Por: Pablo Skorupski

Eran las 22.15 del domingo 26 de julio cuando los músicos de Armani Trío se adueñaron del escenario de Dickens Pub. A esa altura, el lugar estaba casi lleno, con todas las mesas delanteras ocupadas y un clima de expectativa entre el público, mayoritariamente local.
La historia del grupo se remonta a 1989. A lo largo de los años atravesó distintas formaciones —en algunas etapas bajo el nombre de Armani Cuarteto—, aunque siempre mantuvo la misma esencia bajo el liderazgo del guitarrista marplatense Jorge Armani.
Con una extensa trayectoria en los circuitos regional y nacional, integró el Fats Fernández Quinteto y actualmente encabeza el Jorge Armani Proyecto Blues, con el que se presentó en Necochea en octubre de 2024.
Además, como docente, brindó clínicas por todo el país, recibió dos Premios Estrella de Mar y la Distinción al Mérito Ciudadano del Municipio de General Pueyrredón.
La formación actual se completa con Martín De Lassaletta en bajo y Javier Puyol en batería. Con esa alineación, el trío desplegó un repertorio integrado por composiciones instrumentales de su discografía y algunas piezas nuevas. Sonaron temas como “Dos Menos Uno”, “Che, José” y “Ver”, entre otros.
Desde los primeros minutos se destacó el bajo de De Lassaletta, dotado de un sonido profundo y asumiendo protagonismo cuando la música lo requería. Uno de los puntos altos de la noche llegó con un pasaje solista que despertó admiración en toda la sala.
Puyol, por su parte, exhibió un estilo personal, preciso y orgánico. Su performance acompañó los cambios de clima y dinámica con naturalidad, alternando sutileza y potencia con solvencia.
Entre tema y tema, Jorge Armani dialogó con el público y con sus músicos, compartió recuerdos y contextualizó algunas composiciones. Con muy buen humor, contribuyó a la atmósfera intimista de la noche.
Desde la guitarra fue edificando sutiles melodías que parecían desarrollarse espontáneamente, siguiendo el pulso de cada pieza hasta desembocar en solos donde afloraron tanto su virtuosismo como su sensibilidad musical.
Aunque el jazz fue el tono predominante, también aparecieron matices que remitieron al blues e incluso algunas sonoridades cercanas al rock progresivo.
Para los oyentes menos habituados al género, podían percibirse ecos tanto de la expresividad de Gary Moore como de ciertas atmósferas de Pink Floyd, integrados con elegancia dentro de la propuesta.
En el transcurso de la presentación, Armani Trío sonaba como una banda bien ensamblada para luego convertirse en una conversación de a tres, como si fueran un pequeño grupo de amigos dialogando en la mesa de un bar, cada uno utilizando su instrumento como voz para expresar un lenguaje común.
Estudio, experiencia e improvisación difuminan sus límites ante nuestros ojos, aflorando el talento en estado puro y la conexión entre los músicos y el público.
El cierre del recital llegó con “Que el Viento Haga Su Trabajo”. Antes de interpretarla, Armani dedicó unas sentidas palabras de reconocimiento y gratitud a sus compañeros.
La pieza terminó de coronar una presentación atravesada por la emoción y recibió como respuesta un aplauso cerrado de la concurrencia.
Fue poco más de una hora de música intensa, profunda y genuina. El tiempo pareció quedar suspendido.