lunes 31 de agosto de 2026 - Edición Nº3620

Sociedad | 31 ago 2026

EDUCACIÓN Y DERECHOS

20 años de la Ley de Educación Sexual Integral: docentes de Necochea analizan conquistas, resistencias y desafíos

18:13 |Esta semana comienza en Necochea y Quequén el ciclo “20 años de ESI. Una historia que seguimos tramando”. Patricia Zampallone y Eugenia Ferrario, dos de sus impulsoras, analizaron en diálogo con NdeN las conquistas alcanzadas, las resistencias que persisten y los desafíos actuales. “La escuela nunca fue un espacio neutral”, plantean.


Veinte años después de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral, tres instituciones públicas de Nivel Superior de Necochea y Quequén decidieron detenerse a mirar qué ocurrió en las escuelas durante estas dos décadas, qué transformaciones produjo la ESI y, fundamentalmente, qué queda todavía por discutir.

Con esa idea comienza esta semana el ciclo “20 años de ESI. Una historia que seguimos tramando”, organizado por el ISFDyT Nº 31, el ISFD Nº 163 y la Escuela Provincial de Arte Nº 1 “Orillas del Quequén”.

No será solamente una conmemoración. Durante septiembre habrá encuentros de formación, intervenciones artísticas, teatro, construcción de memoria, debates sobre género e interseccionalidad y presentación de libros.

NdeN dialogó con Patricia Zampallone, del Instituto 31, y Eugenia Ferrario, de la Escuela Provincial de Arte “Orillas del Quequén”, dos de las protagonistas de la organización.

Las dos coinciden en un punto: la ESI produjo modificaciones profundas dentro de las instituciones educativas, pero aquel proceso iniciado en 2006 está lejos de haberse terminado.

 

 

“Las escuelas se hicieron espacios más cuidados”

Para Patricia Zampallone, una de las transformaciones más importantes es difícil de medir en estadísticas porque atraviesa la vida cotidiana de las instituciones.

Las escuelas se hicieron espacios más cuidados”, sintetizó.

Y explicó qué significa esa afirmación: “Ya no se puede decir cualquier cosa en cualquier lugar. La ESI es escucha y las escuelas han tenido, hemos tenido, que reaprender a escuchar, ahora desde un lugar que pretende ser desprejuiciado y respetuoso”.

Para Zampallone, ese proceso permitió construir instituciones “más dignas porque son escuelas más empáticas”.

No significa que las resistencias hayan desaparecido.

Claro que cuesta, que sigue habiendo espacios o momentos que se resisten, pero para eso las escuelas han generado estrategias y lo siguen haciendo”, señaló.

La transformación también obligó a la institución escolar a mirarse a sí misma.

Según explicó, comenzaron a revisarse prácticas, manuales, formatos áulicos y modos de relacionarse que durante décadas habían sido considerados naturales.

Las aulas son más diversas, más inclusivas y los estudiantes tienen mayor libertad de expresión. La convivencia y la democracia fueron de los ejes que la ESI nos permitió trabajar día a día”, afirmó.

 

 

“No significa simplemente dar determinados contenidos”

Eugenia Ferrario también plantea que reducir la Educación Sexual Integral a un conjunto de contenidos específicos sería perder de vista buena parte de su impacto.

La ESI transformó las escuelas porque permitió que muchas cuestiones que antes permanecían silenciadas pudieran entrar en las aulas”, explicó.

Eso permitió hablar de cuerpos, afectos, cuidado, consentimiento, desigualdades de género, violencias, identidades y diversidades, pero también reconocer a niñas, niños, adolescentes y jóvenes como sujetos de derechos.

Ferrario pone el acento especialmente en otra dimensión: la ESI permitió interrogar el funcionamiento de la propia escuela.

La escuela nunca fue un espacio neutral: históricamente también enseñó modos de ser mujer y de ser varón, distribuyó de manera desigual los espacios, silenció determinadas identidades y experiencias y naturalizó ciertas formas de vincularnos”, sostuvo.

De allí surge una de las ideas centrales que atraviesa el ciclo.

Implementar la ESI no significa simplemente ‘dar determinados contenidos’. Significa preguntarnos qué escuela construimos todos los días con nuestras prácticas”, afirmó.

 

 

Veinte años de conquistas, pero también de asuntos pendientes

Al analizar estas dos décadas, Zampallone vincula la ESI con un proceso mucho más amplio de ampliación de derechos.

