
NdeN estuvo presente en una función atravesada por el silencio, la emoción y los abrazos.
Allí estuvieron Felipe Vera y Stella, los padres de Magalí; sus hermanos Melina, Sebastián y Fernando; y otros familiares, acompañados por amigos, vecinos y una amplia representación de la comunidad. También participaron el intendente Arturo Rojas, funcionarios y concejales.
Entre el público estuvo además Andrea Rondanina, mamá de Anita Rondanina, a quien la familia Vera dedicó palabras especiales de acompañamiento.
La jornada tuvo también un costado solidario: quienes asistieron pudieron colaborar con alimentos no perecederos.

“El sueño de Magalí” toma una decisión fundamental: contar a la mujer detrás del femicidio que conmocionó a Necochea.
La película comienza desde el horror. Una imagen aérea muestra el frente costero de la ciudad hasta que esa tranquilidad se interrumpe abruptamente con el audio de la llamada al 911 que alertó que una mujer estaba siendo brutalmente golpeada.
Después aparece la jueza Luciana Irigoyen Testa dictando sentencia.
El espectador conoce el final desde el comienzo. Y es justamente desde allí que el documental vuelve hacia atrás para preguntarse quién era Magalí antes de convertirse en el nombre de un caso judicial.
A través de fotografías, videos y testimonios aparecen Magalí hija, hermana, mamá, amiga y mujer.
El documental reconstruye cómo conoció a Javier Cerfoglio, la decisión de irse a convivir con él y la llegada de su hijo Benjamín. Pero también recupera sus proyectos y una faceta que había adquirido una importancia especial en su vida: su pasión por la repostería.
Magalí había encontrado allí algo que disfrutaba y le hacía bien. También había comenzado a cuidar su salud y su cuerpo, a sentirse mejor y a transitar una etapa de cambios personales.

Hay otro tramo de la historia que adquiere una dimensión particularmente dolorosa visto desde el presente.
Magalí se había separado de Cerfoglio. Estaba bien. Sin embargo, el documental reconstruye el hostigamiento que atravesó después y cómo finalmente retomó la relación.
Ese recorrido permite comprender uno de los mensajes más importantes que su familia dejó después de la proyección: la violencia de género no comienza el día de un femicidio.
Puede existir mucho antes y, en ocasiones, permanecer oculta incluso para quienes están cerca.
Felipe habló de esto desde su experiencia como padre. Reconoció el peso que todavía siente por no haber podido advertir de qué era capaz Cerfoglio, una persona que había formado parte de la vida de la familia durante 14 años.
“Nunca me di cuenta de lo que era capaz este tipo”, expresó al recordar ese tiempo.
Y desde esa experiencia dejó un consejo especialmente dirigido a las mujeres: si deben discutir una relación, plantear una separación o atravesar una conversación que puede implicar un riesgo, hacerlo en un espacio público, donde haya otras personas y exista la posibilidad de pedir ayuda.
Magalí, recordó su papá, no tuvo esa posibilidad.
Uno de los momentos más difíciles del documental llega cuando la historia se acerca a las últimas horas de Magalí.
Había preparado una torta para el casamiento de un primo. La película recupera aquella celebración familiar y los momentos previos a la madrugada que cambiaría para siempre la vida de los Vera.
Después llega la violencia.
El documental reconstruye el ataque de Cerfoglio contra Magalí y el posterior intento de ocultar el crimen al arrojar al río el vehículo con ella en su interior.
Aquello que durante meses Necochea conoció a través de expedientes, audiencias, pericias y testimonios judiciales aparece entonces desde otro lugar: como el final brutal de la vida que la película acaba de reconstruir.
Cuando terminó la película, la familia Vera se puso frente a una sala que permaneció allí para escucharla.
Fue otro de los momentos más emotivos de la noche.
Melina, hermana de Magalí, agradeció la presencia de quienes habían asistido pese a la angustia que significaba para ellos volver a atravesar parte de la historia.
“Es importante estar todos juntos, movilizarnos, hacer ruido. Somos más”, expresó.
Stella, su mamá, destacó especialmente el apoyo recibido durante todo este tiempo.
Y Felipe agradeció a quienes estaban en el teatro, a la sociedad de Necochea, al intendente y al Municipio por haber acompañado a su familia.
Entonces dejó una reflexión que sintetizó buena parte de lo que se estaba viviendo:
“Yo creo que el dolor compartido es menos dolor, así como la alegría compartida es más alegría. Gracias al acompañamiento pude sostenerme en pie”.
También tomó la palabra Fernando, hermano de Magalí.
Agradeció profundamente a la comunidad de Necochea por haber sentido como propio algo que golpeó directamente a su familia y pidió que ese acompañamiento se transforme en un compromiso colectivo para evitar que historias como esta vuelvan a repetirse.
“Esto nos tocó a nosotros de cerca y ustedes lo tomaron como propio”, expresó.
Hubo agradecimientos para amigos, familiares y allegados, para el intendente Arturo Rojas y también para Juan Iovinne, abogado de la familia, cuyo vínculo con los Vera terminó trascendiendo ampliamente el proceso judicial.
“Se fue Magui y encontramos un integrante más en la familia”, expresó Fernando al referirse al letrado.
Y dejó otra frase que atravesó la noche:
“Ustedes no saben lo importante que es un abrazo y unas palabras”.
También hubo un reconocimiento especial para Andrea Rondanina, mamá de Anita, presente entre el público. La familia Vera le transmitió públicamente su acompañamiento: “Estamos con vos en esta lucha”.
Era, además, un día especialmente sensible.
Magalí hubiera cumplido 36 años.
Su familia volvió a recordarla y a decir cuánto la extraña, pero esta vez lo hizo frente a una sala entera dispuesta a acompañarla.
La presentación en Necochea no será, si los planes de sus realizadores avanzan, el último destino de “El sueño de Magalí”.
Al finalizar la función, Fabián Pérez Battaglini anticipó que trabaja para llevar el documental a otros espacios, entre ellos la Legislatura bonaerense en La Plata y Mar del Plata.
También manifestó una intención particularmente simbólica: proyectarlo en el penal de Batán, donde se encuentra detenido Javier Cerfoglio.
El objetivo es que la historia pueda seguir circulando y que quienes vean la película conozcan quién era Magalí, la vida que tenía y todo aquello que la violencia terminó truncando.

La función terminó, pero lo que ocurrió dentro del Teatro Municipal difícilmente pueda quedar reducido a una película.
La familia Vera habló desde una experiencia que jamás hubiera querido atravesar y convirtió parte de ese dolor en un pedido hacia los demás.
Escuchar. Acompañar. Estar atentos. No juzgar. No minimizar señales. No dejar sola a una mujer que necesita ayuda.
Porque la violencia puede comenzar mucho antes de un golpe. Y porque muchas veces una palabra, una pregunta, un abrazo o simplemente estar presentes puede ser más importante de lo que imaginamos.
“El sueño de Magalí” nació para preservar su memoria, pero también para transformar esa memoria en conciencia.
Este 28 de agosto, Magalí hubiera cumplido 36 años.
Una sala llena conoció un poco más a la mujer que existió antes del expediente, antes del juicio y antes del femicidio.
A Magalí, la hija, la hermana, la mamá. La mujer que hacía tortas, que había empezado a sentirse mejor y que todavía tenía una vida llena de proyectos por delante.
Y quizás allí esté la dimensión más profunda del documental: que el femicidio no sea lo único que recordemos cuando pronunciamos su nombre.