Nacida como Ana María Casanova en 1946, pasó de estudiar Derecho a debutar prácticamente de un día para otro en el teatro de revista. Después llegarían el cine, la televisión, el teatro dramático, la conducción, los formatos de reality y una construcción pública tan poderosa que su propio nombre terminó convirtiéndose en una marca.
Apenas dos días antes de su cumpleaños, Netflix estrenó mundialmente “Moria”, una serie de ocho episodios inspirada en su vida, escrita y dirigida por Javier Van de Couter. Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth interpretan distintas etapas de la diva, mientras la propia Moria participa de una ficción que deliberadamente cuenta su historia desde su propia mirada.
Y la producción tiene además un vínculo directo con Necochea: Alan Orellana participa como bailarín y Pacha Rosso interpreta a Alberto Olmedo, dos presencias locales dentro de una ficción que recrea algunos de los capítulos fundamentales de la cultura popular argentina.
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Uno de los grandes rasgos de la historia de Moria es la velocidad con la que ingresó al espectáculo.
Mientras estudiaba Abogacía, se presentó a una audición del productor Carlos A. Petit en el Teatro El Nacional. Fue seleccionada y debutó esa misma noche en una revista. Poco después abandonó definitivamente la carrera universitaria y encontró el escenario que definiría buena parte de su vida.
En 1973 ya aparecía como primera vedette en Frescos y fresquitas, junto a Don Pelele y Alfredo Barbieri. Ese mismo año debutó en cine con Los caballeros de la cama redonda, junto a Alberto Olmedo y Jorge Porcel.
Fue una época decisiva para el entretenimiento popular argentino. Moria compartió marquesinas y películas con Olmedo, Porcel y Susana Giménez, pero progresivamente construyó un lugar diferente: dejó de funcionar solamente como objeto visual de la revista y comenzó a utilizar el humor, la palabra y una fuerte conciencia de su propio personaje para disputar el centro de la escena.
Ese desplazamiento resulta fundamental para entender su longevidad artística.

Su cuerpo fue parte central de su irrupción en el espectáculo, pero su verdadero diferencial terminó siendo otro: su capacidad para construir discurso.
Moria convirtió entrevistas, peleas, romances, frases, contradicciones, programas y hasta situaciones personales en material público. A diferencia de muchas estrellas que buscaban proteger una imagen cuidadosamente controlada, ella convirtió el exceso, la frontalidad y la exposición en lenguaje propio.
No necesitó borrar las etapas anteriores de su carrera para reinventarse. Las incorporó.
Eso explica que una figura surgida de la revista de los años setenta haya podido convertirse después en conductora, actriz dramática, jurado televisivo, referente pop y, finalmente, personaje central de su propia serie de Netflix.

En 1986 estrenó Monumental Moria por Canal 9, un espectáculo televisivo que trasladaba parte del código de la revista a la pantalla chica mediante musicales, sketches y humor adulto.
Allí apareció también uno de sus personajes más recordados, Rita Turdero, “la pantera de Mataderos”.
Pero uno de sus programas más innovadores llegaría en 1991 con A la cama con Moria.
La propuesta era tan sencilla como provocadora: entrevistar a personalidades del espectáculo y la política sobre una enorme cama. Moria utilizaba ese escenario para generar conversaciones intimistas, incómodas y muchas veces inesperadas, explotando una capacidad que posteriormente se convertiría en uno de sus sellos: conseguir declaraciones porque parecía no reconocer fronteras demasiado rígidas entre lo privado y lo público.

Si existe una obra bisagra en su recorrido, probablemente sea “Brujas”.
La comedia dramática de Santiago Moncada llegó a los escenarios argentinos en 1991 con Moria, Nora Cárpena, Thelma Biral, Graciela Dufau y Susana Campos.
La obra demostró definitivamente que Casán podía sostener un espectáculo teatral por fuera del género revisteril y se transformó en uno de los grandes fenómenos de permanencia del teatro argentino, con sucesivas temporadas y regresos durante más de tres décadas.
Ese paso fue crucial: la vedette había logrado validarse también como actriz.
Después llegarían desafíos muy diferentes, desde Una visita inoportuna hasta Las tres viejas, The Hole y una particular versión de Julio César, de Shakespeare, dirigida por José María Muscari.

