Por: Pablo Skorupski

Eastwood encarna a Walt Kowalski, un anciano estadounidense, veterano de la Guerra de Corea, que acaba de enviudar. Desde el principio, la cinta nos pone en situación acerca de algunas características de Kowalski: malhumorado, tradicionalista, nacionalista y con un desprecio por los inmigrantes que ya son mayoría en su barrio.
No se lleva bien con su familia. Sus hijos y sus nietos suelen evitarlo, aunque a la vez quieren poseer su herencia en vida. Walt se queda viviendo solo en su casa con su perra Daisy y pasa sus días cortando el césped de su jardín y bebiendo cervezas sentado en el porche de su propiedad. Ah, y como ex empleado de la Ford, está orgulloso de su posesión más preciada: un Gran Torino del año 1972, al que tiene impecable, como nuevo.

En la casa de al lado, habita una familia de ascendencia asiática, a los que siempre mira de reojo. Pertenecen a la etnia hmong.
En este punto reside uno de los grandes aciertos de la película: la visibilización del pueblo hmong, una etnia que muchas veces es denominada simplemente como “china” o “asiática”, desconociendo sus particularidades culturales. A través de esta película, Eastwood se ocupa de mostrar parte de sus tradiciones, sus vínculos familiares, sus creencias y también los conflictos y carencias que atraviesan dentro de una sociedad que muchas veces los observa como extranjeros -siendo, tal como los muestra la cinta, varios de ellos estadounidenses de nacimiento-. Allí Eastwood parece expresar un mensaje potente: “esto es Estados Unidos, hoy; véanlo y acéptenlo”.

A partir de la relación con esta familia vecina, Walt comienza a modificar su mirada. El intento de Thao de robarle el Gran Torino, obligado por su primo para ingresar a una pandilla, genera un vínculo entre ambos. ya que Walt comienza a involucrarse en la vida del adolescente y de su hermana Sue, a ser su guía y a darle un propósito a partir del trabajo que debe cumplir el muchacho como redención para enmendar el daño provocado.
Pero “Gran Torino” no es en sí misma una historia de redención. Walt no se deshace de sus prejuicios ni de su dureza, tampoco de su visión del mundo “a la antigua”. Sin embargo, encuentra en sus vecinos algo que ya no encuentra en su propia familia: los valores, el respeto y el sentirse útil. Empieza a sentirlos como su verdadera familia.

Al igual que en otros de sus filmes, Eastwood propone en “Gran Torino” una historia que tiene que ver con su propia visión del mundo y con lo que quiere expresar, en relatos que tienen tanto de optimismo como de tragedia. Pero que, sin embargo, son agradables de mirar y llevan más allá que un simple rato de entretenimiento.

“Gran Torino” puede verse en Netflix hasta el 9 de octubre. Otras películas dirigidas por Clint Eastwood disponibles en la plataforma: “Deuda de Sangre” (2002), “Cartas Desde Iwo Jima” (2006), “Invictus” (2009) y “15:17 - Tren a París” (2018).