
La jornada comenzó por la tarde en el Centro Cultural y Biblioteca Popular Andrés Ferreyra y terminó entrada la noche en Salta La Térmica, con una Tertulia Feminista que reunió música en vivo, teatro, lecturas, intervenciones artísticas y la presentación del libro “Cartas a quienes pretenden enseñar ESI. Escritas desde la Patagonia”.
El cierre permitió además poner dimensión a lo sucedido durante todo el mes: más de 1300 personas participaron de las distintas actividades impulsadas por las tres instituciones.
Pero el viernes no fue solamente un balance. Las últimas horas del ciclo volvieron sobre algunas de las preguntas que lo atravesaron desde el comienzo: qué transformó la ESI en estos veinte años, qué resistencias continúa generando y qué significa sostenerla hoy dentro de las instituciones educativas.
El encuentro de la tarde evitó deliberadamente el formato de una conferencia tradicional.

Tras la presentación de Eugenia Ferrario, Zurbriggen invitó a las personas presentes a moverse por el espacio y conformar pequeños grupos a partir de diferentes frases impresas en señaladores.
Las frases provenían de “Cartas a quienes pretenden enseñar ESI”, el libro que sería presentado horas más tarde.
Una vez reunidos, los grupos leyeron fragmentos de distintas cartas y comenzaron a conversar sobre una pregunta común: qué aportó la Educación Sexual Integral durante estos veinte años.
A partir de allí aparecieron experiencias escolares, recuerdos, prácticas docentes, aprendizajes, discusiones y situaciones personales.
La actividad convirtió al público en protagonista. En lugar de una respuesta única, fueron apareciendo distintas maneras de reconocer aquello que la ESI habilitó, transformó o permitió empezar a nombrar.

De aquel intercambio surgió uno de los conceptos más potentes de la jornada.
Zurbriggen propuso pensar que las leyes de ampliación de derechos no se limitan a establecer normas, legitimar prácticas o garantizar derechos.
“Las leyes sirven también para cambiar las sensibilidades éticas”, sostuvo.
La docente recurrió a ejemplos como el matrimonio igualitario, la identidad de género y la interrupción voluntaria del embarazo para explicar que una ley también puede transformar aquello que una comunidad considera justo, legítimo o posible.
En el caso de la Educación Sexual Integral, planteó, esa transformación atraviesa directamente la forma en que las personas se relacionan.
La ESI obliga a preguntarse cómo miramos otros cuerpos, cómo construimos vínculos, qué prácticas naturalizamos y qué lugar tienen el cuidado, el consentimiento, las identidades, las desigualdades y los derechos.