La provocación de Moria nunca estuvo limitada a un escenario.
En los años noventa creó Gaysoline, un espacio nocturno en Mar del Plata que se transformó en punto de encuentro de la comunidad LGBTQ+, y también impulsó Playa Franka, vinculada con el nudismo y la ruptura de determinados códigos sociales de la época.
Muchas de las discusiones sobre sexualidad, cuerpo, libertad y diversidad que décadas después entrarían definitivamente en el debate público aparecían ya entonces alrededor de su figura.
Netflix utiliza justamente esa característica como uno de los ejes de su nueva serie: presenta a Moria como una mujer que hizo de la transgresión una herramienta para atravesar distintas épocas de la cultura argentina.
Moria construyó también una relación particular entre vida privada y personaje público.
Entre sus relaciones más importantes aparecen Carlos Sexton, a quien recordó en diferentes oportunidades con especial afecto; el actor Mario Castiglione, padre de su única hija; y Fernando “Pato” Galmarini, su actual pareja.
Su vínculo con Sofía Gala Castiglione, nacida en 1987, ocupa un lugar central tanto en su vida como en la nueva ficción de Netflix. Madre e hija tuvieron siempre una relación pública intensa, alejada de cualquier modelo tradicional y atravesada también por sus carreras artísticas.
Hoy Moria es además abuela de Helena y Dante.

Moria también entendió cómo sobrevivir al cambio profundo de la televisión.
Fue una figura central de diferentes ediciones de Bailando por un sueño, donde sus devoluciones y enfrentamientos con otros integrantes del jurado frecuentemente se convertían en contenido por sí mismos.
Más tarde condujo Incorrectas, volvió al formato de entrevistas, participó de ficciones y continuó atravesando diferentes ciclos televisivos.
Actualmente encabeza La mañana con Moria, por eltrece, y mantiene una presencia cotidiana en televisión a los 80 años.
Pero probablemente uno de sus mayores logros contemporáneos sea haber conseguido algo que no ocurre automáticamente con las grandes figuras históricas: ser apropiada también por nuevas generaciones.
Su cercanía con artistas como Lali Espósito, su lenguaje, sus frases y su circulación permanente en redes sociales permitieron que jóvenes que nunca vieron aquella revista de los setenta igualmente reconozcan perfectamente quién es “La One”.
Moria se estrenó globalmente el 14 de agosto de 2026 y propone recorrer distintas edades de la protagonista.
Netflix eligió tres nombres de enorme peso para representarla: Sofía Gala en su juventud, Griselda Siciliani en otra etapa de su madurez artística y Cecilia Roth en los años posteriores.
La serie no pretende esconder que se trata, esencialmente, de la versión de Moria sobre Moria. La propia protagonista participa del proyecto y funciona prácticamente como narradora y arquitecta de su mito. Incluso parte de la crítica internacional destacó justamente ese carácter autorreferencial y deliberadamente estilizado de la ficción.

La celebración tiene además un capítulo especialmente interesante para Necochea.
El bailarín Alan Orellana, formado inicialmente en el ambiente de la danza local y con antecedentes junto al Staff Dance Necochea, integra la producción como bailarín. Su trayectoria incluye competencias y presentaciones en diferentes escenarios antes de llegar ahora a una ficción disponible internacionalmente en Netflix.

Y hay otro nombre de la ciudad.
Pacha Rosso interpreta nada menos que a Alberto Olmedo, una de las grandes figuras asociadas a los primeros años cinematográficos de Moria. Rosso inició su carrera en Necochea y desarrolló durante más de cuatro décadas un recorrido por el teatro, el humor y la televisión, trabajando con artistas como Antonio Gasalla, Enrique Pinti y Tato Bores.

En la serie participa de escenas que reconstruyen la época de Moria junto a Olmedo, Susana Giménez y Jorge Porcel.
Así, la producción que Netflix estrenó para acompañar los 80 años de una de las mayores estrellas argentinas tiene también dos representantes vinculados directamente con la escena artística necochense.
Quizás la característica más extraordinaria de Moria Casán no sea haber permanecido durante casi seis décadas en el espectáculo.
Es cómo permaneció.
No quedó congelada como una vedette de los setenta. Tampoco como la compañera cinematográfica de Olmedo y Porcel, la actriz de Brujas, la conductora de los noventa o la jurado filosa de los realities del nuevo milenio.
Fue todas esas Morias y, al mismo tiempo, siguió construyendo otras.
Este domingo cumple 80 años trabajando, opinando, conduciendo televisión y estrenando una serie internacional sobre su propia historia. Netflix convirtió su vida en ficción, pero quizás el verdadero fenómeno ocurra fuera de la pantalla: Moria consiguió transformarse en parte del patrimonio popular argentino sin dejar de intervenir en el presente.
De Ana María Casanova a Moria. De Moria a “La One”.
Ochenta años después, sigue siendo difícil encontrar una categoría que alcance para definirla.
