martes 08 de septiembre de 2026 - Edición Nº3628

Sociedad | 8 sep 2026

CULTURA Y AMBIENTE

La sala quedó chica: la película ambiental que conmovió y abrió un debate en Necochea

00:11 |“Una canción para mi tierra” se proyectó en Necochea ante una sala desbordada y cerró con un debate ambiental junto a estudiantes y organizaciones.


Por: REDACCIÓN NDEN

Primero faltaron butacas. Después se ocuparon los pasillos. Durante la película hubo aplausos, canciones acompañadas por el público y emoción. Y cuando aparecieron los créditos, prácticamente nadie se levantó.

La gente quería quedarse. Frente a la pantalla estaban Ramiro Lezcano, el maestro rural cuya experiencia dio origen a Una canción para mi tierra, y Mauricio Albornoz Iniesta, director del documental. La posibilidad de escucharlos después de la función era parte de aquello que había llevado a tantos espectadores este lunes al Cine Ocean de Necochea.

NdeN estuvo presente en una proyección que terminó trascendiendo la película: una historia nacida en una escuela rural de Córdoba encontró, a cientos de kilómetros, una comunidad dispuesta no solo a verla, sino también a reconocerse en algunas de las problemáticas ambientales que plantea.

La sala quedó chica

La película iba a proyectarse inicialmente en la sala 1, la de mayor capacidad del complejo. Sin embargo, por una reorganización interna del cine, la función fue trasladada a la sala 3.

El problema apareció cuando el público siguió llegando. Había personas que habían adquirido sus entradas anticipadamente y otras que se acercaban para comprarlas en el momento.

Con la capacidad prácticamente agotada, desde el cine se planteó a algunos espectadores la posibilidad de regresar otro día para una nueva proyección. Pero muchos querían estar precisamente en esa función: el director de la película y el maestro protagonista habían llegado a Necochea para compartirla con el público.

Finalmente se buscó hacer lugar y también se ocuparon sectores de los pasillos para que todos pudieran ingresar.

Adentro, la respuesta acompañó lo que había ocurrido en la entrada. El público coreó algunas canciones, hubo aplausos espontáneos en diferentes momentos y escenas que despertaron una fuerte reacción en la sala.

Un maestro, sus alumnos y canciones para hablar de lo que estaba pasando

Una canción para mi tierra dura 96 minutos y acompaña la experiencia de Ramiro Lezcano, un maestro de música rural, y de estudiantes que comienzan a crear canciones a partir de las problemáticas ambientales que atraviesan su entorno.

La experiencia forma parte de Canciones Urgentes para mi Tierra, un proyecto artístico, educativo y ambiental nacido en escuelas rurales de Córdoba y Santa Fe.

La propuesta surgió de una toma de conciencia frente a situaciones ambientales cotidianas y de la búsqueda de una herramienta diferente para abordarlas. La música se convirtió entonces en una manera de expresar lo que ocurría, reflexionar y generar conciencia.

Lo que comenzó en las escuelas fue creciendo. Con el tiempo se incorporaron más de 500 personas de distintas disciplinas y regiones, y el proyecto se extendió a presentaciones en vivo, talleres musicales y experiencias de cine en escuelas rurales.

La película cuenta además con participaciones especiales de León Gieco, Lito Vitale, Gustavo “Chizzo” Nápoli, Mavi Díaz, Andrea Echeverri y Héctor Buitrago.

Su recorrido trascendió las fronteras argentinas. Entre sus reconocimientos se destaca el premio a la Mejor Película Ambiental del Mundo 2025, otorgado por Green Film Network. También fue proyectada y debatida en la Universidad de la Sorbonne, en Francia, junto a Albornoz Iniesta y Lezcano.

Cuando la película empezó a hablar de Necochea

Pero la noche en el Ocean no terminó cuando se apagó la pantalla.

Después de la película llegó el intercambio con Ramiro Lezcano y Mauricio Albornoz Iniesta. Y entonces las situaciones que el público acababa de ver comenzaron a encontrarse con experiencias de la propia comunidad.

Uno de los grupos que tomó protagonismo fue un coro de lengua de señas de Necochea, que estuvo entre los primeros de la ciudad en vincularse con el proyecto y llegó a participar de uno de sus videoclips.

También subieron estudiantes de la Escuela Primaria Nº 47 Almafuerte, ubicada en Villa del Deportista, en una zona considerada complementaria rural.

Los alumnos llevaron al intercambio una experiencia que los toca directamente: situaciones vinculadas con la presencia de mosquitos fumigadores en el sector donde se encuentra la escuela.

Ya no se trataba solamente de lo que había sucedido en una comunidad rural de Córdoba. El problema ambiental que atravesaba la película encontraba un correlato en historias contadas por chicos de Necochea frente al mismo público que acababa de ver el documental.

Del intercambio participaron además integrantes de Basta de Fumigarnos y Mar Libre de Petroleras, las organizaciones ambientales presentes durante la jornada, que compartieron experiencias e inquietudes surgidas a partir de la película.

Una película que propone dialogar

Hay una característica del proyecto que permite entender buena parte de lo que ocurrió después de la función.

Canciones Urgentes para mi Tierra busca generar conciencia ambiental y ofrecer herramientas pedagógicas para trabajar estas problemáticas desde la educación, pero plantea hacerlo a partir del diálogo, la escucha y el intercambio respetuoso, incluso frente a las diferencias.

La música y el cine funcionan así como herramientas para poner sobre la mesa temas que muchas veces generan posiciones enfrentadas.

En el centro de todo permanece la experiencia educativa: un maestro, sus estudiantes y la posibilidad de transformar aquello que los preocupa en canciones capaces de viajar mucho más allá de su escuela.

La iniciativa continúa expandiéndose y actualmente está en desarrollo una nueva película que será filmada en la Amazonía colombiana.

Nadie se fue

La función de Necochea formó parte de una gira que había pasado previamente por Mar del Plata y Pinamar, pero el encuentro en el Ocean terminó construyendo su propia escena.

Una sala que quedó chica. Gente que prefirió acomodarse antes que perderse la posibilidad de compartir la película con sus protagonistas. Canciones coreadas y aplausos durante la proyección. Y, al final, estudiantes y organizaciones locales contando sus propias experiencias frente a Ramiro y Mauricio.

Por eso, cuando terminaron los créditos, nadie parecía tener apuro por abandonar la sala.

La película había terminado.

La conversación, no.

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