Zurbriggen insistió también en cuestionar una idea todavía extendida: que la educación sexual aparece únicamente cuando una escuela decide realizar un taller específico.
Para la docente, las instituciones educan en sexualidad permanentemente.
Lo hacen cuando nombran y cuando omiten. Cuando asignan determinados roles a mujeres y varones. Cuando presentan un único modelo de familia. Cuando utilizan ejemplos escolares que reproducen estereotipos o cuando determinados cuerpos e identidades directamente no aparecen.
Durante la conversación mencionó incluso los tradicionales problemas matemáticos en los que las mujeres aparecen comprando o cuidando mientras los varones manejan, construyen o desarrollan determinadas profesiones.
Pequeñas escenas que, repetidas durante años, construyen sentidos.
“La ESI habla el lenguaje de los problemas”, sostuvo Zurbriggen.
La perspectiva de la ESI, explicó, permite mirar de otra manera situaciones que durante mucho tiempo estuvieron naturalizadas.
El problema no aparece porque alguien lo nombre. El problema ya estaba allí.
Nombrarlo permite hacerlo visible.
En otro tramo de la conversación, Zurbriggen definió a la ESI como una práctica con carácter “productivo, disruptivo y destructivo”.
El término no fue utilizado como sinónimo de eliminar derechos, sino para referirse a la posibilidad de desmontar estructuras de poder.
Patriarcado, sexismo, racismo, masculinidades hegemónicas, invisibilizaciones y estereotipos corporales aparecieron entre aquello que la ESI permite poner bajo discusión.
Desde esa perspectiva, sostuvo que después de veinte años la Educación Sexual Integral se convirtió en algo más que una ley.
También fue construyéndose como movimiento.
La pregunta que daba nombre a la quinta trama era directa: “¿Qué le temen quienes le temen a la ESI?”.
Zurbriggen propuso no responderla de manera simple.
Diferenció, por ejemplo, las inquietudes de una familia que quiere conocer qué está trabajando una escuela de las posiciones organizadas que buscan impedir determinados contenidos.
Las primeras, señaló, requieren diálogo.
Una madre, un padre o una persona adulta responsable puede acercarse con dudas genuinas. Para Zurbriggen, la docencia no debería recibir automáticamente esas preguntas desde una posición defensiva.
La escuela, afirmó, es también un espacio para construir comunidad y generar conversaciones.
Otra cosa son, desde su perspectiva, los movimientos políticos y religiosos conservadores que buscan restringir contenidos relacionados con género, diversidad sexual y derechos.
Hacia el final de la actividad apareció otra de las frases que atravesó la jornada.
“La ESI nos cuida, cuidemos a la ESI”.
Cuidarla, aclaró Zurbriggen, no significa inmovilizarla ni aferrarse a la ley como si nada hubiera cambiado desde 2006.
Significa “hacerla vivir”.
Durante estas dos décadas, la ESI fue atravesada por nuevas leyes, por Ni Una Menos, por la marea verde, por los debates sobre identidad de género y consentimiento y por las transformaciones producidas desde los feminismos y transfeminismos.
“La ESI se dejó tocar”, sostuvo al referirse a esos procesos.
Y también tocó a la sociedad.
A las 21, la actividad se trasladó a Salta La Térmica.
El clima cambió.
La sexta trama fue concebida como una Tertulia Feminista y combinó música en vivo, actuaciones, lecturas, teatro y distintas intervenciones artísticas.
Participó la banda Me Destruye y hubo además presentaciones de artistas y estudiantes vinculadas con la Escuela de Arte.

La propuesta no buscó separar celebración y reflexión.
Después de un mes dedicado a debatir, recordar y problematizar, el ciclo eligió terminar también desde el arte y el encuentro.
Antes de la presentación del libro, las docentes responsables del ciclo realizaron una lectura colectiva.
Recordaron que cuando comenzaron a trabajar juntas no sabían exactamente hasta dónde llegaría la propuesta.
Sí tenían una certeza: cumplir veinte años de ESI no podía significar simplemente recordar una fecha.
Querían preguntarse qué había ocurrido durante esas dos décadas, qué había cambiado, qué derechos se habían conquistado, qué seguía faltando y qué era necesario continuar defendiendo.
Así nació la articulación entre el ISFDyT Nº 31, el ISFD Nº 163 y la Escuela Provincial de Arte Nº 1 Orillas del Quequén.
“Tres instituciones públicas diciendo: hagamos algo juntas”, sintetizaron.

Al momento del balance apareció un dato que sorprendió incluso a las propias organizadoras: más de 1300 personas participaron del ciclo.
Estudiantes, docentes, artistas, investigadores, organizaciones y público de la comunidad atravesaron las distintas tramas.
Durante septiembre hubo actividades sobre las propias escolaridades, androcentrismo, memoria, diversidades sexo-genéricas, derechos humanos, género, racialización, interseccionalidad y pedagogías feministas.
También participaron Cristian Prieto y la investigadora Anny Ocoró Loango, entre otras voces invitadas.
Para las docentes, uno de los resultados más importantes fue demostrar que era posible desarrollar un trabajo interinstitucional real.
No se trató, dijeron, de “poner tres logos en un flyer”.
Significó compartir ideas, tareas, espacios, estudiantes, docentes, lenguajes y experiencias.
“Eso también es hacer educación pública”, expresaron.
Y dejaron otra frase que condensó el proceso: “No fue perfecta. Fue colectiva”.
La última parte de la noche tuvo como protagonista a “Cartas a quienes pretenden enseñar ESI. Escritas desde la Patagonia”, compilado por Ruth Zurbriggen y Belén Grosso.
En diálogo con Emilia Díaz Seijas, Zurbriggen explicó que el libro nació en conversación con la pedagogía de Paulo Freire y, en particular, con “Cartas a quien pretende enseñar”.