Menciona entre esas transformaciones el matrimonio igualitario, la Ley de Identidad de Género, la interrupción voluntaria del embarazo, la Ley Micaela y otras legislaciones que modificaron discusiones instaladas en la sociedad argentina.

Pero advierte que el cambio no se agota en las normas.

No se trata solo de leyes, sino de ampliar derechos”, señaló. “La ESI nos recuerda que todos, todas y todes valemos por igual”.

Para la docente, durante mucho tiempo diferentes discursos sociales instalaron jerarquías sobre las personas según su género o identidad.

El hombre ha estado —y sigue estando— en una posición de poder y la mujer y disidencias, en lugares de subordinación. La ESI viene a cuestionar estas construcciones que se han ido instalando como naturales”, explicó.

También destacó otro efecto menos visible: el trabajo en red.

La ESI también nos permitió tejer redes con nuestros colegas, equipos e instituciones del barrio. Los docentes nos enriquecimos a partir de la ley”, sostuvo.

Su carácter integral y transversal, agregó, posibilitó trabajar entre diferentes disciplinas, cursos e incluso niveles educativos.

Sin embargo, consideró que permanece una estructura cultural mucho más profunda.

Seguimos conviviendo con el sistema patriarcal, con sus sentidos, sus normas, sus valores. Están presentes en las aulas, en el patio de la escuela, en la calle, los clubes, los medios. Hay mucho por trabajar aún”.

 

 

Por qué defender la ESI veinte años después

Para Ferrario, cumplir dos décadas obliga a combinar celebración y revisión crítica.

Veinte años de ESI significan, primero, veinte años de una conquista enorme de la educación pública argentina. Pero me parece importante que no pensemos este aniversario solamente como una celebración”.

De allí proviene el nombre elegido para el ciclo: Una historia que seguimos tramando.

Hay mucho para celebrar, pero también mucho por hacer, profundizar y defender”, señaló.

Ferrario sostiene que esa defensa tiene una dimensión concreta porque la ESI puede ofrecer herramientas para reconocer situaciones de abuso, identificar relaciones violentas, comprender el consentimiento y el cuidado, o transitar una identidad sin considerarla incorrecta.

Estamos hablando de un derecho”, remarcó.

 

 

Después de dos décadas, observa además una transformación generacional: actualmente existen estudiantes que atravesaron buena parte de su escolaridad con ESI y docentes que directamente se formaron bajo esas perspectivas.

Eso es una transformación cultural enorme”, consideró.

Pero agregó una advertencia: “Ningún derecho conquistado queda garantizado para siempre solamente porque esté escrito en una ley. Los derechos también necesitan políticas públicas, recursos, formación docente y comunidades educativas comprometidas con hacerlos efectivos”.

 

 

El escenario actual y la discusión sobre qué ESI se enseña

Ferrario también ubica el aniversario dentro del contexto político nacional actual.

Subraya, antes que nada, que la Ley de Educación Sexual Integral continúa vigente y que su implementación sigue siendo una responsabilidad de las instituciones educativas.

Sin embargo, considera que cambió el escenario en el cual los docentes desarrollan esa tarea.

Desde el Gobierno nacional existe un cuestionamiento explícito a determinadas perspectivas vinculadas con el género y las diversidades”, sostuvo.

A su entender, cuando esos debates parten de las máximas autoridades políticas terminan repercutiendo también dentro de las instituciones y pueden generar “incertidumbres, resistencias o temores”.

Ferrario plantea además que la discusión actual no debe reducirse a determinar si existe o no ESI.

La pregunta, sostiene, pasa también por qué se entiende por Educación Sexual Integral, desde qué perspectiva se aborda y qué lugar ocupan en ella los derechos, el género y las diversidades.

Frente a ese escenario, su posición es profundizar el trabajo educativo.

Nuestra respuesta como instituciones educativas no puede ser abandonar la ESI. Al contrario: necesitamos más formación, más conversación pedagógica y más construcción colectiva”.

 

 

“Las marcas que aprendimos”: revisar aquello que parecía natural

La primera actividad del ciclo tendrá un fuerte anclaje en esas discusiones.

En el Instituto 31 se desarrollará “Las marcas que aprendimos. Desarmando el androcentrismo en la escuela”.

Zampallone explicó que el encuentro fue preparado previamente dentro de las aulas y que se trabajará alrededor de tres conceptos: la escuela como instituidora de diferencias, el género como construcción cultural y el androcentrismo cultural.

¿Pero qué significa androcentrismo?

El concepto refiere a un modo de comprender el mundo desde un único punto de vista: se centra en el punto de vista del hombre”, explicó.

