en ambulancia hasta el Hospital Municipal Dr. Emilio Ferreyra.
El informe preliminar de la autopsia determinó que Santiago murió como consecuencia de múltiples politraumatismos.
La investigación quedó bajo intervención de la UFI Nº 1 del Departamento Judicial de Necochea. Hasta el momento no se conoció públicamente una conclusión pericial definitiva que permita determinar la mecánica del vuelco.
Por ese motivo, las versiones acerca de la velocidad, el uso del cinturón de seguridad, el desprendimiento de una rueda o una eventual falla mecánica no pueden presentarse todavía como hechos comprobados.
María Eugenia también se refirió al dolor que le provocaron las interpretaciones y los comentarios posteriores al accidente: “Me inunda de angustia y tristeza pensar cómo te fuiste y que hablen de vos sin conocerte”.

Mi Santi:
Me cuesta escribirte algo lindo, porque esto significa una despedida y no quiero que lo sea. No quiero dejarte, no puedo, no estoy lista. Siempre te dije que vos eras el fuerte y que no podías irte de este mundo. Mi gran amor, mi gran compañero, sigo aferrándome a la idea de que sea una pesadilla o un mal chiste tuyo.
Me dejaste dos grandes amores, tan pequeñas: nuestras bebés, que tanto deseamos y agradecimos por tenerlas.
Pensando cómo poder explicarles lo que eras y lo que hacías por nosotras, no se puede poner en palabras el buen papá que eras, el buen hijo, hermano, compañero y amigo.
Toda persona que haya compartido medio minuto con vos sabe la buena persona que eras; que nunca esperabas nada a cambio, que entregabas más de lo que tenías porque así viviste siempre, sin enojo. No conocías lo que era el mal humor.
Tan divertido que, sin importar la situación, siempre nos hacías reír. Siempre ayudando a los demás. Tu sonrisa y tu personalidad hacían brillar a cualquiera que te rodeara.
Nos hiciste mejores personas a todos, mostrándonos que siempre se puede. Siempre veías lo positivo en todo, nunca te quejaste de nada, siempre ibas para adelante.
Siempre te dije que eras el alma de esta familia: el que bailaba y cantaba, el que nos hacía reír hasta que nos doliera la panza. Como decía Jose: “Me encanta que me hagas reír y seas tan chistoso”.
¿Cómo les explico a nuestras hijas el hombre que tuvimos, el padre que tuvieron? Nunca tuve que pedirte que fueras papá. Te encantaba peinarlas, bañarlas, perfumarlas, cambiarlas, cocinarles, cantarles, jugar y estar en el piso todo el día con ellas.
Las acompañabas a sus actividades, no te perdías una reunión de jardín, ningún acto, ninguna actividad. Amabas estar presente en cada pasito de ellas, en todo lo importante. Te convertías en un chico más cuando jugaban juntos.
Lo felices que hiciste a nuestras hijas no sé si llegaste a dimensionarlo. Como mamá y compañera, se me inflaba el pecho de orgullo de haberte elegido como su papá y de que crecieran con el mejor hombre del planeta.
Y fuiste más que eso: fuiste amigo, fuiste luz, fuiste alegría, fuiste nuestra casa, nuestro lugar seguro siempre y el gran hombre de nuestras niñas.
Me inunda de angustia y tristeza pensar cómo te fuiste y que hablen de vos sin conocerte.
Yo quiero agradecerte por haberme acompañado durante 12 hermosos años, por la familia que formamos, por todo lo lindo que me enseñaste. Me hiciste mejor persona, me enseñaste a ver la vida de otra manera.
No hubo un día que no te levantaras feliz y sonriendo. Y sí, es verdad que eras apasionado por los “fierros”, y eso mostrabas en las redes porque amabas lo que hacías.
Fuiste alguien que hizo la diferencia, fuiste único en lo que hacías. Ponías todo el corazón en cada trabajo, eras súper responsable y comprometido.
Sabías que yo no entendía nada, pero igual amaba escucharte hablar con tanta pasión. Nunca fue un trabajo más: era tu pasión y así lo mostraste siempre.
Sé que fuiste un distinto en lo que hacías. Siempre te escribían desde todas partes del país por tus trabajos y respondías a todos como si fueran tus amigos, con la buena onda que te caracterizaba, con respeto y altura siempre.
Pero también eras apasionado con tus hijas, con tu familia y tus amigos, y eso solo lo sabemos las personas que convivimos con vos.
Ponías tu entero corazón en absolutamente todo lo que hacías. Vivías feliz sin joder a nadie; al contrario, hacías felices a quienes te rodeaban.
Disfrutabas y amabas las peñas con tus tan queridos amigos, que hoy son familia. Amabas pasar tiempo con nosotras, pasear, jugar, bailar y preparar juntos las comidas más ricas.
Nunca te quedabas quieto, siempre ibas por más, siempre proyectando y avanzando. Y eso nos enseñaste a todos.
No hay dudas de que eras puro corazón y todos los que te conocimos sufrimos tu partida. Nos duele.
No paraste nunca de trabajar y de crear. Ahora descansá, mi amor.
Gracias por haberme elegido como compañera y mamá de nuestros tesoros, Inés y Josefina. Prometo cuidarlas, protegerlas y contarles siempre de vos.
Te voy a amar eternamente y te voy a extrañar hasta el último día de mi vida. Fuimos el mejor equipo y con tu partida te llevaste una gran parte de mí.
Por siempre mi corazón va a ser tuyo, hasta que nos volvamos a ver, mi gordito hermoso.