
Aprea llega a esta instancia acusado por homicidio culposo agravado por la conducción de un vehículo con motor. De acuerdo con el artículo 84 bis del Código Penal, la figura prevé penas de 3 a 6 años de prisión cuando, entre otros agravantes, el conductor registra una alcoholemia igual o superior a 1 gramo por litro de sangre, se da a la fuga o no intenta socorrer a la víctima. También contempla inhabilitación especial para conducir.
Durante la audiencia declararon testigos policiales, técnicos y peritos vinculados a distintos tramos de la investigación. Según pudo reconstruir NdeN, uno de los testimonios centrales fue el de la bioquímica Valeria Santarone, quien intervino en la pericia toxicológica y explicó los resultados de alcoholemia incorporados a la causa.
Santarone aclaró la diferencia entre el test realizado por aire aspirado mediante pipeta de alcoholímetro y el análisis de sangre, al señalar que se trata de procedimientos distintos y que por eso pueden arrojar valores diferentes. En ese marco, recordó que el control por aire arrojó 1,54 gramos de alcohol por litro de sangre, mientras que la pericia sobre la muestra sanguínea determinó 2,41 gramos de alcohol por litro de sangre.

La profesional también ratificó que las muestras fueron preservadas bajo estándares adecuados, con refrigeración y cadena de custodia. En ese sentido, sostuvo que una muestra correctamente conservada puede mantener estabilidad durante meses.
Consultada sobre los efectos de una concentración de 2,41 gramos de alcohol por litro de sangre, Santarone indicó que se trata de un nivel elevado y que puede provocar una alteración importante de sus capacidades y de la percepción de lo que ocurre.
Otro testimonio fue el de Maite Mengochea, técnica del laboratorio del Hospital Ferreyra, quien realizó la extracción de sangre a Aprea aquella mañana. Ante el tribunal, declaró que al acusado le costaba hablar y que debió pedirle en tres oportunidades que le dijera su número de DNI.
También declaró la efectiva policial Magalí Pitocco, quien intervino tras el hecho. Según su testimonio, Aprea tenía fuerte olor a alcohol, no comprendía lo que había hecho y debieron ayudarlo a subir al móvil policial para trasladarlo a la comisaría.

Durante la jornada también prestaron declaración otros testigos, entre ellos Nicolás Díaz, amigo de Aprea. Su aporte no modificó sustancialmente el cuadro probatorio: sostuvo que Marcos era “un pibe bien” y “normal”, aunque no pudo precisar cuánto había tomado ni en qué estado se encontraba esa madrugada.

Además, declaró el perito accidentológico del Ministerio Público, quien expuso sobre la mecánica del siniestro y los elementos objetivos relevados en la escena. De acuerdo con lo explicado en la audiencia, en una calle de tierra y bajo esas condiciones no resulta posible determinar con precisión matemática la velocidad a partir de una huella de frenado, entre otros factores porque no había una marca apta para ese cálculo.

Ese punto también fue parte de la discusión técnica del juicio. Mientras la defensa buscó poner el foco en la imposibilidad de determinar una velocidad exacta, desde la acusación el eje quedó puesto en otros elementos: el impacto, la mecánica del hecho, la falta de auxilio y, especialmente, el agravante vinculado al consumo de alcohol.
Con la etapa testimonial cerrada, el juicio por la muerte de Germán Appella quedó encaminado hacia su definición. El próximo miércoles 19 de agosto, a las 10, será el turno de los alegatos de las partes. Luego de un cuarto intermedio, el juez Ernesto Juliano dará a conocer la sentencia.
