sábado 19 de septiembre de 2026 - Edición Nº3639

Sociedad | 18 sep 2026

SEXUALIDAD Y VÍNCULOS

“Ya no sabemos qué hacer para que cojan”: el provocador mensaje de Tulipán

La marca habló de una “crisis del deseo”. Estudios y especialistas analizan cómo cambiaron el sexo, los vínculos y el bienestar emocional entre los jóvenes.


“Ya no sabemos qué hacer para que cojan”. Con esa frase, directa y deliberadamente provocadora, Tulipán lanzó un curioso comunicado que rápidamente comenzó a circular en redes sociales y terminó poniendo sobre la mesa una discusión bastante más amplia que una campaña de preservativos.

Después de casi cuatro décadas dedicadas a desarrollar preservativos, geles y otros productos vinculados con la sexualidad, la empresa aseguró encontrarse ante una “crisis del deseo” y admitió que existe una variable que ningún laboratorio puede controlar: “sus ganas”.

Detrás de la provocación publicitaria aparece una pregunta que desde hace años también interesa a investigadores y especialistas: ¿están cambiando la forma de relacionarse, el deseo y la vida sexual de las nuevas generaciones?

¿Los jóvenes realmente tienen menos sexo?

La idea no fue inventada por una campaña publicitaria.

Investigaciones internacionales realizadas durante las últimas décadas registraron un crecimiento de la inactividad sexual entre determinados grupos de adultos jóvenes, aunque los propios investigadores advierten que no existe una única explicación para el fenómeno.

Entre los factores estudiados aparecen la postergación de las parejas estables, las dificultades para independizarse, los cambios laborales, una mayor permanencia en el hogar familiar y las nuevas maneras de relacionarse mediante plataformas digitales.

Pero trasladar esos resultados directamente a la Argentina sería incorrecto.

No existe actualmente un gran relevamiento nacional reciente y comparable que permita asegurar que los jóvenes argentinos están teniendo menos relaciones sexuales que generaciones anteriores.

Lo que sí muestran distintas investigaciones locales es que la manera de construir vínculos amorosos, sexuales y afectivos está atravesando transformaciones importantes.

Cómo cambiaron los vínculos entre los jóvenes argentinos

Investigaciones realizadas en Argentina permiten observar un escenario en el que las relaciones afectivas ya no se organizan exactamente bajo los mismos parámetros que décadas atrás.

Trabajos de investigadores del CONICET han analizado cómo los jóvenes construyen actualmente sus vínculos, sus deseos y sus conocimientos sobre sexualidad.

Entre los procesos observados aparecen el cuestionamiento del amor romántico, nuevas discusiones sobre consentimiento, violencia sexual y de género, diferentes maneras de expresar el deseo y la aparición de nuevas categorías para evaluar las relaciones.

Las tecnologías también forman parte de esa transformación.

Redes sociales y aplicaciones de citas no funcionan solamente como herramientas para conocer personas. También intervienen en las expectativas sobre las relaciones, el género, la intimidad y las formas de vincularse afectivamente.

Es decir, nunca hubo tantas posibilidades tecnológicas para conocer a alguien, conversar o acceder a potenciales parejas. Sin embargo, más contactos disponibles no necesariamente implican más encuentros sexuales o relaciones duraderas.

Del contacto digital a construir una relación

Ese proceso incluso se convirtió en objeto de investigación académica en Argentina.

Distintos estudios han analizado cómo se pasa del contacto inicial en aplicaciones de citas a la construcción de un vínculo sexoafectivo y de qué manera WhatsApp, Instagram y otros entornos digitales intervienen en la socialización cotidiana.

También aparece otro cambio: la comunicación ocupa un lugar cada vez más importante en las nuevas representaciones sobre qué significa construir una buena relación.

Hablar de límites, expectativas, consentimiento, emociones y experiencias previas forma parte de una manera diferente de pensar los vínculos.

No necesariamente hay menos interés por relacionarse. Puede haber otras expectativas y otras reglas para hacerlo.

Estrés, angustia y salud mental

Hay además otra dimensión que aparece cuando se intenta comprender el humor social de las nuevas generaciones: la salud mental.

Relevamientos realizados en Argentina durante los últimos años muestran preocupaciones vinculadas con la ansiedad, la angustia, las exigencias escolares, las presiones familiares, el bullying, el cyberbullying, la violencia y la incertidumbre sobre el futuro.

Estos datos no permiten afirmar que la angustia o los problemas de salud mental sean la causa de una eventual disminución de la actividad sexual.

Pero sí muestran el contexto emocional en el que buena parte de los adolescentes y jóvenes construyen hoy sus relaciones.

El deseo no existe separado del resto de la vida.

Cuando una persona atraviesa estrés, preocupaciones económicas, dificultades laborales, ansiedad o problemas emocionales, esas situaciones también pueden influir en su bienestar general y en su forma de relacionarse con los demás.

Economía, independencia y privacidad

También aparece una cuestión más elemental: tener dónde encontrarse.

Para muchos jóvenes, independizarse implica hoy afrontar dificultades para acceder a una vivienda, sostener un alquiler o alcanzar estabilidad laboral.

La convivencia prolongada con padres u otros familiares forma parte del contexto en el que se desarrollan muchas relaciones.

Eso no permite establecer una relación automática entre pobreza y menor actividad sexual.

Pero sí obliga a ampliar la pregunta: cuánto lugar puede ocupar el deseo cuando una parte importante de la energía cotidiana está destinada a resolver trabajo, ingresos, vivienda, estudios o preocupaciones personales.

La intimidad también necesita tiempo, tranquilidad y, muchas veces, privacidad.

¿Una “crisis del deseo”?

Ahí está probablemente lo más interesante del comunicado de Tulipán.

Hablar simplemente de jóvenes que “no tienen sexo” podría reducir demasiado un fenómeno mucho más complejo.

Las investigaciones argentinas muestran nuevas formas de construir relaciones, una mayor intervención de las tecnologías, cuestionamientos a modelos tradicionales de pareja y nuevas conversaciones sobre consentimiento, género y deseo.

A ese escenario se suman preocupaciones económicas, incertidumbre laboral y problemas vinculados con el bienestar emocional.

Y existe otra cuestión fundamental: tener menos sexo, en caso de que efectivamente ocurra, tampoco significa necesariamente tener una vida peor.

Las personas pueden desear vínculos diferentes, elegir no mantener relaciones sexuales durante determinados períodos o construir su intimidad de maneras distintas a las generaciones anteriores.

Quizás, entonces, la discusión no sea solamente si los jóvenes tienen más o menos sexo.

La pregunta más interesante podría ser otra: ¿qué cambió en la manera de desear, conocer a alguien y construir intimidad?

Tulipán decidió plantearlo de una manera bastante menos académica.

“Existe una variable que ningún laboratorio puede controlar: sus ganas”, afirmó la marca.

Después de preservativos, geles, juguetes y casi cuatro décadas de innovación, encontró algo para lo que todavía no existe producto: el deseo de quien está del otro lado.

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