No fue una ruptura ni un cuestionamiento frontal al programa económico. Pero tampoco fue una declaración neutra. La senadora volvió a introducir una diferencia pública con la Casa Rosada y a reforzar una dinámica que se repite desde hace meses: acompañar al oficialismo, pero conservar margen para fijar posiciones propias.
Durante una exposición en la Universidad de San Andrés, Bullrich manifestó preocupación por la velocidad con la que los resultados económicos llegan a la sociedad y planteó que las bajas impositivas deberían extenderse más allá de regímenes especiales como el RIGI.
“Me gustaría más que podamos bajar impuestos para todos”, sostuvo.
El señalamiento toca un punto central de la narrativa oficial: mientras Milei reivindica el rumbo económico y sostiene que el programa no necesita modificaciones de fondo, Bullrich insiste en que la recuperación debe sentirse antes y de forma más amplia en la vida cotidiana.
La escena no aparece de manera aislada.
Durante este año, Bullrich ya se diferenció públicamente del Gobierno en distintas discusiones. Cuestionó aspectos vinculados con la situación patrimonial de Manuel Adorni y reclamó mayor transparencia; también se apartó de la decisión oficial de retirar el pliego de la jueza María Verónica Michelli y sostuvo una posición propia en el Senado.
En paralelo, comenzó a impulsar una agenda legislativa con sello propio, entre ella iniciativas relacionadas con biocombustibles y señales hacia sectores que formaron parte de su electorado cuando fue candidata presidencial de Juntos por el Cambio.
El patrón combina lealtad formal al Gobierno con autonomía política. Bullrich continúa dentro de La Libertad Avanza y ratifica públicamente su respaldo al proyecto de Milei, pero no renuncia a diferenciarse cuando considera que una decisión puede afectar su propia identidad política o su vínculo con determinados sectores.
Ese posicionamiento adquiere otra dimensión a medida que se acerca el próximo calendario electoral.
En el oficialismo ya circulan distintas alternativas para Bullrich en 2027, entre ellas una eventual candidatura en la Ciudad de Buenos Aires, mientras la propia senadora conserva peso territorial, presencia mediática y un electorado que excede al núcleo libertario.
Por eso, cada diferencia con Milei tiene una lectura que excede la discusión puntual. Bullrich busca conservar capital político propio dentro de un espacio fuertemente centralizado alrededor del Presidente y de Karina Milei.
No hay, hasta ahora, señales concluyentes de una ruptura. Sí existe una estrategia visible de diferenciación selectiva: acompañar el rumbo general, pero intervenir, cuestionar o tomar distancia cuando considera necesario marcar su propio límite.
La discusión económica vuelve a mostrar ese equilibrio.
Bullrich no cuestiona el ajuste ni el objetivo de equilibrio fiscal, pero advierte sobre sus tiempos y sobre la necesidad de ampliar sus beneficios. Tampoco abandona el oficialismo, aunque se permite discutir públicamente decisiones de la Casa Rosada.
Ese juego —presionar, diferenciarse y conservar autonomía sin romper— empieza a convertirse en uno de los rasgos más claros de su posicionamiento político dentro del Gobierno y será una variable a seguir de cara a 2027.