Bajo el lema “Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”, la imagen peregrina de la Virgen de Luján partió el sábado desde el Santuario de San Cayetano, en Liniers, y atravesó distintos municipios del oeste bonaerense hasta llegar al santuario.
La edición tuvo además un componente particular: se realizó poco más de un mes antes de la llegada del papa León XIV a la Argentina. El Pontífice visitará el país entre el 8 y el 11 de noviembre y una de sus últimas actividades será precisamente una misa frente a la Basílica de Luján.

Detrás de la enorme columna de peregrinos aparecieron miles de historias individuales.
Durante la llegada a Luján, algunos fieles contaron que habían realizado la caminata para agradecer, otros para cumplir promesas y muchos para pedir por la salud de familiares y amigos.
“Las piernas están cansadas, pero el corazón está perfecto”, resumió uno de los peregrinos entrevistados por TN luego de completar el recorrido.
Otro contó que había pedido por “la salud de amigos y familia”, mientras una mujer explicó que su intención había sido rezar “por la familia, la salud y la Argentina, para que la situación cambie y sea mejor para todos”.
También hubo quienes caminaron como cumplimiento de una promesa y quienes llegaron para agradecer incluso después de atravesar pérdidas familiares.
Ese abanico de motivos volvió a mostrar uno de los rasgos tradicionales de la peregrinación: no existe una única razón para caminar hacia Luján. Conviven la fe, las promesas personales, los pedidos de salud, el agradecimiento y las preocupaciones sociales.

Las condiciones meteorológicas no impidieron la marcha.
Los peregrinos avanzaron durante distintos momentos del recorrido con pilotos, paraguas y ropa impermeable, mientras el descenso de la temperatura se hacía sentir especialmente durante la noche y la madrugada.
A lo largo del trayecto funcionaron puestos de asistencia y alrededor de 60 puntos sanitarios, dentro de un operativo que involucró a voluntarios y organismos nacionales, provinciales y municipales.
La caminata atravesó Tres de Febrero, La Matanza, Morón, Ituzaingó, Merlo, Moreno y General Rodríguez antes de desembocar en Luján.
La misa central de cierre fue presidida este domingo por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, frente a una multitud reunida alrededor de la Basílica.
La homilía estuvo centrada en la fraternidad y en la necesidad de reconstruir los vínculos sociales.
“Queremos curar los vínculos entre nosotros”, planteó García Cuerva, quien advirtió sobre las consecuencias de la descalificación, la intolerancia y la violencia física y verbal.
El arzobispo convocó a los fieles a convertirse en “artesanos de la fraternidad” y pidió prestar especial atención a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad: adultos mayores, personas con discapacidad y sus familias, quienes no tienen trabajo, personas en situación de calle y adolescentes afectados por las drogas.
También pidió aprender a respetar y dialogar con quienes piensan diferente y vinculó ese mensaje con el lema elegido para la peregrinación: reconocerse como hermanos bajo el abrazo de la Virgen de Luján.
Durante la homilía, García Cuerva también recuperó algunos de los planteos sociales del papa León XIV.
Recordó el llamado del Pontífice a garantizar alimento a quienes pasan hambre, educación adecuada para los niños y una vida digna para los adultos mayores.
El arzobispo pidió superar la indiferencia frente al sufrimiento y evitar que las diferencias políticas o sociales se transformen en odio.
El mensaje se produce en momentos en que la Iglesia argentina se prepara para recibir a León XIV, en una visita que tendrá un importante componente social, religioso e institucional.
El Papa llegará a la Argentina el domingo 8 de noviembre y permanecerá en el país hasta el miércoles 11.
Su agenda incluirá actividades en Buenos Aires y Córdoba, encuentros religiosos y sociales y una vigilia con jóvenes.
El miércoles 11, a las 10, León XIV encabezará una misa frente a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, en el mismo escenario que este fin de semana recibió a la multitud de peregrinos.
La visita tendrá además un significado histórico: será la primera vez en casi cuatro décadas que un Papa visite la Argentina, desde el viaje de Juan Pablo II en 1987.
A poco más de un mes de ese acontecimiento, la peregrinación volvió a dejar una postal de enorme movilización popular: kilómetros de caminata, cuerpos agotados y una extensa lista de agradecimientos, promesas y pedidos llevados hasta los pies de la Virgen.