
La propuesta buscará explicar por qué los árboles son una infraestructura esencial para la ciudad, qué beneficios aportan y cómo debe actuar un vecino ante un problema con el ejemplar de su vereda. También planteará la necesidad de reeducar la mirada sobre el arbolado, frente a las talas injustificadas, las podas destructivas y la idea de que un árbol puede eliminarse simplemente porque genera hojas, sombra o alguna molestia.
Los árboles urbanos no son solamente elementos ornamentales. Forman parte de una infraestructura verde que trabaja todos los días y brinda servicios ambientales indispensables para una ciudad más saludable y habitable.
A través de sus hojas, ayudan a capturar dióxido de carbono, retener partículas contaminantes y mejorar la calidad del aire. Sus copas producen sombra sobre veredas, calles, paredes y techos, mientras que la evaporación de agua desde sus hojas contribuye a refrescar el ambiente.
Durante los días de calor, una calle arbolada puede ofrecer condiciones mucho más agradables que otra completamente expuesta al sol. Al reducir el calentamiento de viviendas y edificios, los ejemplares ubicados adecuadamente también ayudan a disminuir el uso de sistemas de refrigeración, ahorrar energía y reducir gastos.
En una ciudad costera como Necochea, además, pueden colaborar en la atenuación del viento, amortiguar ruidos, proteger el suelo y mejorar las condiciones de los recorridos peatonales.

El arbolado cumple también una función importante durante las precipitaciones. Las copas interceptan parte del agua de lluvia y las raíces favorecen su infiltración en el suelo.
De esta manera, los árboles pueden contribuir a reducir la cantidad y la velocidad del agua que circula sobre el asfalto y otras superficies impermeables, aliviando la presión sobre los sistemas de desagüe.
Su capacidad para generar sombra y moderar las temperaturas se vuelve especialmente valiosa ante veranos más calurosos y fenómenos climáticos extremos. Por eso, conservar el arbolado existente y planificar nuevas plantaciones constituye una inversión ambiental de largo plazo.
Un árbol adulto que necesitó décadas para desarrollarse no puede reemplazarse inmediatamente con un ejemplar joven. Aunque plantar sea indispensable, recuperar la copa, la sombra y todos los beneficios perdidos puede demandar muchos años.
Los árboles ofrecen refugio, alimento y espacios de reproducción para aves, insectos polinizadores y otras especies. Junto con plazas, parques y jardines, conforman corredores verdes que ayudan a sostener la biodiversidad dentro de la ciudad.
Sus beneficios también alcanzan a la salud y al bienestar social. Los entornos arbolados hacen más agradables las caminatas, favorecen la permanencia en los espacios públicos y mejoran la relación cotidiana de las personas con sus barrios.
La presencia de vegetación ayuda a generar ambientes más tranquilos y confortables, puede contribuir a reducir el estrés y favorece el bienestar emocional. Una calle con árboles no solamente es más fresca: también resulta más amable, atractiva y habitable.
Garcés adelantó a NdeN que uno de los principales ejes de la charla será la relación entre el frentista y el árbol ubicado frente a su propiedad.
“Vamos a explicar qué cosas puede hacer el vecino, qué debe hacer si pasa algo, dónde tiene que realizar una denuncia y cuáles son los procedimientos”, señaló el ingeniero forestal.
Aunque se encuentre frente a una vivienda o un comercio, el ejemplar forma parte del arbolado público. Por ese motivo, no corresponde podarlo, dañarlo o extraerlo de manera unilateral. Las intervenciones deben responder a una evaluación técnica y respetar los procedimientos establecidos.

Durante el encuentro también se brindará información sobre la normativa vigente, los canales para presentar reclamos y las responsabilidades de los vecinos, el municipio y quienes realizan tareas de poda.
Podar no siempre significa cuidar. Una intervención innecesaria o excesiva puede abrir grandes heridas, facilitar el ingreso de plagas y enfermedades, debilitar la estructura del ejemplar y acortar considerablemente su vida.
Las llamadas “podas criminales”, que eliminan la mayor parte de la copa o dejan únicamente el tronco y algunas ramas principales, destruyen el equilibrio natural del árbol. Además, pueden provocar el crecimiento acelerado de brotes débiles, aumentando el riesgo de futuras roturas.
La poda debe responder a una necesidad concreta, como corregir problemas estructurales, retirar ramas secas o reducir un riesgo comprobado. No debería realizarse por costumbre ni como una manera de disminuir drásticamente el tamaño del ejemplar.
La charla también buscará revisar una idea todavía extendida: que un árbol puede eliminarse porque ensucia, pierde hojas, produce demasiada sombra, tapa un cartel o genera alguna incomodidad.
Las hojas, flores y frutos forman parte de su ciclo natural. Los posibles conflictos con raíces, cables, luminarias, veredas o construcciones deben analizarse técnicamente para determinar si existe una solución antes de recurrir a la extracción.
En muchos casos, los inconvenientes son consecuencia de una mala elección de la especie, cazuelas demasiado pequeñas, podas anteriores incorrectas o falta de planificación y mantenimiento. El árbol termina siendo responsabilizado por decisiones humanas tomadas muchos años antes.
Esto no significa desconocer los riesgos reales. Existen árboles secos, enfermos o con daños estructurales que pueden requerir una intervención e incluso su extracción. Sin embargo, esa decisión debe surgir de un diagnóstico profesional y no de una apreciación apresurada.
Garcés también abordará la necesidad de que Necochea avance hacia una política sostenida de protección y renovación de su arbolado. El desafío no consiste solamente en plantar más ejemplares, sino también en:
Diversificar las especies permite construir un arbolado más resistente frente a plagas, enfermedades y condiciones climáticas adversas. También evita que un mismo problema sanitario pueda afectar simultáneamente a una gran cantidad de árboles.
Los árboles de las veredas, las plazas, los parques, las avenidas y los espacios naturales no funcionan de manera aislada. En conjunto conforman la estructura verde de Necochea y el distrito, una red que ayuda a regular el clima urbano, sostener la biodiversidad y mejorar la calidad ambiental.
La convocatoria es impulsada por el Garden Club Necochea, entre cuyas integrantes se encuentran María Nelly Arrate, Susana Marchan y Esther Santoiani de Irazoqui.

La actividad brindará herramientas concretas para actuar ante un problema, pero también buscará generar conciencia sobre una responsabilidad colectiva: el árbol de una vereda no beneficia únicamente al frentista, porque su sombra, su capacidad para mejorar el aire y su aporte ambiental pertenecen a toda la comunidad.