Por: Pablo Skorupski

Su creadora, la actriz e instructora de yoga Paz Imán, en diálogo con NdeN, comparte los orígenes, la filosofía y el presente de esta iniciativa.
—Para quienes nunca asistieron o recién se enteran de su existencia, ¿de qué se trata, en líneas generales, la propuesta de El Espíritu del Disco?
—Nos reunimos mensualmente para escuchar una obra musical tal como fue concebida, compartiendo un menú relacionado con el disco en un espacio que invita al disfrute y al encuentro.
—Viniendo de otras disciplinas, como la actuación y el yoga, ¿cómo surge en vos la necesidad de generar un espacio para la escucha de discos?
—Tanto sobre el escenario como en un mat, el desarrollo de la escucha es un eje fundamental. Tanto en lo particular como en lo colectivo, el ejercicio de afinar la escucha —no en términos armónicos, sino ambientales, del entorno y con una misma— es vital.
Concibo estar en escena como una cuestión rítmica. Percibo el silencio rítmicamente. Esto me ha llevado por diversos campos de investigación y colaboración.
El Espíritu del Disco surge entonces como otra posibilidad de experimentar ese espacio de encuentro, conexión, atención y unicidad que las personas se sientan capaces de enriquecer con su presencia.
—¿Cómo nació la idea de escuchar discos completos en un ambiente grupal?
—En paralelo al teatro, junto a un grupo de practicantes de yoga cumplimos cinco años de encuentros regulares y llegamos al punto de hacerlos en silencio.
Antes de eso usé varios discos completos de distintos géneros, que iba cambiando mes a mes, para que la mente, con sus pensamientos volátiles, encontrase en la música un respaldo, una forma de aquietarse y estar presente.
Pude registrar, a partir de ese grupo, qué atmósferas sonoras acompañaban mejor cada estación del año y qué tempo e instrumentos eran propicios para cada etapa de la práctica.
Así fue como, en un ida y vuelta con ellxs, vislumbré que el disco completo tenía en ellxs un lugar conocido, propio de su adolescencia. Entonces fue cuestión de ser paciente con una idea para que encontrase el escenario adecuado.
—Cada edición, además de la escucha en sí, suele contar con gastronomía, una bebida y algunos ingredientes más. ¿Cómo se completa la velada? ¿Qué cosas no pueden faltar en El Espíritu del Disco?
—La velada se completa con la desconexión de los aparatos electrónicos, con el desafío de prescindir de los celulares durante el tiempo que dure el disco.
También está la posibilidad de estar sin zapatos y dejar que la música entre no solo por los oídos, sino por el contacto de los pies con el suelo y con las diferentes texturas que ofrece el espacio donde nos reunimos.
Hay además un breve contexto sobre la creación de la obra. Algo que llamamos “sintonización”, donde especificamos las pautas de la escucha para alcanzar el máximo estado de disfrute.
Tampoco faltan un sorteo, un souvenir “analógico” y, por supuesto, un aspecto azaroso: aquello que sucede a partir de las personas asistentes.
Eso —lo que se habla antes o se comparte después— no se puede prever en absoluto y es lo que define una parte del nombre: “el espíritu”. Es lo que convoca a esas personas y las anima a conversar con alguien desconocidx sobre las sensaciones acontecidas durante la experiencia, un recuerdo, otro disco y lo que sucede de manera única e irrepetible en cada encuentro.
—Según tu experiencia personal, ¿cuál es la diferencia sustancial entre escuchar un álbum completo y simplemente darle play a canciones sueltas?
—A veces uso ese modo, darle play a canciones sueltas, con la lista de canciones de algúnx artista o amigx para descubrir música. Cuando la atención puede ser flotante y quiero cuidar la intervención de los estímulos, aunque los desconozca, digamos que corro el riesgo.
Cuando necesito concentrarme elijo la obra completa, sea esta el silencio de una biblioteca, mi casa, un café —que imaginarás nunca es absoluto y eso ya es una sintonía sobre la que afinar— o un disco.
Entonces te diría que es una cuestión de discernimiento. Saber qué quiero y de dónde lo quiero, o querer dejarme sorprender eligiendo la fuente.
—Después de tantas playlists, algoritmos y consumo fragmentado, creo que hay un sector que empieza a revalorizar o redescubrir el disco como obra integral y no como una colección de canciones. ¿Cómo lo ves? ¿Notás también esta tendencia? ¿Hubo un momento en que el streaming cambió nuestra relación con los álbumes?
—Las categorías están, estuvieron y estarán. Fijate cuando decís “tendencia”, “sectores”, “streaming”: son todas palabras que, excepto por streaming, que es actual, conocemos de toda la vida.
Quien hace música, para continuar hablando de El Espíritu del Disco, negocia con su sello o productora qué corte de difusión sacar en base a parámetros que favorezcan el consumo o la llegada de su obra de arte o producto. No hago estas distinciones inocentemente; las negociaciones y concesiones lo impregnan todo.
Podemos, por ello, juzgar —y con qué criterio— a artistas por sacar discos cada año, por publicar canciones cada trimestre y, después de tres años, sacar un álbum con 12 temas. O podemos desentramar nuestro vínculo con el paso del tiempo, fortalecerlo y sostenerlo con el significado de la música en nuestra historia personal y que, desde allí, nos vuelvan métricas. Sería diferente.
Creo que la pandemia hizo visible que el cambio de paradigma al que asistimos es mucho más descarnado e insaciable. Ese fue el escenario perfecto para acelerar el uso indiscriminado de la tecnología, porque lo creímos una herramienta para mantenernos comunicados, “cerca”, y finalmente se volvió una lógica de litio a la que “aceptamos términos y condiciones de uso” sin capacidad de prestarles atención a sus consecuencias obvias y fatídicas.
Pienso que por los estragos del aislamiento y la hiperconectividad es que busco crear espacios de encuentro con determinadas características e intento sostenerlos.
Y somos bastantes buscando algo parecido, porque sucede también que a veces no podés ni salir de tu casa. Y no tiene que ver con poder o no poder escuchar un disco entero, o con tener o no la plata para asistir, sino con eso que se viene rompiendo sistemáticamente, “fragmentando”.
Creo en el pulso de vida que, así como nos reúne alrededor de un fuego en jolgorio y silencio, también nos reúne con la excusa de un disco para volver a conectar con otrxs durante un tiempo mayor a 15 segundos o tres minutos.
—¿Cómo se aplica el concepto de deep listening, acuñado por Pauline Oliveros, a esta experiencia?
—Al hacer consciente el acto de escuchar, la persona se aproxima a la práctica que desarrolló Pauline.
En el caso de El Espíritu del Disco, además de escuchar, se conversa luego sobre temas tan diversos como las personas presentes. Y ese es un punto clave de su técnica: a medida que se desarrolla la escucha, también se profundiza qué puntos sensibiliza en cada persona y cómo esta los interpreta para transmitirlos a otras.
Confío, entonces, en estar proponiendo también un espacio en el que practicamos nuevas formas de convivencia, diálogo y comunidad.
—¿Cómo decidís el álbum que va a ser escuchado en cada edición? ¿Hay otras personas que proponen discos o la selección pasa principalmente por tu criterio?
—Tres cabezas son mejores que una. Cuando me reuní por primera vez con Luis Arrosio y Florencia Mazzone sabía que quería empezar con el álbum Debut, de Björk.
De inmediato le propuse a cada unx intercambiar una lista con sus imprescindibles y, naturalmente, muchos coincidían y otros no.
Como hablamos antes, está el potencial de cada encuentro y la temperatura de las conversaciones posteriores, que nos dan pistas de por dónde seguir.
Te digo más: después de cada volumen envío una encuesta de satisfacción en la que también recibo sugerencias de artistas, géneros y discos. Esas respuestas forman parte del diálogo a la hora de elegir el siguiente.
—Han sonado discos tan diversos como los de Björk, Gustavo Cerati y Daniel Melero, Pink Floyd o Mercedes Sosa. ¿Qué álbumes tuvieron más repercusión o generaron reacciones más interesantes? ¿Buscás mantener un enfoque ecléctico o hay géneros a los que te interesa darles prioridad?
—En el caso de Pink Floyd y Mercedes Sosa se dio el encuentro de una amplia franja etaria.
Mercedes es una artista que sugirió un asistente del volumen III. Inmediatamente lo conversamos con lxs participantes de esa noche y quedó para el volumen IV. Además, al coincidir con el mes de julio, la Independencia y su cumpleaños, cerraba por todos lados.
El disco de Mercedes fue el más interesante en el sentido de que, además de haber sido propuesto por un habitué, nos encontró con madres e hijas asistiendo, padres e hijas, parejas de adultxs y jóvenes, y amigas.
Fue la convocatoria más variada en todo sentido y la más cálida, pienso, por ser quien es Mercedes para lxs argentinxs.
De seguro el enfoque será ecléctico porque la propuesta es encontrarse, y hacerla “de nicho” le restaría diversidad.
—Haciendo un balance de las ediciones realizadas, ¿qué respuesta tuvo el público? ¿La convocatoria fue creciendo encuentro tras encuentro?
—La convocatoria crece encuentro a encuentro porque el público encuentra algo que, si bien escuchar discos se está haciendo en líneas generales en varios sitios, aquí tiene una cuestión de proximidad casi hogareña.
Remite mucho a cómo lo hacíamos de adolescentes: poner un disco a todo lo que da y tirarnos en la cama a escucharlo.
Esto, la gastronomía casera, el sorteo, el cuidado de ciertos detalles y lo vivido hacen que, una vez que se animan a venir, vuelvan y lo compartan con personas que podrían disfrutar de la propuesta.

