
La actividad coincidió con el Día Nacional del Árbol y permitió concretar un proceso iniciado años atrás por alumnos de cuarto grado y continuado por otros estudiantes. Entre las especies que forman parte de la experiencia hay membrillos, almendros, nogales, higueras, ciruelos y paltas.
Pero la iniciativa no termina con la plantación. Si los ejemplares prosperan, desde la Dirección de Guardaparques proyectan transformar el sector en un nuevo espacio público de recreación y paseo que, incluso, permita en algunos años recolectar frutos.
Árboles que los alumnos cuidaron durante tres años

Eugenia, de Necochea Ciudad Frutal, contó a NdeN que detrás de la jornada existe una historia que comenzó mucho antes de que los árboles llegaran al parque.
La experiencia surgió en el marco de la orientación de Aprendizaje y Servicio Solidario del Colegio Danés, a partir del trabajo que alumnos de cuarto grado realizaron en el taller de huerta y forestación.
Hace tres años, los estudiantes comenzaron la reproducción de distintos ejemplares entre especies arbustivas, arbóreas y frutales. Luego fueron plantados en estaqueras y comenzó un proceso necesariamente lento.
Los chicos que originalmente trabajaron con esos árboles no fueron los únicos que los cuidaron: durante los siguientes tres años otros alumnos del taller continuaron ocupándose de los ejemplares hasta que estuvieron en condiciones de ser trasladados.
“Es un trabajo a largo plazo que requiere paciencia y esta mirada para el futuro”, explicó Eugenia a NdeN.
Por eso, la actividad del sábado tuvo un significado particular para la comunidad educativa: permitió que los chicos pudieran ver la concreción de un trabajo desarrollado durante años y comprobar que aquello que había comenzado dentro de la escuela terminaba formando parte de un espacio público de Necochea.

Durante este año, personal de la Dirección de Guardaparques visitó además el Colegio Danés para brindar una charla a los estudiantes acerca del trabajo que desarrolla en el Parque Miguel Lillo.
A partir de ese vínculo se coordinó el traslado de los árboles.
Guardaparques pasó por el establecimiento con una camioneta y fueron cargados aproximadamente 45 ejemplares que habían permanecido en las estaqueras del taller.
El sábado 29, en coincidencia con el Día Nacional del Árbol, se realizó finalmente la jornada de voluntariado y plantación.
Participaron alumnos y familias de la comunidad educativa, representantes del Colegio Danés, personal de Guardaparques e integrantes de la Mesa de Consenso para la Gestión del Parque Miguel Lillo.
Entre los representantes de la institución educativa estuvieron Andrea Andersen, coordinadora de Aprendizaje y Servicio Solidario, y Juan García, uno de los responsables del taller de huerta junto a Lis Ullerup.
Para Eugenia, el resultado fue el cierre de un proceso especialmente significativo: “Fue una jornada fantástica”, resumió.
La relación entre el Colegio Danés y Guardaparques en este sector del parque ya tenía un antecedente.
El año pasado, desde el taller de huerta de la institución se donaron ejemplares de membrillo, que fueron plantados en una antigua cava y consiguieron desarrollarse satisfactoriamente.
El resultado llevó a ampliar la experiencia y probar con otras especies.
“Al haber tenido un buen resultado con los ejemplares que plantamos el año pasado decidimos probar con otras especies de frutales”, explicó a NdeN el director de Guardaparques, Julián “Ruso” Zugazúa.
En esta oportunidad se incorporaron nuevamente membrillos y también almendros. Además, particulares donaron ejemplares de nogal, higuera, ciruelos y paltas.
De acuerdo con la información brindada sobre la jornada, a los ejemplares trasladados desde el Colegio Danés también se sumaron especies donadas por el vivero municipal.

