viernes 04 de septiembre de 2026 - Edición Nº3624

Sociedad | 4 sep 2026

EDUCACIÓN SUPERIOR

A 20 años de la ESI, Necochea abrió el debate sobre las marcas que atraviesan la escuela

11:41 |Cientos de estudiantes participaron del primer encuentro del ciclo. Hubo juegos, lecturas y debates para revisar conquistas, resistencias y desafíos.


La conmemoración por los 20 años de la Educación Sexual Integral (ESI) en Necochea tuvo su primer encuentro con una propuesta alejada deliberadamente del formato tradicional de una conferencia. Durante más de dos horas, cientos de estudiantes y docentes participaron de juegos, lecturas, trabajos grupales e intercambios para pensar cuánto cambió la escuela desde la sanción de la ley, qué conquistas dejó ese recorrido y qué falta todavía por transformar.

Bajo el título “Las marcas que aprendimos: desarmando el androcentrismo en la escuela”, la actividad se realizó en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 31 y abrió el ciclo “20 años de ESI. Una historia que seguimos tramando”, que continuará durante septiembre.

NdeN estuvo presente en la jornada y pudo observar una participación sostenida de los cientos de estudiantes que se sumaron a este primer convite. Hubo presentaciones iniciales, juegos, diferentes consignas y actividades a partir de un texto que alumnos de los institutos de formación habían leído previamente.

Luego llegó el trabajo en pequeños grupos: leer lo aprendido desde otras preguntas, discutirlo, ponerlo en relación con experiencias y prácticas cotidianas y, finalmente, compartir con los demás algunas de las reflexiones surgidas durante el intercambio.

¿Qué significa desarmar el androcentrismo en la escuela?

El concepto elegido para abrir el ciclo puede parecer académico, pero llevado a la vida cotidiana de una institución educativa se vuelve mucho más concreto.

El androcentrismo describe una forma de interpretar el mundo que históricamente tomó la experiencia masculina como referencia general o universal.

En la escuela, revisar esa mirada implica preguntarse quiénes protagonizan las historias que aprendemos, qué voces aparecen en los libros, cuáles quedaron relegadas, qué modelos se utilizaron como universales y qué expectativas se construyeron durante generaciones alrededor de mujeres y varones.

Pero también supone detenerse en aquello que resulta más difícil de advertir: las marcas culturales que se incorporan precisamente porque durante años fueron consideradas normales.

De allí la idea de “desarmar”. No significa borrar conocimientos ni reemplazar una voz por otra, sino ampliar la mirada: preguntarse qué experiencias quedaron afuera, qué desigualdades fueron naturalizadas y de qué manera esas construcciones siguen apareciendo en los contenidos, los vínculos y las prácticas educativas.

Ese ejercicio atravesó buena parte del primer encuentro realizado en Necochea.

Sexualidad no es sinónimo de genitalidad

Hay otra discusión indispensable para comprender estos veinte años y también algunas de las resistencias que acompañaron a la ESI desde su nacimiento.

Durante mucho tiempo, la expresión “educación sexual” quedó asociada casi automáticamente con relaciones sexuales, genitalidad o reproducción. Esa asociación todavía aparece cuando se discute qué debe enseñar la escuela o desde qué edades puede hacerlo.

Sin embargo, reducir sexualidad a genitalidad deja afuera buena parte del desarrollo vital de cualquier persona.

La concepción integral parte justamente de una mirada más amplia: la sexualidad atraviesa la vida humana y comprende el cuerpo, los afectos, los vínculos, la identidad, la intimidad, el cuidado, los derechos y las maneras de relacionarnos con otras personas, además de su dimensión biológica.

La Ley Nacional 26.150, sancionada en octubre de 2006, reconoce el derecho de los estudiantes a recibir Educación Sexual Integral y define esa integralidad articulando aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos.

Por eso, trabajar ESI durante la infancia no significa trasladar contenidos propios de la sexualidad adulta a niños y niñas. Los aprendizajes se adecuan a cada etapa del desarrollo y pueden involucrar el conocimiento y cuidado del cuerpo, las emociones, el respeto por la intimidad propia y ajena, los vínculos, los límites, los derechos y la posibilidad de reconocer situaciones que generan incomodidad o vulneración.

La genitalidad forma parte de la sexualidad, pero no la agota ni la define por completo.

Comprender esa diferencia permite también entender una parte de las discusiones que la ESI continúa generando veinte años después: muchas veces, antes de debatir sobre sus contenidos, todavía resulta necesario explicar qué enseña realmente la Educación Sexual Integral y qué se supone que enseña.