—Este sábado 8 de agosto van a escuchar Ray of Light, de Madonna, álbum de 1998. ¿Por qué eligieron justamente ese disco, una obra clásica aunque no la más obvia dentro del catálogo de la “Reina del Pop”?
—Sin quererlo nos mantenemos en los años 90 y, debate de por medio, preferimos un disco de mayores texturas que recuerde de qué está hecha una “chica material”.
—¿Los encuentros van a seguir realizándose en una “locación secreta”?
—Sí. Si bien hay planes en el horizonte, por el momento la “locación secreta” reúne todo lo necesario y más para darle a la propuesta un diferencial imprescindible.
—¿Cómo puede hacer la gente para contactarse y reservar su lugar en las próximas escuchas?
—Escribiendo por mensaje privado al Instagram @lagaleria.territoriocreativo o al WhatsApp 11 3375 2458 van a poder reservar sus lugares y recibir toda la información que necesiten.
La quinta edición de El Espíritu del Disco se realizará el sábado 8 de agosto, desde las 20, en una locación que será informada a quienes reserven su lugar.
La experiencia tendrá un valor de $30.000 e incluirá una copa y tapeo de recepción, una introducción al contexto en el que fue creado Ray of Light, la escucha completa del álbum, sorteos, sorpresas y una propuesta gastronómica.

Desde la organización indicaron que quienes lo deseen podrán llevar otra bebida y que, al realizar la reserva, deberán aclarar si prefieren un menú vegano.