
Según la información oficial de la estación marítima, el buque ingresó el domingo 27 de septiembre a las 20. Sea Lion S.A. figura como agencia marítima y Bunge como empresa vinculada a la operación.
El Santiago I tiene un porte bruto de 49.999 toneladas y pertenece a la flota gestionada por la compañía española Marflet Marine.
La característica más novedosa del buque está sobre su cubierta: cuatro eSAIL de 22 metros de altura desarrolladas por la empresa española bound4blue.
No se trata de velas tradicionales de tela. Son grandes estructuras aerodinámicas verticales que utilizan un sistema de succión para modificar el flujo de aire sobre su superficie y generar una fuerza de sustentación.
Esa fuerza aporta impulso adicional al buque y permite reducir la potencia que necesita desarrollar el motor principal cuando las condiciones de viento son favorables.
En otras palabras, el Santiago I continúa navegando mediante sus motores convencionales, pero recupera al mismo tiempo una de las fuentes de energía más antiguas de la navegación: el viento.
Según las estimaciones difundidas para el sistema instalado en el Santiago I, las cuatro velas pueden generar un ahorro energético anual de entre el 10% y el 15%.
El rendimiento depende de factores como la ruta, la intensidad y dirección del viento y las condiciones meteorológicas encontradas durante cada navegación.
La reducción de la demanda sobre el motor implica también una menor utilización de combustibles fósiles y, en consecuencia, una disminución de las emisiones asociadas al transporte marítimo.
La tecnología forma parte de las distintas alternativas que la industria naval está incorporando para avanzar hacia una navegación más eficiente y responder a las crecientes exigencias internacionales de reducción de emisiones.
La operación registrada en Puerto Quequén corresponde a 14.157 toneladas de UAN.
Se trata de una solución líquida formada por urea y nitrato de amonio, utilizada como fertilizante nitrogenado en la producción agrícola.
De esta manera, la escala del Santiago I combina una operación directamente relacionada con la actividad agropecuaria con la presencia de una tecnología que busca transformar la forma en que los grandes buques comerciales consumen energía.

El buque fue construido en 2022 en Croacia y tiene aproximadamente 182,8 metros de eslora y 32,2 metros de manga.
Cuenta con capacidad para transportar más de 53.000 metros cúbicos de cargas líquidas y está preparado para operar con distintos productos químicos, derivados del petróleo, combustibles y aceites, entre otras sustancias.
Navega bajo bandera de Chipre y forma parte de la flota de Marflet Marine, empresa especializada en transporte marítimo de productos líquidos.
La instalación de las cuatro velas convierte al Santiago I en un caso relevante dentro de la incorporación de sistemas de propulsión eólica asistida a la navegación mercante.
Marflet Marine fue señalada como la primera compañía de la flota mercante española en utilizar este tipo de velas de succión.
Su presencia en Puerto Quequén permite observar de manera concreta una tecnología que todavía resulta poco habitual en los grandes buques que llegan a las costas argentinas.
Las estructuras de 22 metros no reemplazan los motores ni transforman al Santiago I en un velero. Su función es complementar la propulsión convencional y aprovechar el viento disponible para disminuir parte de la energía necesaria para mover una embarcación de casi 183 metros.
La llegada del Santiago I ofrece así una postal particular para la estación marítima local.
Mientras realiza una operación de 14.157 toneladas de fertilizante UAN, el buque muestra sobre su cubierta una tecnología destinada a uno de los principales desafíos actuales del transporte marítimo: reducir el consumo de combustible sin afectar la capacidad operativa.
Puerto Quequén se convirtió de esta manera en escenario de una tendencia que comienza a extenderse en la navegación internacional: grandes barcos comerciales que vuelven a utilizar el viento, ahora mediante sistemas automatizados y tecnología del siglo XXI.