Una ley que modificó mucho más que contenidos

Dos décadas después de la sanción de la Ley 26.150, evaluar su impacto supone mirar bastante más allá de la incorporación de determinados contenidos al programa escolar.

La ESI llevó a las aulas discusiones sobre el cuidado del cuerpo, los vínculos, la afectividad, los derechos, la igualdad, la diversidad, los estereotipos y la prevención de distintas formas de violencia.

Pero también ofreció herramientas para revisar situaciones que anteriormente podían permanecer naturalizadas.

Ahí aparece quizás uno de los cambios más profundos de estas dos décadas: no solamente qué comenzó a enseñarse después de 2006, sino qué comenzó a verse de otra manera.

Prácticas, expresiones, estereotipos, desigualdades y relaciones de poder que durante generaciones podían pasar inadvertidas encontraron nuevas palabras y nuevos espacios de discusión.

Y eso explica también por qué el aniversario no se plantea únicamente como una celebración de lo conseguido. Mirar veinte años hacia atrás obliga a reconocer avances, pero también resistencias, retrocesos, diferentes niveles de implementación y debates que continúan abiertos.

Futuros docentes discutiendo la escuela que recibieron

Hay una característica del encuentro de Necochea que le otorgó una dimensión particular: buena parte de quienes participaron son estudiantes que actualmente se están formando para ser docentes.

Discutir “las marcas que aprendimos” implica entonces un doble movimiento.

Por un lado, revisar la educación que ellos mismos recibieron, los discursos que escucharon y aquello que alguna vez pudieron considerar natural. Por otro, preguntarse qué prácticas reproducirán —o decidirán no reproducir— cuando estén frente a sus propias aulas.

La modalidad elegida acompañó esa búsqueda.

No hubo cientos de estudiantes sentados durante dos horas solamente para escuchar a especialistas hablar sobre una ley sancionada hace dos décadas. Hubo participación, discusión y trabajo colectivo.

Después de las presentaciones y los juegos, los pequeños agrupamientos permitieron intercambiar interpretaciones y experiencias. Posteriormente, parte de ese trabajo volvió al conjunto para ser compartido.

Durante más de dos horas se sostuvo así una pregunta que excede al aniversario: hasta dónde llegó la ESI, qué consiguió transformar y qué falta todavía por desarmar.

Un mes para seguir pensando los 20 años de la ESI

La primera jornada fue el comienzo de “20 años de ESI. Una historia que seguimos tramando”, el ciclo organizado por el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 31, el Instituto Superior de Formación Docente Nº 163 y la Escuela Provincial de Arte Nº 1 “Orillas del Quequén”.

La propuesta continuará durante septiembre con actividades que ampliarán la discusión hacia la historia de la ESI, la memoria, los Derechos Humanos, el género, la interseccionalidad, los feminismos y la formación docente.

“20 años: conquistas y retrocesos”

El próximo encuentro recuperará la genealogía de la Educación Sexual Integral para reconstruir las luchas, avances, conquistas y retrocesos que atravesaron estas dos décadas.

La propuesta permitirá volver sobre el recorrido que hizo posible la sanción de la ley y analizar las disputas que continuaron después de 2006.

ESI, memoria y Derechos Humanos

Otra de las jornadas pondrá en diálogo la Educación Sexual Integral con la memoria y los Derechos Humanos, en el marco de las actividades vinculadas con la conmemoración de la Noche de los Lápices.

La propuesta incluirá la obra teatral MARCHA y un encuentro con Cristian Prieto.

Pedagogías, género e interseccionalidad

El ciclo ampliará luego la mirada hacia otras perspectivas que permiten interrogar las desigualdades presentes en la educación.

Una de las actividades contará con la participación de la investigadora Anny Ocoró Loango, con un abordaje vinculado a educación, feminismos negros, género e interseccionalidad.

“Cartas para seguir enseñando y tramando ESI”

El cierre llegará con la presentación de Cartas a quienes enseñan la Educación Sexual Integral y la participación de Ruth Zurbriggen, docente e integrante de La Revuelta.

Su paso por Necochea incluirá además una tertulia feminista abierta al público en Salta La Térmica, como parte de las actividades que acompañarán el cierre del ciclo.

Así, lo ocurrido en el Instituto 31 fue apenas la primera estación de un mes que propone algo más que conmemorar una ley.

A veinte años de su sanción, la pregunta vuelve sobre la propia escuela: qué derechos se conquistaron, qué desigualdades persisten, qué voces todavía necesitan ser incorporadas y qué educación se quiere construir hacia adelante.

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