Por: Pablo Skorupski

El título remite a una balsa construida con varios troncos unidos, un tipo de embarcación tradicional utilizada en zonas de Brasil y Argentina.
Un patio santiagueño flota a la deriva sobre el río Luján. Allí hay guitarreros, cantantes, una pequeña orquesta de jazz/tango con piano y contrabajo, y un clima de peña que parece suspendido en el tiempo, mientras vemos la embarcación desde arriba.
En ese paisaje, donde predomina la naturaleza y los rayos de sol indican el atardecer, irrumpe Milo J con su impronta urbana para darle rienda suelta a este, a priori, improbable y extraño cruce, al menos para quien no está familiarizado con su propuesta.
Mientras el “ejército” de guitarras no deja de sonar, la cámara se acerca y empezamos a descubrir algunos rostros: Raly Barrionuevo, Soledad Pastorutti, Cuti y Roberto Carabajal, los catamarqueños Carafea e incluso Antonio “Tano” Romano, de Hermética y Malón.
Son algunos de los nombres que participan de este viaje, en el que Milo no parece apropiarse de la tradición, sino acercarse a ella y sumergirse desde su lugar y sus raíces.
Hay algo de reconocimiento en ese gesto, pero también de búsqueda.
“La Jangada” muestra a un artista que todavía parece estar buscándose a sí mismo, explorando caminos. Su identidad urbana no desaparece al entrar en contacto con el folklore: se mezcla con él.
De hecho, intérpretes de su misma camada, como Trueno, también forman parte de esta producción.
También es interesante observar el rol que Milo J desempeña al frente de este seleccionado musical. Es quien conduce la experiencia, pero nunca se lo ve imponerse: siempre permite que los demás artistas tengan su espacio.
Él es el eje, pero genera encuentros, cediendo el protagonismo central en más de una ocasión.
Hay momentos logrados donde el talento y el carisma de los que acompañan a Milo sostienen la atención, como el dueto que realiza con Soledad Pastorutti.
Al final del breve filme —que puede verse íntegramente en YouTube— hay un bonus track, una perlita que aparentemente no fue grabada en la misma sesión, pero funciona como un cierre perfecto.
Dentro de la casita ubicada en un extremo de la balsa, Milo canta “Jangadero” junto a la chilena Mon Laferte, solamente acompañados por los sutiles acordes de guitarra criolla desplegados por el Tano Romano.
Un momento íntimo que destaca por su expresividad y emotividad, además del brillo y sentimiento que Mon Laferte aporta a la interpretación.
Funciona también como un homenaje a Mercedes Sosa, cuya voz fue rescatada para ser incluida en el disco de Milo J, justamente en este tema.

“La Jangada” termina siendo algo más que un escenario flotante montado para la ocasión.
Se convierte en un puente entre generaciones y en una representación del propio recorrido de Milo J: un viaje en el que las fronteras entre el folklore, lo urbano y otros lenguajes musicales se vuelven menos rígidas.
Más que llegar a un destino definitivo, Milo parece disfrutar de estar ahí, con seguridad pero sin demostrar autoridad.
Navega conviviendo junto a sus pares y sus mayores, escucha y dice. Comparte, con su gente y con quienes quieran acercarse, las puertas que está abriendo.