sábado 10 de octubre de 2026 - Edición Nº3660

Arte y Cultura | 10 oct 2026

Historia del metal

Venom y Welcome to Hell: la vanguardia que nació del caos y cambió el metal extremo

18:27 |A casi 45 años de su lanzamiento, el debut de Venom vuelve al centro de la escena tras la muerte de Cronos, uno de los pioneros del metal extremo.


Por: Pablo Skorupski

Uno de los artífices de uno de los discos más blasfemos de la historia falleció pocas horas antes que uno de los creadores de un disco con halo sagrado. Cronos, de Venom, murió la misma semana que Ricardo Soulé, de Vox Dei. Ironías del destino.

Ya sabemos lo que significó "La Biblia", de Vox Dei, en 1971, el primer álbum conceptual de la historia del rock argentino —tampoco había muchos antecedentes a nivel internacional—. Pero ¿tenemos idea de lo que representó "Welcome to Hell", de Venom, diez años después? Vamos a sumergirnos un poco en ese infierno sonoro.

LADO 1:

“Sons of Satan”: abre la placa a explosión pura. El espíritu de Motörhead, combinado con la furia punk, la influencia de Kiss —especialmente de los temas cantados por Gene Simmons— y el poder metálico de Judas Priest, más la oscuridad heredada de Black Sabbath, se amalgaman en un híbrido descomunal: un ultrapower trío de jovenzuelos de Newcastle, al nordeste de Inglaterra, dispuestos a arrasar con todo. Sabiéndolo o no, los límites del rock and roll comenzaban a correrse una vez más.

“Welcome to Hell”: irrumpe a puro machaque y anticipa el thrash metal que explotaría del otro lado del océano, en California, un par de años después. Grupos como Metallica o Slayer nunca habrían sonado como sonaron de no ser por canciones como esta. Además, el recitado del salmo 23 de la Biblia, que aparece a la mitad de la canción, estuvo a cargo de la recepcionista de los Impulse Studios —donde se grabó el disco—; el recurso de poner una voz femenina recitando en medio de una música que emana oscuridad sería un tópico utilizado posteriormente en el black metal y, varios años después, ya en la década del 90, en el metal gótico. Al final del tema, el baterista Abaddon abre otra puerta: al golpear con fuerza y velocidad su instrumento, tenemos una de las primeras manifestaciones de “ritmo relámpago” o blast beat, recurso que el black metal noruego usaría hasta el hartazgo una década después.

“Schizo”: mete caña y Cronos vocifera con furia, dándole duro a su bajo distorsionado. El solo de guitarra clásico muestra a una banda con más actitud que cualidades. Y funciona.

“Mayhem with Mercy”: un interludio instrumental, inspirado en los que hacía Black Sabbath en los ‘70. Oscuro. La calma antes de la tormenta.

“Poison”: es la tormenta. Frenesí punk, caótica, sin freno. Es rockera, desfachatada, irreverente, con un solo adrenalínico, cargado de velocidad, virulencia y descontrol sonoro.

“Live Like an Angel”: empieza con una tenebrosa intro y enseguida dispara un riff rockero a lo Motörhead. Avanza sin miramientos hasta que llega el cambio de ritmo en la parte media y un solo breve e intenso. La densidad y profundidad del bajo dan una idea de lo fundacional que fue este sonido para otro subgénero fundamental como lo es el death metal.

LADO 2:

“Witching Hour”: el golpeteo del bajo, intentando simular las 12 campanadas que suenan a la medianoche, es toda una declaración de principios. Es la “Hora de las Brujas” y Venom arrasa con un sonido abrasivo, siendo su primer hit —en sus propios parámetros—. El alarido de Cronos previo al solo del guitarrista Mantas es canon de estilo.

“One Thousand Days in Sodom”: arranca con ritmo marcial y allí se mantiene. Nos da una idea anticipada de la propuesta iniciática que desarrollarían bandas alemanas como Sodom, Kreator y Destruction, o bandas brasileñas como Sarcófago y los mismísimos Sepultura. La parte media de la canción es burlona y cuasi bailable. Con todo lo citado, es justo conceder a “Welcome to Hell” el estatus de “Big Bang musical”, una distinción que no muchos discos en la historia tienen.

“Angel Dust”: duro, crudo, pesado, que avanza siempre en una dirección a pura tozudez. Así viene este tema, coherente en su caos. En retrospectiva, no es raro que una banda como Venom haya también calado hondo en la escena argentina underground de los ‘80: también es constitutiva de su sonido. Nepal, en sus inicios estaba plenamente influenciado por Venom, al igual que Cerbero, banda donde tocaba la guitarra Antonio “Tano” Romano, que al poco tiempo se incorporaría a Hermética, manteniendo buena parte de ese sonido crudo y que siempre va hacia adelante. La influencia de Venom recorre, de una forma u otra, toda escena subterránea en aquella década, en todo el mundo.

“In League with Satan”: retoma el ritmo marcial, arrogándose una fiereza de aire maldito, blasfemo, con un estribillo que jugaba a ser todo lo malvado que se podía ser en esa época. Sigue siendo admirable que, más allá de sus limitaciones y estilo rudimentario, en los pasajes instrumentales pudieran crear esos climas tan efectivamente expresivos.

“Red Light Fever”: cierra el álbum, primero con una especie de intro tradicional folclórica —parece una polca—, interrumpida por un alarido de Cronos que la atraviesa como un cuchillo (un recurso utilizado durante toda la década por grupos diversos, como Accept y Helloween; incluso Sepultura también lo utiliza en su segundo álbum). Le siguen más caos, violencia sonora y rock and roll extremo, sucio y desprolijo. El final que un disco así debía tener.

¿Por qué escuchar este disco 45 años después de su gestación? No solo por la cantidad de corrientes que ayudó a parir, dentro y fuera de la música pesada, sino porque quienes se interesan de verdad por las vanguardias artísticas, los movimientos rupturistas en la música y las personalidades que, con actitud desfachatada, deciden desafiar estructuras y mandamientos no escritos en pos de una expresión genuina y direccionada, encontrarán sosiego en la escucha de “Welcome to Hell”.

¿Es una escucha fácil y agradable? Por supuesto que no, y por eso allí reside su encanto primario y sin concesiones: es un puñetazo en la cara al conservadurismo y a la chatura engendrada en las mentes bienpensantes de cualquier época.

A diferencia de otros álbumes de los ‘80, tan anclados a la nostalgia de un momento determinado, la ópera prima de Venom no padece esa condición: es tan atemporal como “Revolver” de The Beatles, como “Aftermath” de The Rolling Stones, como “The Dark Side of the Moon” de Pink Floyd o como “Artaud” de Pescado Rabioso/Spinetta. Esa cualidad lo vuelve indispensable.

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