Freire proponía hacerle lugar al miedo, conversarlo y ponerlo en común para evitar que paralizara.
Esa reflexión cobró una dimensión particular cuando, desde 2024, Zurbriggen comenzó a escuchar a docentes con años de experiencia en ESI expresar nuevas dudas.
“No me animo”, “ahora tengo dudas” o “ahora tengo dudas de llevar mi pañuelo en la mochila” fueron algunas de las frases que recordó.
Para Zurbriggen, esos eran “miedos de época”.
La respuesta fue construir una obra colectiva.
El libro reúne cartas escritas por 30 docentes de diferentes niveles y modalidades de la Patagonia.
Zurbriggen las definió como textos “intimistas, pero profundamente políticos”.
En ellas aparecen prácticas pedagógicas, temores, esperanzas y trayectorias atravesadas por la ESI.
También hay memoria.
“Memoria corporal, memoria afectiva, memoria política”, describió.
Las cartas reconstruyen cómo trabajar con Educación Sexual Integral transformó no solamente las biografías profesionales de quienes escriben, sino también dimensiones personales, colectivas y políticas de sus vidas.
La elección de la Patagonia tampoco fue casual.
Zurbriggen y Grosso buscaron poner en primer plano un territorio atravesado por luchas sociales, feministas, ambientales e interculturales.
Durante la conversación en Salta La Térmica apareció otra definición.
Frente a los cuestionamientos y ataques dirigidos a la Educación Sexual Integral, Zurbriggen propuso fortalecer las redes.
“A los ataques y a la difamación que hay contra la ESI se le responde con más ESI”, afirmó.
Y agregó otra idea que conecta directamente con el espíritu del ciclo desarrollado en Necochea:
“La ESI no es en soledad”.
Para Zurbriggen, trabajar con ESI impulsa necesariamente hacia lo colectivo, hacia la comunidad y hacia la posibilidad de formular nuevas preguntas.
“¿Cómo sería nuestra vida sin ESI cuando ya la descubrimos?”, planteó.
Las cartas también fueron presentadas como una apuesta a la esperanza.
Zurbriggen habló de la necesidad de seguir construyéndola incluso en escenarios adversos.
En ese punto volvió sobre la experiencia del movimiento feminista y su capacidad histórica para persistir.
Recordó especialmente las movilizaciones de 2015 y 2018 y definió a los feminismos como un movimiento profundamente inconformista.
Una construcción que insiste.
Que vuelve a preguntar.
Que no considera definitiva ninguna conquista.
Hacia el final de la presentación, Daniela Sosa una de las docentes a cargo del ciclo recuperó el concepto que había quedado resonando desde la tarde y pidió a Zurbriggen que profundizara sobre las “sensibilidades éticas”.
La docente volvió entonces sobre aquella idea.
Las leyes distribuyen derechos y tienen consecuencias materiales, pero también modifican sentidos.
Pueden ayudar a transformar aquello que durante generaciones fue enseñado como vergonzoso, incorrecto o imposible.
Zurbriggen trasladó después esa reflexión al debate sobre las masculinidades.
Planteó que los varones también deben revisar privilegios, romper pactos entre pares y cuestionar prácticas violentas o irresponsables dentro de sus propios espacios.
Cambiar las sensibilidades éticas significa, en ese terreno, modificar también aquello que una comunidad está dispuesta a tolerar.
La Tertulia Feminista cerró formalmente un mes de actividades, pero las organizadoras evitaron presentar la noche como un punto final.
Celebrar lo conquistado no significa desconocer todo aquello que sigue pendiente.
El deseo expresado en el cierre fue que las preguntas nacidas durante el ciclo ingresen a otras aulas, recorran otras escuelas y lleguen a nuevos espacios.
Que cada una de las más de 1300 personas que atravesaron alguna de las seis tramas pueda llevarse un hilo y extenderlo un poco más.
La última frase colectiva resumió el espíritu con el que comenzó y terminó la experiencia:
“Porque la historia de la ESI no termina acá. La seguimos tramando. Y la seguimos tramando juntxs”.