La intención de Guardaparques es evaluar ahora cómo se adaptan y evolucionan las diferentes especies.
Si los resultados acompañan, la plantación podría ser solamente el comienzo de una transformación mucho mayor del lugar.
Zugazúa explicó que el objetivo es generar “un nuevo espacio público de recreación, disfrute, paseo”, destinado tanto a vecinos y vecinas de Necochea como a quienes visitan la ciudad.
Y el carácter frutal de buena parte de los ejemplares abre otra posibilidad: que dentro de algunos años quienes recorran el sector puedan también recolectar frutos.
“De acuerdo a los resultados que tengamos, tal vez en un tiempo estemos hablando del ‘Jardín de los Frutales’”, señaló el director de Guardaparques.
De prosperar la experiencia, Necochea podría incorporar así un nuevo paseo dentro del propio Parque Miguel Lillo, surgido de la articulación entre una institución educativa, el Estado municipal y distintos actores de la comunidad.
El lugar elegido para desarrollar la experiencia tiene además una historia particular.
Se trata de una antigua cava de extracción de tosca que en determinado momento llegó a transformarse en un basural.
Esa situación fue revertida mediante diferentes operativos de limpieza, pero el sector volvió a atravesar un episodio crítico el 30 de enero de 2024, cuando se produjo allí un peligroso incendio.
El fuego afectó aproximadamente una hectárea y puso en riesgo la masa forestal circundante.
Por esa razón, desde Guardaparques consideran que este tipo de intervenciones puede cumplir también otra función: contribuir a la prevención de incendios.
Zugazúa explicó que se ha observado que los sectores más visitados presentan menos incendios y que la presencia y circulación de personas permite detectar con mayor rapidez un eventual foco ígneo y facilitar una intervención temprana.
La propuesta busca entonces transformar progresivamente un espacio que tuvo extracción de tosca, acumulación de residuos y fuego en un sector recuperado, recorrido y cuidado por la comunidad.

Plantar es solamente una parte del proceso. El desafío será conseguir que los ejemplares atraviesen los próximos meses y años en buenas condiciones.
Por eso, desde Guardaparques también se trabaja para implementar un sistema de “padrinazgo y madrinazgo” de lo plantado.
La propuesta consiste en que las personas que participen puedan asumir voluntariamente el compromiso de acompañar el crecimiento de los árboles.
Entre las tareas previstas se encuentran aportar riego durante los meses secos y mantener las barreras contra hormigas colocadas para proteger los ejemplares.
El sistema permitiría aumentar las probabilidades de desarrollo satisfactorio de cada árbol, pero Zugazúa destacó otra dimensión de la propuesta: trabajar sobre el sentido de pertenencia, el amor y el cuidado del espacio público.
La plantación realizada en el Parque Miguel Lillo tampoco constituye una experiencia aislada dentro del Colegio Danés.
Juan García explicó que los alumnos de cuarto grado trabajan específicamente con forestación y llegan a producir alrededor de 400 ejemplares por año, entre álamos, sauces, membrillos y almendros.
Esos árboles posteriormente son entregados a la comunidad mediante diferentes actividades desarrolladas por los estudiantes.
El trabajo ambiental se extiende además a otras edades: existen propuestas de forestación en sala de cinco del Nivel Inicial y en primero y segundo año del Nivel Secundario.
García destacó el acompañamiento de Guardaparques y especialmente la posibilidad de trasladar el trabajo educativo a un espacio público junto con otros actores de la comunidad, entre ellos la Mesa de Consenso del Parque Miguel Lillo.

“Trabajos como este hacen a un espacio más democratizador y participativo”, sostuvo.
Esta vez, ese concepto tomó una forma concreta: árboles que comenzaron a reproducirse dentro de una escuela, pasaron tres años bajo el cuidado de distintos alumnos y finalmente encontraron su lugar en el Parque Miguel Lillo.
Si prosperan, aquella antigua cava que llegó a convertirse en basural y que en 2024 fue escenario de un incendio podría transformarse en algo completamente diferente: un espacio verde, recreativo y productivo al que ya empiezan a imaginar como el futuro “Jardín de los Frutales” de Necochea.