
El fiscal José Luis Cipolletti solicitó que Aprea sea condenado a 4 años y 6 meses de prisión de efectivo cumplimiento, además de 5 años y 6 meses de inhabilitación para conducir.
Durante su alegato, sostuvo que quedó acreditada la mecánica del hecho, la autoría y el agravante vinculado al alcohol. En ese sentido, afirmó que “ha quedado debidamente probado” que Aprea conducía con 2,41 gramos de alcohol por litro de sangre.
Cipolletti defendió la validez de las pericias realizadas durante la investigación. Hizo referencia al test de alcoholemia por aire, que arrojó 1,54, y al análisis de sangre, que determinó 2,41.
Según planteó, la bioquímica Valeria Santarone explicó durante el debate “los motivos técnicos de la discrepancia” entre ambos resultados y dio cuenta de que la muestra había llegado en buen estado de conservación y bajo las condiciones indicadas por el protocolo.
Para la Fiscalía, ese testimonio fue clave para sostener el agravante del alcohol y responder los cuestionamientos de la defensa.
Cipolletti también remarcó que las condiciones de visibilidad de aquella madrugada no podían funcionar como una excusa, sino como una obligación mayor para quien conducía. Según señaló, ante condiciones adversas, el conductor debe adecuar la velocidad y mantener el dominio del vehículo.
Luego fue el turno de Eduardo Othacehe, abogado del particular damnificado, quien representó a la familia Appella y realizó uno de los tramos más duros de la audiencia.
“La prueba que se ha rendido en este debate ha sido concluyente”, sostuvo el letrado, al remarcar que para la querella no quedaron dudas sobre la responsabilidad penal de Aprea.
Othacehe reconstruyó que Germán caminaba junto a su compañera Agustina por avenida 42 porque no tenía otra alternativa segura. Según planteó, no había infraestructura peatonal adecuada en el lugar.
“No había alternativa”, expresó al referirse al lugar por el que caminaban Germán y Agustina. En ese marco, rechazó cualquier intento de trasladar responsabilidad a la víctima.
La frase más fuerte del alegato llegó cuando el abogado sostuvo: “Esto no fue una fatalidad”.
Para la querella, la muerte de Germán Appella “pudo y debió haberse evitado”. Othacehe afirmó que Aprea creó un riesgo al consumir alcohol y luego conducir un vehículo automotor.
“Acá existió una decisión consciente: consumir alcohol hasta alcanzar el grado indicado en la pericia toxicológica y aun así decidirse a conducir”, planteó.
El abogado de la familia también fue contundente al señalar que “no fue Germán quien creó el riesgo”. Para la querella, la responsabilidad estuvo puesta en quien manejaba en estado de intoxicación alcohólica y no en la víctima por caminar por una calle sin condiciones adecuadas para peatones.
Othacehe también apuntó a la velocidad. Recordó que testigos que circulaban detrás del vehículo de Aprea declararon que el auto iba “rápido” y que incluso uno de ellos habría señalado: “Mirá cómo va ese loco”.
En otro tramo, remarcó que el caso no debe ser leído como una simple infracción de tránsito.
“No es una mera infracción de tránsito, es la muerte de una persona causada por una conducta absolutamente reprochable”, sostuvo.
La querella pidió que Marcos Aprea sea condenado a la pena máxima prevista para la figura imputada: 6 años de prisión efectiva y 10 años de inhabilitación para manejar.
“Esto no es satisfacer deseos de venganza. Esto es intentar hacer justicia”, expresó Othacehe ante el juez Ernesto Juliano.
El abogado cerró su alegato con otra frase fuerte: “Que Germán encuentre paz y esta familia encuentre justicia”.
La querella también pidió que, en caso de condena, se revoque la prisión domiciliaria y que Aprea cumpla la pena en una unidad carcelaria.
Tras los alegatos de Fiscalía, querella y defensa, el juicio quedó en manos del juez Ernesto Juliano. La lectura de la sentencia fue fijada para el lunes 24 de agosto, a las 13.