
El anuncio más impactante fue el denominado “grillete fiscal”, un mecanismo que permitiría paralizar actividades estatales, congelar gastos y suspender transferencias discrecionales a las provincias cuando las cuentas públicas permanezcan en déficit.
Milei también anunció una profunda reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, junto con futuros cambios en los mercados de capitales y seguros.
Por ahora, ninguna de estas medidas está vigente. Los proyectos deberán ingresar al Congreso, ser debatidos y reunir los votos necesarios para convertirse en ley.
Según explicó Milei, si el resultado fiscal fuera deficitario durante varios meses consecutivos, el Congreso tendría un plazo para restablecer el equilibrio.
Si no lo consiguiera, se activaría automáticamente un mecanismo similar al shutdown estadounidense.
Mientras permaneciera vigente, se aplicarían las siguientes medidas:
“Si la política no hace los deberes, la política pagará el costo”, sostuvo Milei durante el mensaje.
El mandatario afirmó que quedarían protegidas las jubilaciones, pensiones, asignaciones, el seguro de desempleo y los servicios esenciales de salud, educación, seguridad, defensa y del sistema penitenciario.
También adelantó que, si el proyecto es aprobado, invitará a las provincias a adherir al mismo régimen.
Aunque el Gobierno presentó la pérdida de los salarios políticos como la principal sanción, las consecuencias del mecanismo serían considerablemente más amplias.
La paralización de actividades no esenciales podría afectar el funcionamiento de organismos públicos y la atención de trámites, mientras que el congelamiento de contrataciones limitaría la capacidad de respuesta estatal ante determinadas emergencias.
Otro punto especialmente sensible es la suspensión de las transferencias discrecionales a las provincias, recursos utilizados para financiar obras, programas, asistencia económica y distintas políticas públicas.
En la Argentina, cuando el Congreso no aprueba un nuevo presupuesto, la legislación actual permite prorrogar el anterior. La propuesta de Milei modificaría esa lógica: frente al desequilibrio o la falta de una corrección legislativa, una parte del Estado dejaría de funcionar.
La experiencia de Estados Unidos muestra que los cierres gubernamentales pueden afectar áreas como transporte, educación, salud y servicios administrativos, aunque se mantengan las prestaciones consideradas indispensables.
La segunda parte del anuncio estuvo centrada en la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina.
Milei planteó cinco modificaciones principales.
Un único objetivo para el BCRA
El Banco Central volvería a tener como misión exclusiva preservar el valor de la moneda.
De esta forma, se eliminarían de su mandato actual objetivos como promover la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social, incorporados en la reforma de 2012.
Prohibición de financiar al Estado
El proyecto impediría que el Banco Central financie al Tesoro nacional, las provincias y los municipios.
También prohibiría la compra de títulos públicos nacionales en el mercado primario.
Milei sostuvo que incumplir esas restricciones debería considerarse una “estafa y asociación ilícita”, al equiparar la emisión destinada a cubrir gastos estatales con una falsificación de dinero.
El mecanismo de designación del presidente y los directores del BCRA se mantendría, pero su remoción sería considerablemente más difícil.
Para apartarlos de sus cargos se necesitaría el respaldo de dos tercios de la Cámara de Diputados y del Senado.
El Gobierno sostiene que esta exigencia permitiría proteger la independencia del organismo frente a las presiones políticas. En sentido contrario, la oposición advierte que podría dejar a futuras administraciones con un directorio designado durante el gobierno anterior y prácticamente imposible de reemplazar.
La reforma limitaría la transferencia de utilidades del Banco Central.
Los resultados provenientes de determinadas operaciones de cartera solamente podrían girarse al Tesoro para cancelar deuda, reduciendo la posibilidad de utilizar esos recursos para financiar otros gastos.
Eliminación de las letras intransferibles
El proyecto también eliminaría las letras intransferibles, títulos entregados por el Tesoro al Banco Central a cambio de reservas internacionales.
El Gobierno considera que estos instrumentos permitieron utilizar dólares de la autoridad monetaria para cubrir obligaciones estatales y dejaron al BCRA con títulos que no podían negociarse libremente.
Milei presentó la reforma como un blindaje contra la inflación y aseguró que la utilización del Banco Central para financiar déficits constituyó una forma de cobrar impuestos sin autorización del Congreso.
La posición oficial sostiene que impedir la emisión destinada al Estado, limitar el gasto deficitario y otorgar mayor independencia al BCRA permitiría evitar que futuros gobiernos vuelvan a recurrir al financiamiento monetario.
El Presidente definió al Banco Central como una herramienta utilizada históricamente para financiar a la política y prometió terminar con lo que denominó “91 años de saqueo, expropiación e impunidad”.
Uno de los principales cuestionamientos es que la reforma intenta limitar las herramientas económicas de las próximas administraciones.
Al establecer que el Banco Central solo deberá ocuparse de preservar el valor de la moneda, dejaría de intervenir legalmente con objetivos vinculados al empleo, el desarrollo productivo y la estabilidad financiera.
También genera controversia la mayoría de dos tercios exigida para remover a sus autoridades. Mientras el oficialismo habla de independencia, los críticos consideran que podría transformarse en un blindaje para el actual directorio.
Otro interrogante es la eficacia jurídica del proyecto. La Carta Orgánica del Banco Central se modifica mediante una ley ordinaria, por lo que otra mayoría legislativa podría cambiarla nuevamente en el futuro.
El “grillete fiscal”, por su parte, podría convertirse en un fuerte mecanismo de presión sobre el Congreso: si los legisladores no aceptan los recortes necesarios para volver al equilibrio, se activarían la paralización del Estado y la suspensión de fondos provinciales.
Milei adelantó otros dos proyectos orientados a reducir la intervención estatal sobre el sistema financiero.
El primero propone una liberalización del mercado de capitales, que permitiría emitir bonos corporativos en moneda extranjera, unidades de valor u otras unidades de medida. También alcanzaría a los sistemas de financiamiento colectivo.
El segundo plantea una reforma estructural del mercado de seguros. Las compañías podrían diseñar y ofrecer productos sin autorización previa, mientras el organismo regulador concentraría su intervención en controlar la solvencia de las empresas y prevenir estafas.
El Gobierno sostiene que la desregulación ampliará la oferta y reducirá los costos. Sin embargo, el retiro de controles previos también abre la discusión sobre el nivel de protección que conservarán asegurados y consumidores.
La cadena nacional presentó los lineamientos políticos del paquete, pero todavía resta conocer la redacción completa de los proyectos, incluyendo cuántos meses de déficit activarían el “grillete fiscal” y qué plazo tendría el Congreso para evitar el cierre parcial del Estado.
La discusión legislativa definirá si el Gobierno logra reunir los votos para avanzar con una reforma que no se limita al funcionamiento del Banco Central.
La propuesta intenta establecer límites económicos e institucionales para las administraciones futuras, modificar la relación entre el Poder Ejecutivo y el Congreso y determinar qué actividades deberá interrumpir el Estado cuando no alcance el equilibrio fiscal.
El oficialismo lo presenta como un blindaje contra la inflación y el déficit. Sus críticos observan, en cambio, un esquema que podría restringir la capacidad de decisión de futuros gobiernos, presionar a las provincias y trasladar las consecuencias del ajuste al funcionamiento cotidiano de los servicios públicos.