
Lo que lo hace todavía más interesante es su origen. A principios del siglo XX, donde hoy crecen más de un millón de árboles, había médanos y arena suelta. En 1948, el municipio expropió los terrenos de la familia Díaz Vélez e impulsó una forestación masiva con cinco variedades de pino. El objetivo era fijar las dunas para proteger la ciudad. El bosque que existe hoy es el resultado directo de esa decisión. Si querés conocerlo, podés buscar acá pasajes a Necochea. El parque queda a pocas cuadras del centro.
El bosque abarca desde la calle 89 hacia el oeste, entre las avenidas 2 y 10. Por Avenida 2, la costanera, el paisaje alterna el mar con el bosque; tenés el Lago de los Cisnes, el Jardín de Rocas y los paradores. Por Avenida 10 el recorrido es más interno, podés ir al vivero municipal, velódromo, alquiler de bicicletas y caballos, gastronomía. El recorrido completo por cualquiera de los dos ronda los cinco kilómetros.
Los senderos te permiten explorar el interior del bosque a pie o en bicicleta. Hay recorridos demarcados para distintos niveles. El Sendero El Aguaribay mide 2,4 km y el Sendero Los Pinos acumula 31 metros de desnivel. En los últimos años el municipio sumó dos recorridos temáticos. El Sendero de Hongos arranca desde Avenida Pinolandia y recorre 500 metros con carteles que explican las especies del bosque. El Sendero de Aves, habilitado en 2025 sobre Avenida 10 y calle 117, fue desarrollado junto al Club de Observadores de Aves y los guardaparques locales. Incluye imágenes y descripciones de las especies que viven en el bosque. Los dos son gratuitos y están disponibles todo el año.
El parque también tiene canchas de bochas, campings con acceso directo a la playa y el anfiteatro Pedro Arozarena, con capacidad para 1.500 personas. Ahí se concentran los eventos culturales y espectáculos de temporada. Si lo recorrés en bicicleta, podés ir por los caminos internos sin salir del bosque, con cambios de relieve suficientes para que no te resulte monótono.
A diferencia de otros balnearios bonaerenses, el Lillo funciona todo el año. En otoño e invierno, cuando la actividad en playa cae, el parque mantiene su estructura. Los senderos siguen transitables, la cobertura arbórea es la misma y hay mucha menos gente. Es una variable que vale tener en cuenta si el plan es visitar Necochea fuera de temporada alta.