Ese hombre aparece históricamente como quien “decide, piensa, ocupa la palabra, los espacios, escribe libros, construye teorías, lucha por la patria, trabaja, es jefe en el hogar, tiene fuerza, no llora”.

“El hombre como centro deja todo lo demás en los márgenes”, sintetizó.

Para Zampallone, desde allí también pueden comprenderse determinadas resistencias frente a la ESI.

No a todos les gusta la idea de compartir el centro de la escena”, afirmó.

 

 

Lo que la escuela todavía enseña sin decirlo

Una de las propuestas del encuentro será identificar aquellas desigualdades que se transmiten sin que necesariamente sean presentadas como contenidos escolares.

Tenemos todo un mundo de significados todavía para desnaturalizar”, planteó Zampallone.

Y allí aparece una palabra central: naturalizar.

Naturalizar es adjudicar causas naturales a lo que en realidad es de origen social, histórico, cultural o político. Cuando algo se naturaliza se vuelve incuestionable, inmutable. Y, por lo tanto, no se puede cambiar”.

La escuela, sostiene, también participa en la construcción cultural de qué significa ser varón o mujer y cuáles identidades o sexualidades aparecen socialmente legitimadas.

Por eso afirma que revisar esos mecanismos implica comprender que “la escuela no es un espacio neutral”.

Para Zampallone, hablar de política en este caso no significa hablar de partidos, sino de cómo se organiza la convivencia entre personas diferentes y cómo intervienen allí “conflictos, intereses, autoridad y poder”.

 

 

Recuperar las propias experiencias escolares

La actividad del Instituto 31 tampoco estará planteada como una clase tradicional.

De hecho, Zampallone hace una aclaración: prefieren hablar de encuentros, más que de conversatorios.

En un encuentro pasan muchas más cosas, no solo desde la palabra, sino desde la vivencia, las emociones, la mirada, la escucha”, explicó.

El trabajo partirá de las propias biografías de los estudiantes.

La idea es recuperar experiencias de sus trayectorias escolares —algunas “injustas, humillantes, incómodas”—, ponerlas en diálogo con herramientas teóricas y volver a interrogarlas desde el presente.

No se trata de hacer una lista de situaciones, sino de ponerlas en diálogo, repensarlas y resignificarlas”, señaló.

 

Una trama que reúne a tres instituciones

El carácter interinstitucional es otro de los puntos que las organizadoras consideran fundamentales.

El ciclo reúne durante septiembre al ISFDyT Nº 31, ISFD Nº 163 y la Escuela Provincial de Arte Nº 1 “Orillas del Quequén”.

Entre las actividades previstas aparecen Las marcas que aprendimos. Desarmando el androcentrismo en la escuela; 20 años: conquistas y retrocesos; Memorias que no pueden quedar afuera, que incluirá la obra teatral MARCHA y un encuentro con Cristian Prieto; Miradas que amplían la escuela, con la investigadora Anny Ocoró Loango; y Cartas para seguir enseñando y tramando ESI, con Ruth Zurbriggen.

 

Anny Ocoró Loango.

 

Ocoró Loango aportará particularmente una mirada vinculada con educación, feminismos negros, género e interseccionalidad, mientras que Zurbriggen participará además de una tertulia feminista abierta al público en Salta la Térmica.

 

Ruth Zurbriggen.

 

“Hacer memoria, celebrar lo conquistado y seguir tramando”

Hay una palabra que aparece una y otra vez entre las organizadoras: tramar.

No fue elegida al azar.

Para Zampallone, implica primero “desentramar” aquello que fue impuesto y naturalizado, para después construir otras posibilidades.

Tramar se trama con otros, otras y otres, en comunidad. No desde un sector ni desde un único punto de vista”, señaló.

La expectativa es que los encuentros permitan a los estudiantes volver sobre sus propias experiencias, producir nuevas preguntas y pensar otras formas de construir la escuela.

Esperamos que la ESI pueda movilizar, hacer pensar, conmover”, resumió.

Ferrario llega a una conclusión similar desde otra perspectiva.

Para ella, estos veinte años son una oportunidad para hacer memoria, celebrar lo conquistado y seguir tramando la escuela que queremos.

Y en un escenario en el que las discusiones sobre género, educación y derechos vuelven a ocupar un lugar central, las tres instituciones eligieron hacerlo con las herramientas propias del ámbito educativo: estudiar, discutir, recuperar experiencias, producir conocimiento y encontrarse.

Seguir enseñando, seguir formando y seguir tramando”, sintetizó Ferrario.

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